La dependencia emocional de los niños

Por qué debemos fomentar un apego seguro en nuestros hijos

Borja Quicios
Borja Quicios Psicólogo educativo

Ser dependiente emocional significa sentir la necesidad de estar al lado de una persona para sentirse seguro y protegido. Durante su infancia es normal que los pequeños sientan ese vínculo hacia sus padres, pero poco a poco deber ir desapareciendo.

Es muy importante que esta dependencia emocional de los niños vaya siendo cada vez menor. Los niños a medida que crecen van desarrollando su propia vida y es trascendental que para que esto suceda que los pequeños no tengan la necesidad de protección continúa de su figura de referencia.

Dependencia emocional de los niños: La importancia de un apego seguro

Dependencia emocional en los niños: apego seguro

Si queremos que los niños lleguen a ser adultos independientes se debe fomentar un apego seguro que les ayude a explorar el mundo y a aprender las herramientas necesarias para desenvolverse solos.

Este tipo de vínculo afectivo seguro conlleva hablar de amor, seguridad, confianza, necesidad de contacto y dejar de lado la sobreprotección. Para conseguir fomentar el vínculo de apego seguro sin caer en estados afectivos inseguros, ambivalentes, o desorganizados que desemboquen en elevados niveles de ansiedad y dependencia emocional de los niños debemos tener conductas como:

- Estar disponible. El cuidador principal tiene que estar presente y focalizado en la tarea de cuidado del niño. Si la persona que cuida está con “la mente en otro lado”, la calidad del cuidado se puede ver afectada.

- Muestras de afecto regulares. En la medida en la que el niño no reciba muestras de cariño continuas en sus primeros años de vida crecerá pensando que no es merecedor del afecto de sus cuidadores. Así, a medida que crece el niño irá buscando continuamente el afecto en las personas que le rodean sin sentirse nunca seguro. Por tanto, es indispensable que le brindemos atención cada vez que tengamos la oportunidad de manera regular y coherente frente a las señales y demandas del niño.

- Ofrecerles unos límites y rutinas. Los niños necesitan ver el mundo que les rodea de manera previsible. Por tanto, si no hay rutinas que le marquen lo que puede hacer o qué no se moverá siempre con la inseguridad de no saber cómo comportarse. Además, estas rutinas han de ser congruentes y consistentes adaptados a su edad. Ser modelos a la hora de cumplirlos.

- Alabar por lo que hace. No estar presionando al niño hacia unos estándares de calidad en todo lo que hace. Es decir, cuando hace por ejemplo un dibujo es preciso alabar que ha hecho en vez de estar corrigiéndole los fallos como: te has salido de la raya al pintar, este dibujo no es de este color, etc. Con este comportamiento solo se crea inseguridad.

- No gritarle cuando haga algo incorrecto. Si se le grita el niño aprenderá a que esa es la manera normal de relacionarse.

- No etiquetar sus comportamientos. Cuántas veces hemos escuchado eso de: “es que el niño se cae todo el rato, es muy torpe”, “este niño es malísimo, todo el rato esta de aquí para allá”. Si el niño escucha continuamente estas definiciones tan negativas sobre su comportamiento configurará su personalidad de forma errónea en el que su comportamiento se guiará por el sentido de su valía. Es decir, el niño que se porta mal creerá que solo será querido si se porta bien. Las etiquetas crean dependencia emocional.

- Deja al niño que tome sus propias decisiones. Impedir tomar decisiones a los niños con total libertad, implica crearle una dependencia que durará años y años y podría llegar incluso hasta la edad adulta.

Cuidado con lo que No hacemos los padres

Muchas veces hay padres que creen ayudar a los niños con sus acciones y consiguen todo lo contrario. Conductas como: dejar llorar a un niño, demorar la respuesta, no atender sus necesidades, etc. no son formas válidas de transmitir seguridad y, por tanto, facilitar la independencia del niño. Más bien todo lo contrario: de este modo se facilita un estilo de apego inseguro que a largo plazo va a desembocar en un adulto dependiente.