Lo que un niño necesita de sus padres cuando llora o tiene una rabieta

Resolvemos algunos casos prácticos para saber cómo acompañar a los niños

Marga Santamaría
Marga Santamaría Coach educativa

Los niños no lloran ni se enfadan para ponernos en evidencia o para hacernos sentir mal. Estas reacciones son el resultado de un estímulo, algo que les ha hecho sentirse de esa forma. Cuando un niño llora, tiene una rabieta o siente un ataque de ira, no necesita que sus padres le regañen o le castiguen; necesita que le acompañen y le ayuden a saber cómo se sienten y cómo pueden gestionar dichas emociones.

Pero, ¿cómo le podemos consolar en un momento de llanto? Lo primero, es tener en cuenta el lenguaje que usamos con él. Pero también debemos mantener la calma en todo momento y hacerle ver que comprendemos y validamos las emociones que siente.

La importancia del lenguaje que usamos con nuestros hijos

Cómo hablan los padres a sus hijos

El lenguaje crea realidades, y esto es algo que las mamás y los papás no podemos olvidar. No solo es importante lo que les decimos a nuestros hijos, sino también el tono con el que lo hacemos. Estos hacen que los niños construyan sus pequeñas realidades de una forma inconsciente. Por lo que es importante que evitemos usar un tono atacante y palabras enjuiciadoras, pues pueden acabar haciendo daño a nuestros hijos.

También, por supuesto, es importante ser muy cuidadosos con las etiquetas que les ponemos a los pequeños. No es lo mismo decirle a nuestro hijo 'eres un vago' que 'hoy has estado un poco vago porque no has hecho los deberes ni has recogido la habitación'.

Una vez que tomamos conciencia del lenguaje que usamos a la hora de dirigirnos a nuestros hijos, estaremos más capacitados para acompañarles en las emociones que sienten, tanto cuando lloran como cuando están enfadados o sienten rabia. No podemos olvidar que nuestro lenguaje es una herramienta muy poderosa a través de la cual podemos validar y valorar las emociones de nuestros hijos. A través de nuestras palabras, les hacemos saber que entendemos cómo se sienten, ya que podemos ponernos en su lugar.

Además es esencial, ponernos a la altura de los niños para conectar con ellos a través de la mirada también. Al agacharnos, dejamos de hablar desde nuestra posición de adultos y les damos a entender que queremos acompañarles desde la serenidad y el respeto.

Qué necesita un niño cuando está llorando o está en una rabieta

Si un niño llora o tiene un berrinche

Ante un momento de destape emocional de nuestros hijos, es importante que los padres hagamos un ejercicio de empatía y tratemos de acompañarles en sus emociones. Debemos preguntarnos qué necesitan escuchar y qué podemos hacer por ellos en este momento.

- Lo primero que debemos comprender es que si un niño está llorando, tiene una rabieta, se ha enfado... esa reacción está producida por una emoción que ha surgido a partir de algo, la respuesta a un estímulo, (se ha caído, se le ha roto un juguete, le han regañado...). Por lo tanto, no podemos enjuiciarle y cargarle con la etiqueta de 'eres una llorona' o desmerecer el motivo que le ha llevado a sentir dicha emoción ('no es para tanto').

- Imaginemos la situación: estoy triste porque me ha pasado algo y mi amiga me dice 'No llores, que no es para tanto'. Sin duda, esto no es lo que quiero escuchar de ella; y a los niños les pasa lo mismo. Cuando están llorando, no les podemos decir frases tan habituales como 'No es para tanto', 'No pasa nada', 'Eres una llorona'.

- Tus hijos no necesitan que les compares con otros niños: 'Mira a tu primo, él no llora'.

- Es importante que los adultos sepamos mantener la calma, porque si nos sumamos al caos de nuestros hijos provocado por una rabieta, no vamos a llegar a ninguna solución. Para no perder los nervios, hay distintas técnicas que pueden ayudarnos, si bien cada uno debe encontrar el truco que le funciona en cada caso. Siempre que notemos que vamos a explotar, debemos retirarnos para tomar espacio (siempre que la integridad física del niño no se vea comprometida). También suele ayudar beber un poco de agua o practicar algunos ejercicios sencillos de respiración.

- Debemos tomar conciencia de qué situaciones hacen que perdamos los nervios, ya que no todos reaccionamos igual ante la misma escena (por ejemplo, que nuestro hijo empiece a gritar en público o cuando tira la comida al suelo). Este trabajo de autoconocimiento y reflexión nos permitirá descubrir qué es aquello que nos crispa y por qué. A partir de ahí, lo podremos trabajar.

