El estómago: el segundo cerebro en niños y adultos

Por qué el estómago se parece tanto al cerebro

Quizás no lo hayas oído nunca, pero al estómago le llaman el segundo cerebro del cuerpo humano. Y es que en nuestro estómago existen más de 100 millones de neuronas y existe una relación muy estrecha entre lo que ocurre en el cerebro y en el estómago.

¿Cómo actúa este segundo cerebro en niños y adultos a la hora de alimentarse? ¿Por qué se le llama así?

Por qué el estómago es el segundo cerebro de los niños

El segundo cerebro en niños y adultos: el estómago

El estómago ha saltado a la palestra informativa con el título de “el segundo cerebro del cuerpo en niños y en adultos”, ¿cuáles son los motivos?

- La cantidad de conexiones neuronales que existen a lo largo del tracto gastrointestinal es altísima, manteniendo una estrecha conexión entre lo que en el estómago ocurre y el centro de operaciones del cuerpo, el cerebro.

- La llegada de comida al estómago produce la liberación de muchas hormonas, con diferentes efectos en el organismo.

- El estómago tiene también cierto control sobre las emociones, siendo muy diferentes cuando está lleno de cuando se tiene hambre. Para evitar el mal humor y la agresividad que genera el estómago vacío, y conseguir niveles de triptófano y serotonina adecuados que favorecen la relajación, es conveniente ofrecer comida varias veces al día a los más pequeños.

- El estómago está en directa comunicación con el cerebro a través de las conexiones neuronales y de la microbiota, siendo esta comunicación bidireccional.

El funcionamiento del intestino del bebé desde el embarazo

Además, las investigaciones de las últimas décadas se han centrado en la importancia de la microbiota intestinal, la población microbiana que habita el intestino, y cuya función era hasta ahora, una incógnita. Las bacterias presentes en el tracto gastrointestinal están en directa comunicación con el sistema inmunitario, considerándose este el órgano más grande del sistema inmunitario, con aproximadamente el 70% del tejido linfoide localizado en esta zona. Si la microflora sufre daños, si se produce una alteración en el equilibrio de este ecosistema, repercute directamente en las defensas del organismo, pudiendo producirse disbiosis intestinal, relacionada con la aparición de alergias y otro tipo de enfermedades, sobre todo de índole gastrointestinal.

El embarazo es el periodo en el que comienza a establecerse la flora microbiana en el tracto gastrointestinal del bebé que se está formando, y estas bacterias podrían suponer el primer estímulo para el desarrollo del sistema inmune del bebé, protegiendo frente a alergias, asma y otras enfermedades, sobre todo en bebés prematuros. Sin embargo, la microflora no se establece de manera definitiva hasta alrededor de los 2 años, y por tanto, en los primeros años de la vida de un niño, con su sistema inmunitario aun formándose, y su microflora en pañales, es importantísimo que la alimentación asegure un correcto aporte de bacterias comensales que se establezcan en el tracto gastrointestinal. 

En primer lugar, y para mantener esa primera población que el bebé hereda por vía materna - llegan atravesando la barrera placentaria- la leche materna es el alimento ideal, puesto que estas bacterias beneficiosas son capaces de llegar a ella desde el intestino materno, y así continuar colonizando el intestino del recién nacido. Posteriormente, tras la introducción de la alimentación complementaria, un aporte continuado de bacterias vivas, procedentes de alimentos fermentados, tales como productos lácteos –quesos, yogures y kéfir, por ejemplo-, embutidos y encurtidos entre otros, asegura que el equilibrio intestinal se mantenga y se establezca una población bacteriana saludable en el estómago e intestinos, permitiendo al segundo cerebro en niños y adultos funcionar a la par que el primero.