Estrategias para combatir el miedo de los niños a las inyecciones

Ayudar al niño a perder el miedo a las inyecciones

Hay varios miedos infantiles clásicos: a los monstruos, a la oscuridad, a quedarse solos, a que les ocurra algo a sus padres... Y en las consultas del médico: a que se les pinche.

Los pobres niños, cada vez que entran en la consulta y ven una persona con bata o pijama, piensan que a continuación vendrán las jeringuillas, las agujas y el dolor. Este pánico es una sensación difícil de erradicar, pues está muy enraizada en la población general. A continuación propongo varias pautas para combatir el miedo de los niños a las inyecciones. 

Miedo de los niños a las inyecciones, ¿cómo ayudarles?

Miedo de los niños a las inyecciones

1- Nunca le digas a tu hijo aquello de “pórtate bien, que si no el médico te va a poner una inyección”. ¡Esta frase me horroriza! Si tu hijo se porta mal, le tendrás que regañar tú mismo, que para eso eres su padre/madre/tutor. Esto es, asume tu cuota de responsabilidad y no delegues la regañina en un médico. Además, ni los médicos no clavamos agujas a nadie en señal de castigo ni aconsejamos que se haga. Faltaría más.

2- Olvida aquello de que los medicamentos pinchados son más eficaces. No es así, lo siento. Pero todavía hay mucha gente que piensa que los fármacos administrados por vía intramuscular son más eficaces que si se dan por boca. Este hecho es falso. Por lo tanto, no le pidas a tu pediatra que te recete sí o sí un medicamento inyectable. Si tu hijo puede consumir un fármaco que se va a absorber por vía digestiva, mejor que mejor.  

3- No pidas que le hagan un análisis al niño. Confía en el criterio de los pediatras. Los análisis de sangre no son necesarios siempre, ni mucho menos. Si el proceso de tu hijo se va a beneficiar de conocer las alteraciones del hemograma, de la bioquímica o del parámetro cuantificable que sea, el médico se lo va a pedir. En caso contrario, no. Y no pasa nada.

4- Si tu niño, por el motivo que sea, ha de recibir un pinchazo, explícale que esa medida va a ayudar a que se cure. Permanece junto a él, dale la mano, y nunca digas aquello de “qué malo es el médico o qué mala es la enfermera”, por favor. Los sanitarios no depositamos nuestras cualidades éticas en las agujas. Si tenemos que pinchar a un niño, es porque con el pinchazo tu hijo va a mejorar. 

5- Las vacunas no son inyecciones en balde, son acciones preventivas que han demostrado aumentar las tasas de supervivencia de la población. Nada mejor que explicarle a tu hijo, desde pequeño, que las vacunas van a evitar que sufra enfermedades muy graves. Y es una suerte si las puede recibir.

Los médicos y las enfermeras, por nuestra parte, tenemos también que hacer los deberes. Hemos de hacer un uso racional de las pruebas diagnósticas (esto es, antes de pedir un análisis hemos de reflexionar sobre si este nos va a ayudar en algo), y hemos de recurrir a estrategias para reducir las molestias del pinchazo. ¿Por qué no usar con mayor frecuencia sprays o parches anestésicos? Eso nos ayudaría bastante a que los niños viesen nuestra labor con otros ojos.