Los niños lo oyen todo

Cuando los padres hablamos de "asuntos de mayores" en casa, solemos ser discretos en las conversaciones, para evitar que nuestros hijos escuchen algo que no sea conveniente para su edad o algo que puedan malinterpretar; pero en las reuniones familiares o sociales, llevados por el entusiasmo del momento, nos descuidamos un poco más...

Mi amiga Paula me contó que, cuando tenía siete u ocho años, jugaba una tarde con su pelota y la pelota se le cayó cerca de su madre. Ella hablaba con su tía, y sin darse cuenta de que Paula estaba al lado cogiendo su pelota, dijo "A mi marido le gusta que yo esté encima cuando lo hacemos". Paula no entendió qué significaba eso y siguió jugando a la pelota.

Hablar de todo con los hijos

escuchar a los hijos

Años después, cuando Paula ya tenía conciencia de lo que eran las relaciones sexuales, un día le vino a la cabeza la escena que vivió cuando era pequeña, y entendió, perfectamente, lo que su madre le decía a su tía. Ella me comentaba extrañada cómo pudo ser que se grabara en su mente algo sin significado para ella, y que años después, de repente, le volviera a la memoria este recuerdo. Seguro que algunos recordáis alguna anécdota como ésta o parecida; lo que quiero decir es que debemos tener cuidado con las conversaciones o palabras que no queremos que oigan nuestros hijos, porque no son tontos ni sordos, lo oyen todo y lo retienen todo, incluso cuando nos parecen absortos en sus juegos.

Aunque no entiendan algo, o no pregunten en el momento, pueden hilar las cosas en el futuro, o bien, en su inocencia, realizar una difusión inesperada o tergiversada de una conversación íntima o familiar a todo el que pase por su lado. En definitiva, podemos vernos en situaciones no deseadas por no tener el suficiente cuidado. Podemos y debemos poder hablar de todo con nuestros hijos, aunque cada cosa a su debido tiempo. Si hay algo que pensamos no deberían escuchar en un momento dado de su vida, debemos procurar que no estén presentes; porque no sabemos si sus ágiles y dispuestas "antenitas" pueden captar lo que no queremos. A veces me parece que, cuando menos queremos que nos escuchen, más atentos están.

Patro Gabaldon. Redactora de GuiaInfantil.com