Por qué debes dejar de ser una mamá gallina por el bien de tus hijos

Qué es el síndrome de 'mamá gallina' y cómo afecta a nuestros hijos

Estefanía Esteban

Una cosa es cuidar y proteger a los hijos y otra es llegar a convertirse en una mamá gallina. ¿Sabes qué es exactamente? En realidad es una patología que lleva a algunas madres a sobreproteger a los hijos. Y no solo cuando son niños. Sino durante toda su vida.

Las gallinas incuban sus huevos hasta que el polluelo nace. Mientras son pequeños, los pollitos siguen a su mamá gallina a todas partes. Pero al crecer... cada uno se independiza y sigue su vida. Pero algunas mujeres esta parte no la asumen, y continúan 'exigiendo a sus pollitos que la sigan', cual mamá gallina... Y no es bueno, claro. Te explicamos por qué debes dejar de ser una mamá gallina (si lo eres) por el bien de tus hijos. 

Cómo saber si eres una mamá gallina

Por qué debes dejar de ser una mamá gallina por el bien de tus hijos

Las 'mamás gallinas' son aquellas que aman muchísimo a sus hijos, pero sobreprotegen a sus hijos por miedo a que pueda pasarles algo malo. Es como si los tuviera siempre bajo su ala, protegidos del exterior. Así que no les deja enfrentarse a los retos, los obstáculo e interactuar en libertad con su entorno

Las principales características de estas madres son: 

- Controlan constantemente a su hijo. Qué hacen, con quién juegan... 

- Vigilan las amistades de su hijo e incluso intervienen en ellas.

- No dejan que su hijo esté solo, ni haga nada sin ayuda por sí mismo.

- Terminan todos los trabajos de su hijo para evitarles problemas.

- Crean en sus hijos una relación de dependencia con ellas. Cuando son mayores, sus hijos continúan ligados a ellas y esto dificulta su relación con otras personas.

- Piensan que sus hijos son frágiles. Pero no solo cuando son pequeños (todos los bebés son frágiles), sino que continúan creyendo esto cuando van creciendo. Por eso, entre sus frases más repetidas, están las de advertencia ante un peligro: 'No saltes que te vas a caer', 'No te acerques que te quemas', 'no vayas a la excursión que puede pasarte algo...'.

- Crea en sus hijos un sentimiento de culpa para tenerlos controlados. Si consigue que sus hijos se sientan culpables al hacer algo por sí mismos, podrá tenerlos siempre controlados. 

- Utilizan el chantaje emocional para tener a sus hijos siempre cerca. Son las típicas madres que, ante un intento de independencia de sus hijos (ya mayores) dicen el típico: '¡pero cómo me dejas sola...cómo me haces esto a mi, que te lo he dado todo'. O bien: '¿dónde vas a estar mejor que aquí con tu madre?'.

7 razones de por qué qué debes dejar de ser una mamá gallina por el bien de tus hijos

Al privar a los hijos de enfrentarse al mundo exterior, lleno de desafíos y posibles peligros para ellos, la 'mamá gallina' no hace ningún bien a sus hijos. Al revés: les está provocando con su actitud todos estos problemas: 

1. Poca tolerancia a la frustración: No será capaz de tolerar la frustración porque nunca le dejaron enfrentarse a ella.

2. Falta de habilidades sociales: su hijo no será capaz de relacionarse con los demás. Porque sencillamente nunca lo hizo de pequeño, en la etapa de aprendizaje de relaciones sociales.

3. Lleno de temores: Será miedoso, temeroso. Normal, porque la 'mamá gallina' no hizo más que advertir a su hijo desde pequeño sobre la cantidad de peligros que le acechan.

4. Falta de autonomía: No será autónomo y tendrá problemas cuando se independice

5. No tienen claros sus objetivos: De pequeños les dieron todo hecho, así que cuando crezcan, estos niños tendrán problemas para elegir entre varias opciones. Sobre todo, porque no tendrán claros sus objetivos. 

6. Adolescencia conflictiva. Los expertos hablan de esta relación como una relación 'tormentosa'. Muchos de estos niños de 'mamás gallina' intentan 'salir al exterior' durante la adolescencia. Ellas les impiden constantemente 'volar', con lo que se genera una relación bastante tormentosa.

7. Jóvenes y adultos problemáticos. Los hijos de la 'mamá gallina' terminan siendo, o muy pasivos porque se dejan dominar, o terriblemente rebeldes al desafiar constantemente las imposiciones de su madre. En ambos casos, se encontrarán con numerosos problemas cuando crezcan.

Sin duda, lo mejor sería encontrar un término medio: proteger, sí, pero sin sobreproteger. Orientar, sí, pero sin olvidar dejar cierta independencia para que el niño sea capaz de escoger, equivocarse, caer y levantarse...