Casos prácticos: cómo acompañar las emociones de los niños

Emociones de los niños cuando lloran o tienen rabietas

La teoría, la tenemos clara. Pero vamos a la práctica. A continuación te proponemos diferentes ejemplos cotidianos para ayudarte a saber cómo acompañar a tu hijo.

1. Nuestro hijo se cae en el parque y se hace daño, por lo que empieza a llorar
Lo más frecuente en esta situación es que las mamás o los papás salgan corriendo nerviosos hacia su hijo, le levanten rápidamente del suelo, le limpien la herida... Y digan cosas como 'Bueno, no pasa nada, no te has hecho nada, no tienes ninguna herida'.

¿Realmente ayudamos a nuestros hijos si nos ponemos aún más nerviosos que ellos? Es mejor llegar hasta nuestro hijo o hija que se ha caído y guardar la calma (siempre, por supuesto, que no se trate de una caída peligrosa). No hace falta que le levantemos corriendo del suelo, pues no somos sus salvadores (ni nuestro hijo necesita ser salvado en ese momento). A continuación, podemos agacharnos y decirle: 'Vaya, cariño, menuda caída', '¿Te has hecho daño? Claro, es que bajabas muy rápido del tobogán'.

Podemos ir verbalizando lo que ha pasado mientras dejamos que sea el niño quien se levante y nos enseñe la herida para ir fomentando su autonomía. Los abrazos y los besos son bienvenidos.

2. Estamos en una tienda y nuestro hijo ve un juguete que le gusta, pero no se lo podemos comprar, lo que le lleva a frustrarse y tener una rabieta
Aunque no lo parezca, esta es una situación ideal para trabajar los valores con nuestro hijo. Si el niño es mayor, podemos decirle: 'Cariño, ¿esto lo necesitas o es un capricho?'. De esta forma, le haremos reflexionar sobre la diferencia entre necesitar y querer.

En caso de que hayamos decidido que no le vamos a comprar dicho juguete (por distintos motivos), debemos mantenernos firmes en nuestra decisión, aunque tenga una rabieta: 'Cariño, hoy mamá no te lo puede comprar porque (la razón que sea). Entiendo que lo quieras, porque es un juguete muy bonito, pero no te lo puedo comprar'. No hace falta dar muchas razones ni un largo discurso. A continuación, le damos un beso, le cogemos de la mano y nos vamos.

El lenguaje que acompaña a los niños

3. Hay que ponerle una vacuna a nuestro hijo y no quiere ir al médico porque sabe que le va a doler, lo que le hace llorar
En esta circunstancia, también debemos volver a decirle a nuestro hijo que entendemos que se sienta así: 'Entiendo, cariño, que no quieras pasar porque te da miedo el pinchazo. Pero va a ser un pinchazo pequeño que, al principio te va a doler mucho, pero se te va a pasar rápido. Además la persona que te lo va a hacer, lo va a hacer con muchísimo cuidado. Va a hacer todo lo posible para que te duela muy poco'.

Como alternativa, podemos contarle cómo nos sentíamos nosotros cuando nos poníamos vacunas en nuestra infancia: 'Cuando yo era pequeña, yo también lloraba. Menos mal que la abuela siempre venía conmigo y luego me daba muchos besos y me abrazaba'. También hay la recompensa que funciona muy bien: 'Además, mamá, te ha traído una sorpresa para después'. Eso también les empodera y les engrandece.

Es importante no mentirle a nuestro hijo diciéndole, por ejemplo, que no le va a doler. Es mejor: 'Cariño, creo que te va a doler un poco. Sí, no mucho, porque son vacunas pensadas para pequeños, imagínate la vacuna de los caballos o las vacunas de los adultos, esas sí que tienen que doler. Pero para ti es una aguja muy pequeña y vas a sentir como un picotazo. Luego con un poco de hielo o calor, a ver qué nos dicen, eso ya va a ir mejorando'.

4. Desde la cocina, oímos que nuestros hijos se están peleando en el salón. No sabemos qué ha ocurrido, pero uno de ellos está llorando
Lo habitual en estos casos es que la mamá o el papá lleguen y digan 'pero, bueno, qué ha pasado aquí'. A continuación lo habitual es que los dos niños den su versión de lo que ha ocurrido. Es importante que nosotros lleguemos a la escena de la pelea calmados: queremos mediar, sin posicionarnos hacia ninguna de las dos versiones, porque no sabemos qué ha ocurrido realmente'.

Podríamos decir algo como: 'Vaya, Juan, por la cara que tienes te veo muy preocupado, ha debido ser una discusión grande. Miguel, tú estás llorando. Contadme, ¿qué es lo que ha ocurrido?'. Dándoles turnos, les pediremos que nos cuenten uno a uno, mientras el resto escuchamos. Debemos buscar una solución entre todos y animarles a que lleguen a un acuerdo. Hay que evitar los sermones.

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