Cómo lograr que los niños disfruten de estudiar y estén motivados

3 pautas que para motivar en el estudio a los niños

Los niños tienen una capacidad innata de querer conocer y aprender. Desde muy pequeños imitan a sus padres en sus acciones, porque su cerebro está preparado para absorber fácilmente el conocimiento. 

Así que podemos aprovechar esta capacidad innata y dirigirla hacia el disfrute por el estudio.  De hecho, los profesores hablan de edades y etapas a lo largo de la Primaria en que los niños absorben con placer, como “esponjas”, los conocimientos que se les enseña.  

El refuerzo positivo: fundamental para motivar a los niños

Estudiar con motivación 

Si tuviéramos que destacar una de las actitudes que más pueden ayudar a que esto sea posible, es el refuerzo positivo: “¡Qué bien has resuelto los problemas!” “¡Estupendo!, has logrado aprenderte las partes del cuerpo”.

Nuestra aprobación de padres en sí misma es uno de los mayores premios que puede recibir nuestro hijo a sus logros. Expresarle nuestra alegría o nuestra alabanza por las buenas notas, por un buen aprendizaje de algo que le resulta complicado, por las tareas terminadas con éxito, por la superación de obstáculos en el aprendizaje, hace que quiera repetir estas tareas y logros una y otra vez para recibir esos mismos halagos; porque los niños desean por encima de todo complacer a sus padres. 

Es importante recordar que alabamos su trabajo y su esfuerzo principalmente, no su persona, porque si le decimos “¡Qué listo eres!” la siguiente vez que se enfrente a una tarea complicada y no pueda hacerla, se va sentir inferior a las expectativas que pusimos en él y se puede bloquear. Pero si le decimos: “¡Qué bien has trabajado!” o “¡Qué bien te has esforzado!” sobre estas acciones él siempre tendrá el control pleno, y podrá repetirlas cuando quiera. De hecho, resaltar su esfuerzo le protege antes los posibles fracasos en el futuro, porque ante una frustración, siempre le podremos alentar destacando todo el empeño que ha puesto. Desde ahí, es más sencillo animarle a continuar adelante. 

Interesarnos por lo que está estudiando nuestro hijo de manera genuina 

Dialogamos sobre ello como algo que nos atrae: “¿Estás aprendiendo la clasificación de los seres vivos?”, le podemos preguntar y charlamos relacionándolo con algo de lo que estamos viviendo. Por ejemplo, acaba de tener un resfriado, así que hablamos del grupo en el que se incluyen los virus. Podemos pedirle que repase la suma de la compra que hemos hecho en el supermercado u otra tarea en la que nos puede mostrar algo de lo que ha aprendido, teniendo en cuenta el nivel escolar en el que se encuentra. 

Animar a nuestro hijo ante las notas bajas 

Si nuestro hijo recibe una nota suspensa o más baja de lo esperado, podemos hablar con él de manera cercana para animarle a seguir adelante. Revisamos qué puede haber provocado este resultado. Una vez detectado, más que detenernos en reproches (por ejemplo, que quizá no haya estudiado lo suficiente) nos concentramos en encontrar soluciones (ayudarle a entender algo, dedicar más tiempo a algún aprendizaje etc.). Podemos hacer referencia a otros obstáculos que ha superado: “Ya conseguiste aprenderte bien los verbos irregulares de inglés, así que esto también lo podrás conseguir”. Llegamos también a acuerdos conjuntos. Principalmente en este punto, le transmitimos nuestra confianza en que tiene todas las posibilidades de mejorar, así como todo nuestro apoyo para conseguirlo. 

Finalmente recordemos que cada logro u obstáculo superado y reconocido por nosotros es un mensaje para el niño de que es válido y es capaz. El sentimiento de bienestar que le produce nuestra aprobación y su sensación de capacidad, son pilares fundamentales que contribuye a que los estudios se conviertan en una actividad placentera.