Mi hijo llora mucho a cada rato y por cualquier motivo, ¿qué le pasa?

Muchos padres sufren porque su hijo para obtener lo que quiere solo llora, ¿qué pueden hacer?

Cada vez hay más mamás y papás que dicen 'mi hijo llora mucho a cada rato y por cualquier motivo, ¿qué le pasa?' Por eso en la comunicación efectiva con nuestros hijos está la clave para que dejen de pedir, ya sea nuestra atención o un juguete, a través del llanto y las quejas. Aquí te enseñaremos a conectar con tus hijos ¡verás que útil te resulta!

Mi hijo llora por todo sin parar o cuando no le doy lo que quiere

Mi hijo llora a cada rato sin motivo, ¿qué hago?

¿Tú también tienes la sensación de que tu hijo se pasa todo el día sin parar de llorar? Sobre todo cuando pide algo y tú le dices que no. Y es que, niños y niñas, llegados a cierta edad, se dan cuenta de que con sus acciones, sus demandas o sus llantos pueden lograr aquello que tanto desean. ¿Qué podemos hacer los padres para educarles desde la empatía y los límites respetuosos?

Los hijos lloran porque es una forma más de expresión que tienen, ya sea para mostrar que están enfadados, tristes o disgustados por algo. Por eso, cuando un niño llora, para saber qué es lo que le sucede debemos actuar como si fuéramos detectives. Trata de ponerte en el lugar de tu pequeño y pregúntate por qué tiene esta conducta.

Suele suceder, a todos nos ha pasado, que cuando estamos muy ocupados durante el día o cuando llegamos cansados a casa, no atendemos correctamente a las necesidades de nuestro niño: les damos un rápido beso y nos vamos a terminar las tareas de casa. Pero no es hasta que el niño repite una y otra vez 'mamáááá' e irrumpe en llanto cuando acudimos enseguida a consolarle. Pues bien, el niño lo que entiende es que hasta que llora no le prestan la atención que tanto está demandando.

A menudo, por falta de tiempo o desconocimiento, ignoramos las necesidades que tienen nuestros hijos. Si esto se prolonga en el tiempo, el niño aprenderá a relacionarse con los adultos más cercanos, mamá y papá, a través del llanto.

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Cada niño debe crecer con normas que favorezcan la buena convivencia con la familia y los amigos, así como límites que le enseñen a reconocer cuando se hace bien o mal y actuar, y esa labor es responsabilidad rotal de los padres. No por poner límites o normas quiere decir que sean tiranos, sino que con límites los niños se sienten más seguros.

Hay que erradicar la idea de que dichos límites deben aprenderse a través del miedo o de una forma muy estricta, casi siempre usan los límites como castigo y esto no es así, sino más bien un beneficio para los pequeños. Sin embargo, también debe evitarse lo contrario: la falta de disciplina y estructura por no caer e el autoritarismo, por lo que no ponen ningún tipo de límites a sus hijos, malinterpretando la Disciplina Positiva.

Así pues, las normas para los niños deben ser implementadas desde la empatía y el respeto, pues los pequeños no tienen la capacidad de comprender el porqué deben seguir esos límites, así que es responsabilidad de los padres de explicarlas y sobre todo de ponerlas en práctica, para que los niños sigan el modelo de Crianza Respetuosa que tanto bien les hace.

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Educar en valores desde la empatía, el respeto y los límites conscientes acordes a su edad es el primer paso para conectar con tu hijo. Sin sentirte culpable trata de reflexionar sobre el modo de relacionarte de forma consciente con tu hijo.

1. Trabaja la escucha activa con los tuyos
Cuando llegues a casa después de un largo día de trabajo procura respirar hondo y pausado para eliminar el posible estrés que tengas acumulado. De este modo, cuando le des un beso a tu hijo y le preguntes cómo le ha ido su día estarás totalmente preparada para la escucha activa y pondrás atención a lo que tiene que contarte.

2. Ahora no puedo, pero después sí
En un mundo ideal en que las prisas no fueran nuestras compañeras tendríamos todo el tiempo del mundo para dedicar a nuestro hijo, pero, si tras esa primera conversación tenemos que ponernos a hacer la cena, ayudar a su hermano con los deberes o terminar nuestro informe del trabajo, tendremos que explicar a nuestro hijo que ahora tenemos otras obligaciones, pero que a la hora de la cena seguiremos hablando juntos.

3. Involúcrale en las tareas
¿Sabes qué más puedes hacer para mostrar a tu niño que en verdad sí que estás ahí para él? Involúcrale en la medida de tus posibilidades en las tareas del hogar que tienes pendientes: '¿doblamos juntos la ropa? Así me puedes seguir contando qué tal te ha salido tu examen de lengua'.

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4. Tú eres su mayor ejemplo
Los niños que en tanto se fijan en nosotros y que tan bien aprenden de nuestro ejemplo quieren, al igual que nos sucede a los mayores, que les respondamos a la primera. Por eso, la próxima vez procura darle la atención que te reclama, aunque sea de forma breve.

5. Lo que tu hijo tiene que decirte sí es importante
Dale la importancia que se merece. Muchas veces nos pensamos que lo que nos van a decir no es relevante ¡pero para ellos sí! Cuando acuda a ti, mírale a los ojos y atiende su petición igual que harías con cualquier otra persona de tu entorno.

6. Establece los límites indicados para su edad
Si tu hijo tiene la creencia de que conseguirá tu atención a través del llanto, ¿cómo no iba a pensar lo mismo cuando se trata de pedir un juguete o un dulce? En este caso la clave está en crear para él unos límites sencillos y entendibles a su edad. En lugar de decirle: 'ya estás otra vez con la televisión, mira que eres pesado', dile: 'ya sabes que ahora no toca ver la tele, pero cuando termines los deberes la podemos ver un rato juntos'.

7. Brinda tiempo de calidad a tus hijos
Volviendo a las prisas de antes: ¿a ti también te encantaría pasar más tiempo con los tuyos? ¡Seguro que sí! Pues el primer paso consiste en tener tiempo de calidad: nada de mirar el móvil y sí a dejarle que él también elija el plan para hacer juntos y en familia.

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