La ardilla mudita. Cuentos con valores para niños

Cuentos infantiles sobre la cooperación y la colaboración

Por mucho que intentemos hablar con los niños y explicarles lo importante que es colaborar y cooperar, ayudar a los demás y ser bondadoso, a los padres nos cuesta que les cale este mensaje.

Un excelente vehículo para que les lleguen todas estas enseñanzas son los cuentos. A través de las historias y los relatos los niños aprenden a diferenciar lo que está bien de lo que está mal. Un ejemplo de ello es, La ardilla mudita, un precioso cuento con valores para niños. Con él aprenderán la importancia de trabajar todos juntos para lograr un fin y, sobre todo, a ayudar a otras personas.

Cuentos con valores para niños: La ardilla mudita

Cuentos con valores para niños: la ardilla mudita 

En una pequeña isla, en medio del océano, vivía una feliz familia de ardillas que llevaba una vida muy tranquila.

Cada día correteaban por las rocas, jugaban con las gaviotas y cangrejos, comían todo tipo de frutos, se recreaban mirando al mar y tomaban el sol disfrutando del paisaje.

Una mañana, al despertar, descubrieron  que no estaba la ardilla Mudita, la más pequeña de las hermanas y salieron a la playa para buscarla enseguida.

— ¡Muditaaaaaa!, ¿dónde estás? — gritaron todos con mucha fuerza.

— ¿Dónde habrá ido?—dijo la hermana mediana a punto de llorar.

— No puede haber ido muy lejos — contestó la ardilla mayor haciendo un mohín.

Mientras los padres ardillas se miraban uno a otro desolados sin pronunciar palabra.

— Vamos a dividirnos en dos grupos — dijo al fin papá ardilla rompiendo su silencio.

Mamá ardilla y la hermana mayor salieron en dirección a la carretera, por otro lado, papá ardilla y la hermana mediana fueron a buscarla por la montaña de los cactus. 

— ¿Habéis visto a Mudita por aquí? — preguntaron las primeras a unos ratones que tomaban el sol adormilados.

No, contestaron los ratones, no la vemos desde hace días.

— ¿Le ha sucedido algo?— preguntaron enseguida. 

Y mamá ardilla les contó angustiada que la ardillita muda había desaparecido.

— Nosotros os ayudaremos a buscarla — dijeron, y salieron en dirección al  bosque de palmeras.

— ¿Habéis visto a Mudita por aquí? — preguntaron los segundos a unas gaviotas.

— No, contestaron las gaviotas, no la vemos desde ayer.

— ¿Le ha sucedido algo? — preguntaron enseguida.

Y papá ardilla les contó angustiado que la ardillita muda había desaparecido de la noche a la mañana.

Nosotras os ayudaremos a buscarla — dijeron y volaron por tierra y mar en su busca.

Al atardecer, todos volvieron a casa muy cansados sin haber encontrado a la pequeña ardilla. Se miraban unos a otros muy tristes y callados sin saber qué hacer ni qué decir cuando, de repente, dijo uno de los ratoncitos:

— ¿Habéis oído eso?

Todos agudizaron el oído y escucharon:

Ras, ras, ras, ras, ras…

Entraron en la cueva y oyeron, ahora más cerca, el extraño ruido.

Ras, ras, ras, ras, ras…

Papá ardilla se adelantó y se dirigió al rincón de donde venían los extraños ruiditos.

— ¡Mudita, estás aquí! — dijo gritando de la emoción.

La ardillita muda estaba aprisionada por la patita y no podía salir de allí. Entre todos lograron levantar la roca y dejarla libre.  

La familia de ardillas abrazó a Mudita con mucha fuerza y todos los amigos celebraron que estuviera viva y sana.