Las promesas que hacemos a nuestros hijos... ¡debemos cumplirlas!

La importancia de cumplir con los compromisos que adquirimos con los niños

Alba Caraballo Folgado

¿Cuántas promesas has hecho a lo largo de la vida?, ¿cuántas no has cumplido? Probablemente la mayor parte te afectan a ti mismo. Son las promesas de dieta, de dejar de fumar, de estudiar, aprender a tocar la guitarra... Muchas de ellas quedan en el camino y a la única persona que faltas es a ti. Pero, ¿qué ocurre con las promesas que hacemos a nuestros hijos? 

La importancia de las promesas que hacemos a nuestros hijos

promesas que hacemos a los niños

"Sí, este verano te llevo a Eurodisney", "Si te portas bien, vamos al cine", "Cuando termine de limpiar, me siento a jugar contigo", "claro que voy a ir a tu partido de fútbol", son frases que lanzamos al aire para luego, en muchas ocasiones, desdecirnos....

"Uy, no hay dinero para ir a Eurodisney", "¿Cine?, si hemos quedado para ir a casa de la abuela", "se me ha hecho tarde, mañana jugamos", "al final irá el abuelo al partido, tengo mucho trabajo", es en lo que quedan muchas veces nuestras promesas.

Las promesas no son otra cosas que esas declaraciones de hacer o no hacer algo específico. Se entiende también como el ofrecimiento de dar o hacer algo por otra persona

La realidad, y todos lo sabemos, es que es imposible cumplir todas y cada una de las promesas que hacemos en la vida, ya sea a nosotros mismos, a los demás o a nuestros hijos. Eso sí, la cantidad de ellas que incumplimos y las respuestas que damos a los demás es la clave sobre la imagen que tenemos.

Cuando inclumplimos las promesas que hacemos a nuestros hijos, les estamos restando valor e importancia y no valoramos sus deseos o esperanzas. En realidad, hemos antepuesto algo más por encima del compromiso que adquirimos con ellos. 

Cuando no cumplimos nuestras promesas ocurre que: 

- Los niños creen que no pueden contar con nosotros.

- Nuestra palabra no es válida.

- Nuestros hijos piensan que no se puede confiar en nosotros

- Les decepcionamos.

- Perdemos credibilidad ante nuestros hijos.

- Se sienten frustrados.

- Les causamos un daño emocional, se sentirán tristes.

No cumplir las promesas que hacemos a nuestros hijos daña la imagen que los niños tienen de nosotros que, en principio, es una imagen idolatrada. Somos sus modelos de referencia, sus héroes, las personas en quien más confían. Pues bien, toda esa imagen que forman con cualidades que en ocasiones nos atribuyen y otras nos ganamos, caen como un castillo de naipes cuando de forma sistemática faltamos a nuestra palabra con ellos. 

Antes de hacer una promesa a tu hijo, piénsatelo

No restes valor a las palabras, las palabras para los niños lo son todo. Ellos no esperan que mintamos o queramos hacerles daño deliberadamente. Por lo tanto, antes de "quitarte al niño de en medio" con la primera promesa que se te viene a la cabeza piénsatelo y reflexiona. Y, cuando de verdad queramos hacer una promesa, deberíamos valorar estos condicionantes: 

- ¿La promesa es realista?, ¿puedo cumplirla?  No tiene sentido prometer videoconsolas, viajes, fiestas de cumpleaños o cualquier otra cosa que no podamos llegar a realizar. 

- ¿Es necesario hacer esa promesa? Hacer promesas no es algo obligatorio, no debemos comprometernos por que sí o porque parece que es lo que hay que hacer. 

- ¿Qué deseo conseguir con la promesa? Debemos plantearnos por qué estamos adquiriendo un compromiso, si lo haces por tu hijo o lo estás haciendo por ti mismo. Si lo haces porque quieres que el niño deje de pedir algo o porque realmente quieres premiarle de alguna forma. Debemos ser honestos y pensar qué saca cada uno del trato y si ello compensa a la hora de hacer la promesa. 

Qué hacer cuando tenemos que romper una promesa hecha al niño

Si, nuestra intención era buena y habíamos prometido a nuestro hijo acudir a su función de Navidad, estábamos más ilusionados que ellos y habíamos pasado noches preparando el traje para que luciera espectacular pero, al final, en el último momento, el jefe nos ha puesto una reunión importante y no podemos acudir, ¿qué hacemos?

Lo primero, a mi modo de ver, es plantearse qué tipo de compromiso adquiriste y qué prioridad tiene. No es lo mismo faltar a una función muy esperada, que no comprarle un helado porque recogió su habitación. Por lo tanto, las promesas importantes, debemos intentar mantenerlas, luchar por lograr hacer un hueco en la agenda para no decepcionar a nuestros hijos. ¿Es posible adelantar la reunión?, ¿posponerla?

Y, por otro lado, cuando es ineludible, debemos hablar con el niño, avisarle, pedirle disculpas e intentar compensarle de otra forma. Aunque se sienta triste en un primer momento, los niños son razonables cuando les proponemos un cambio de planes interesante.

En cualquier caso, no debemos infravalorar a los niños, las promesas o compromisos que rompemos con ellos son tan o más importantes que los que hacemos con los adultos.