Qué pasaría si diésemos a nuestros hijos lo mismo que recibimos de ellos

Una excelente lección pedagógica sobre el esfuerzo para realizar con nuestros hijos.

Al hilo de una anécdota que me contó una compañera que es madre, me hizo reflexionar sobre lo que como padres damos a nuestros hijos y lo que realmente recibimos.

Por normal general los padres solemos dar a nuestros hijos todo, incluso intentamos darles por encima de lo que realmente podemos, pero ¿hacen ellos lo mismo con nosotros?

Parece que tenemos una creencia instaurada entre los padres que trata de pensar que tenemos que dar todo a nuestros hijos y que no por ello tenemos que recibir lo mismo. Y gracias a esta anécdota reflexioné sobre el tema y llegué a la conclusión que, debemos enseñar a nuestros hijos que sepan dar y recibir en idénticas o parecidas proporciones. Al menos en cuanto a esfuerzo, delicadeza y dedicación que nosotros ponemos en ellos.

¿Y si diésemos a nuestros hijos lo mismo que recibimos de ellos?

Qué pasaría si diésemos a nuestros hijos lo mismo que recibimos de ellos

Muchas veces pensamos que si no les damos todo, pueden frustrarse, pero ¿ellos piensan en nuestras frustraciones? os invito que la menos reflexionemos sobre el tema.

La situación que os voy a describir hace referencia a los problemas que tiene esta madre por la falta de interés, esfuerzo y dedicación que su hijo de 14 años muestra ante el estudio en este curso.

Esta madre estaba pendiente del hijo repitiendo una y otra vez que estudie, que se esfuerce, que haga los deberes, etc…. algo que nos suena familiar a todos los padres con hijos en edad escolar.

El hijo de esta compañera tiene buenas condiciones para el aprendizaje, es inteligente, pero le cuesta o no quiere ponerse a estudiar. (Cero esfuerzo)

Todos los días tiene que recordarle que estudie: “estudia, estudia, que dentro de poco tienes los exámenes”.

El hijo no para de ponerle excusas tipo: “me han cambiado el exámen, eso ya me lo sé, me pongo más tarde, estudié en el instituto”,

Todas las acciones y decisiones tiene su consecuencia. Y la consecuencia del hijo fue sacar un 5 en el exámen de matemáticas que tanto él como la madre sabía que contaba con 2 semanas por delante para prepararlo. La madre durante esas dos semanas le insistió, haciendo el hijo caso omiso a las advertencias y  consejos de la madre. El hecho de sacar un 5 a la madre le generó mucha rabia y decidió actuar buscando una confrontación que su hijo entendiera y sintiera lo mismo que estaba sintiendo ella.

El fin de semana el niño le pidió a la madre si por favor le podía hacer macarrones boloñesa, uno de sus platos preferidos y al parecer uno de los que mejor cocina la madre. Entonces a la madre se le ocurrió la confrontación que le haría a su hijo.

La madre le contestó que sí haría macarrones para el fin de semana, y pudo ver la cara del niño poco menos que relamiéndose.

Al día siguiente, cuando todos están sentados en la mesa la madre le pone el plato de macarrones a su hijo: “Toma, tus macarrones boloñesa”, y le planta en sus narices un plato de macarrones simplemente cocidos, es decir los macarrones blancos.

El chico reacciona enfadado:  "Mamá, ¿Qué es esto? no son boloñesa son solo los macarrones, tienen una pinta asquerosa, estos no son los tuyos"….

A lo que ella responde:

- Estos son los macarrones de 5, la misma nota que sacaste tu en el exámen de matemáticas.

- Macarrones de 6 son con tomate.

- Macarrones de 7 son con la carne picada.

- Macarrones de 8 son con el queso parmesano.

- Macarrones de 9 son con el orégano.

- Macarrones de 10 son gratinados.

Y le añadió: "He hecho el plato con el mismo cariño, esfuerzo y dedicación que has hecho tu el exámen de matemáticas, del que tanto te insistí que estudiaras. Por tanto hemos hecho los dos lo mismo".

El hijo se quedó con la boca abierta y sin palabras, tuvo una confrontación y una toma de conciencia importante, ya que acababa de sentir la misma rabia que sintió la madre. Y esta confrontación le hará, seguramente, actuar en consecuencia.

Los adultos estamos acostumbrados a hacer que los días de nuestros hijos sean siempre de 10. Probemos a cambiar de vez en cuando, a que experimenten la sensación de que reciben cosas incompletas,  es decir, menos privilegios.

Ese relato está encaminado a una reflexión - acción, para crear una reacción.