Los superpoderes del regazo de mamá o papá para el bebé

Qué aprenden los niños cuando están en el regazo de sus padres

Cuántas cositas sienten, aprenden o asimilan nuestros bebés cuando están en el regazo de mamá o papá, ¿verdad? No es para menos que uno de los primeros gestos que aprenden, es estirar sus bracitos para pedirnos que los cojamos en brazos o que los pongamos en nuestro regazo. Este contacto físico es uno de sus preferidos, y puede quedar años en su memoria. Hasta hoy, cuando visito a mi madre, me encanta poner mi cabeza en su regazo y que ella masajee mi cabeza. ¡Es un placer inigualable!

El regazo de mamá o papá para el bebé

El regazo de mamá y de papá

Poner al bebé en el regazo es un acto muy cotidiano de los padres con sus bebés. En el regazo de mamá y papá, los bebés aprenden a comer, a jugar, a escuchar cuentos y hojear libros, a protegerse, como si el regazo fuera una cueva. Cuando pequeña, a mi hija le encantaba ponerse en mi regazo para jugar con canciones como Cinco Lobitos, o la canción del caballito, ¿las conocéis? En mi regazo, mi hija también aprendió a ponerse de pie, antes de dar sus primeros pasos.

El contacto físico que hay entre la mamá o el papá con su bebé cuando este se encuentra en su regazo es muy saludable para ambos. El bebé pasa muchos meses en el vientre de su madre y el hecho de moverse ahora en el regazo de su mamá, le provoca una sensación muy cercana a la que tenía dentro del útero. El regazo tanto le calma como le estimula, y ayuda a regular las emociones, la respiración y los sentidos de los bebés.

Para mi hija, mi regazo era como su refugio, su consuelo. Era donde se sentía amparada y acogida, cuando todavía era un bebé. Yo me sentía como una mamá canguro, siempre pegadita a mi cangurita.

Luego, cuando ella aprendió a caminar, mi regazo era como su salvación por si se caía, o si tuviera miedo. Con la edad, el sentido del regazo va cambiando y es bueno que eso ocurra, porque es normal que los niños busquen afecto en el regazo pero si eso ocurre con demasiada frecuencia en los niños mayores, puede que ellos no estén madurando con la edad.

El regazo no tiene límites ni efectos colaterales, pero lo mejor es que sea un deseo del niño y no una necesidad de los padres.