La ranita presumida. Fábula de Esopo para los niños

Fábula sobre la vanidad para educar a los niños en valores

Estefanía Esteban

Las fábulas son excelentes transmisoras de valores para los niños. Todas ellas nos aportan una moraleja que puede ser muy útil para reflexionar con los hijos. 

En este caso, la fábula de Esopo de 'La ranita presumida', invita a hablar acerca de la vanidad, la humildad y las apariencias. 

La ranita presumida, una fábula de Esopo sobre la vanidad

La ranita presumida

Había una vez, una ranita presumida que se creía la reina de todos los batracios del jardín. La ranita se pasaba el día mirándose en la superficie de las charcas como quien se mira en un espejo, y se creía tan linda que su orgullo y vanidad la hicieron insoportable.

Una mañana de primavera, la ranita se hallaba tomando sol entre las flores de la orilla, cuando se le acercó un sapo, no demasiado guapo...

- Buenos días, señorita - dijo el sapo-. La veo tan linda que de mil amores me casaría con su alteza.

- Oiga, oiga, don Sapo -lo interrumpió indignada la ranita-, sepa que no me arreglo para gente de poca monta como usted. Lárguese de ahí enseguida a buscar una pareja de su clase, que me da miedo mirarlo. ¿No se ha visto en el espejo?

El pobre sapo, avergonzado de su fealdad, se hundió en el lodo llorando su desventura. Pero, muy pronto, halló la rana un castigo a su soberbia.

Un día, la ranita, mirándose en una charca, se encontró con una culebra de agua que, aproximándose demasiado al pequeño anfibio, le dijo:

- Me parece, preciosa mía, que vas a servirme de suculento banquete esta mañana.

La culebra saltó y le mordió en la patita a la rana. Ésta, sintiéndose malherida, empezó a croar desesperada y, acordándose del sapo, comenzó a llamarlo a grandes voces.

- ¡Don Sapo! ¡Don Sapo! ¡Venga por favor! ¡Socorro! ¡Ay, don Sapo! ¡Que me devora un monstruo!

El sapo acudió tan deprisa como pudo y, dando con su boca un enorme tirón a la cola de la culebra, la obligó a soltar su presa.

- Usted perdone, don Sapo, aquello que le dije hace un rato- se explicó la rana- Estaba muy nerviosa. En verdad no me parece usted tan feo y… creo tenerle cariño.

Al fin se casaron. Ella se convenció que la fealdad del cuerpo no es cosa importante si está compensada con la belleza del alma.

Moraleja de la fábula de Esopo: La vanidad siempre termina castigada. No juzgues a nadie por su aspecto exterior, sino por la belleza de su corazón.

Preguntas de comprensión lectora para tu hijo

Utiliza esta fantástica fábula de Esopo para hablar de valores esenciales con tu hijo: la vanidad, la humildad y la bondad. Utiliza estas preguntas para saber si tu hijo entendió la fábula:

  1. ¿Cómo era la ranita? Prueba a describirla.
  2. ¿Qué hacía cada día la ranita?
  3. ¿Qué le dijo al Sapo cuando le dijo que le gustaría casarse con ella?
  4. ¿Qué le pasó a la ranita un día al encontrarse con una culebra?
  5. ¿A quién pidió ayuda la ranita?
  6. ¿Qué hizo el sapo? ¿Le ayudó?