La insatisfacción crónica adquirida de los padres

Raquel Oberlander
Raquel Oberlander Periodista y publicitaria

Hace unos días terminé de leer uno de los tantos libros sobre una época nefasta de la humanidad como fue la Segunda Guerra Mundial. El libro titulado “La niña que miraba los trenes partir” y escrito por Ruperto Long se refiere a la historia de Charlotte una niña judía belga que junto a su familia logró sobrevivir a los horrores del Holocausto, manteniéndose escondidos durante cuatro años en sucuchos horripilantes y hasta el cubos de basura. Literalmente pasó meses junto a su hermano escondida en un armario al que solamente le llevaban un poco de agua y comida una vez al día. 

Pensaba entonces qué bendecidos somos quienes podemos preocuparnos porque nuestros hijos no comen suficientes verduras, o tienen problemas con alguna asignatura escolar, o no hacen todo el deporte que quisiéramos o se pasan horas frente a la computadora o las tabletas.

Si te preocupa la crianza... ¡siéntete bendecida! 

La insatisfacción crónica de los padres

A cada generación le toca lidiar con diferentes problemas, pero quienes vivimos en países libres, en hogares con calefacción, no padecemos escasez de alimentos y podemos disfrutar los avances de la medicina para prevenir enfermedades o reponernos de aquellas que aparecen, debemos mantener una sonrisa de oreja a oreja.

Que nos preocupe quienes son los amigos de nuestros hijos, que los profesores mandan demasiados deberes, o que no tenemos todo el tiempo que quisiéramos para compartir con los chicos, dentro de todo es un mal muy menor. Es cierto que siempre hay situaciones peores que las nuestras y que si nos dedicamos a comparar vamos a encontrar tanto peores como mejores. Pero también debemos relativizar esos acontecimientos que a veces nos angustian sabiendo que verdaderos problemas son los que siguen sufriendo las familias de Siria, que sin quererlo deben soportar una guerra atroz, o de países como Nigeria donde agrupaciones como Boko Haram secuestran niñas para convertirlas en bombas vivientes. 

Por eso, como escuché decir una vez en una conferencia al Dr. Julio Decaro: Si tu único problema es la “Insatisfacción crónica adquirida” estás a tiempo de cambiar. Según él insatisfacción crónica adquirida padecen las personas que, sin tener una condición mala o grave, tiene el arte de pasarla mal. Y en tono irónico agregaba que quienes padecen el estado más grave de esa enfermedad es quienes no saben lo que  quieren, pero se matan para conseguirlo.

Por eso mi propuesta es que mañana, al levantarte, respires hondo, agradezcas por las cosas buenas que te dio la vida, y empieces a hacer un plan para ocuparte de aquellas que quieres cambiar. Sabiendo que ni preocuparse ni angustiarse es el camino y que tenés condiciones más que favorables para educar a tus hijos con alegría y satisfacción.