Cómo afecta el verano a la salud de los niños

Descubre cuáles son las enfermedades más comunes en esta época del año

Carla Estrada

Al llegar el verano, suben las altas temperaturas y con este calor también aparecen enfermedades en los niños propias de esta estación: gastroenteritis, faringoamigdalitis, conjuntivitis...  ¿Cómo afecta el verano a la salud de los niños?

Los 7 problemas de salud de los niños en verano

problemas de salud de los niños en verano

Durante el verano los niños son más vulnerables a infecciones u otras patologías, ya que se produce un cambio de ambiente y de alimentación. Unido a todo esto, hay que decir que en esta época del año el crecimiento y reproducción de los virus y bacterias durante es mayor, ya que a ellos les encanta las altas temperaturas, por lo cual se ha visto que durante el verano los niños son más susceptibles a las siguientes enfermedades.

1. Gastroenteritis
Es un cuadro gastrointestinal producido más frecuentemente por virus, pero durante la época del verano el crecimiento de las bacterias como la salmonella puede producir cuadros de gastroenteritis de leves a severo. Esto se debe a las altas temperaturas, que muchas veces rompen la cadena de frío y los alimentos pueden fácilmente dañarse y favorecer el crecimiento de microorganismos (especialmente los lácteos).

Los síntomas son dolor abdominal constante o tipo cólico, vómitos de contenido alimentario, evacuaciones liquidas frecuentes, meteorismo abundante y por lo general fiebre. Es muy importante mantener a los niños hidratados y consultar al pediatra, quien hará las indicaciones respectivas. Eso sí, jamás suspender la lactancia materna en caso de recibirla, a menos, que se omita la vía oral.

2. Faringoamigdalitis
Es un proceso inflamatorio de la faringe y las amígdalas, casi siempre de origen viral, posterior a cuadros de gripe o resfriados. En la época del verano, es más frecuente que sea por causa bacteriana y en este caso la bacteria implicada es el streptococo, produciendo gran malestar en los niños, fiebre, decaimiento, fuerte irritación y dolor a nivel de la faringe.

Al examinar al niño(a) podemos observar casi siempre, unas placas de pus a nivel de las amígdalas que son características de esta enfermedad. El tratamiento de la faringoamigdalitis bacteriana debe ser con el uso de antibióticos y analgésicos antipiréticos, que deben ser indicados por el pediatra.

3. Otitis externas
Son también llamadas otitis de las piscinas y se trata de una inflamación del conducto auditivo externo que puede llegar hasta la membrana timpánica, causada por el agua contaminada de las piscinas y en ocasión del agua de la playa, que se deposita en el conducto externo y facilita el crecimiento de las bacterias (pseudomona) y de los hongos, produciendo un proceso infeccioso importante si no se trata a tiempo y se toman las medidas preventivas para evitar las recaídas.

El niño (a) va a manifestar, sobre todo, un fuerte dolor de oído, que aumenta de intensidad al tocar o tropezar la oreja y es de forma constante. También puede haber dolor de cabeza, raramente fiebre y expulsión de un líquido claro o purulento a través del conducto.

El tratamiento debe ser indicado por el pediatra, quien indicara antibióticos, analgésicos, pero lo más importante la prevención para evitar recaídas o posteriores otitis más severas.

Las medidas preventivas son más que todo el uso de tapones de silicón o gotas de glicerina antes de zambullirse al agua, uso de gorro que tape las orejas, evitar zambullidas de cabeza, permanecer mucho tiempo debajo del agua. Y, algo muy importante, mantener los oídos con buena higiene, secándolos bien al salir del agua, pero sin el uso de los bastoncitos de algodón, para no lesionar el conducto ni empujar el cerumen y formar verdaderos tapones de cera que pueden producir hasta la disminución de la agudeza auditiva (hipoacusia).

4. Conjuntivitis

Conjuntivitis enfermedades infantiles
La conjuntiva es la membrana que recubre la parte anterior del ojo y la parte interna de los párpados y puede inflamarse por diversas causas: polvo, humo, cloro de las piscinas, la sal y arena de la playa, polen, pelo de animales y microorganismos del ambiente.

Se aprecia el ojo muy irritado (rojo), inflamado, con o sin exudado purulento (legañas) y lagrimeo. El niño(a) refiere sensación de cuerpo extraño y no tolera la luz del sol (fotofobia). El tratamiento debe ser indicado por el pediatra, quien hará una referencia al oftalmólogo de acuerdo a la severidad del caso y puede recomendar el uso de lentes de sol con protector solar.

5. Molusco Contagioso
Son lesiones de piel muy contagiosas, sobre todo a través del agua de las piscinas por otro niño contaminado o contacto directo o autocontagio por el rascado de las lesiones. Es producida por un virus de la familia poxvirus y se caracteriza por pequeñas peloticas o perlitas de 2 a 5 mm, más frecuentes a nivel del axila, tórax, espalda y glúteos y son pruriginosas (pican mucho), por lo que pueden infectarse a través del rascado.

Debe ser llevado a consulta con su pediatra o dermatólogo pediatra para indicar el tratamiento adecuado y sugiero aumentar la ingesta de frutas cítricas para potenciar el sistema inmunológico.

6. Insolación y quemaduras de piel
Por la exposición prolongada al sol en playas o piscinas y la falta de uso de bloqueador solar, la piel puede irritarse, enrojecerse e, incluso, aparecer ampollas por quemaduras de segundo grado, aunque las quemaduras de rpimer grado son las más frecuentes.

El niño(a) puede sentirse mareado, con dolores de cabeza y estomacal. En estos casos lo más importante es la prevención: no exponerse al sol sin protección solar y aplicándolo cada 2 horas, evitar el sol en las horas más fuertes (11 am a 4pm), tomar abundante agua y usar ropa ligera.

7. Cuadros de deshidratación
Durante la época de verano el sol inclemente, las altas temperaturas, la mayor exposición al sol y la práctica de deportes al aire libre generan una pérdida de líquidos mayor de lo habitual, produciendo muchas veces cuadros de deshidratación que amerita la consulta con el pediatra, quien tomará las medidas adecuadas para rehidratar al niño(a).

Como en todos los casos, la prevención es lo más importante y consiste en tomar más líquidos de lo habitual (preferiblemente agua) durante todo el día y evitar los golpes de calor, colocándose frecuentemente bajo techo.