La polémica moda de comerse la placenta tras el parto

Los supuestos beneficios de comerse la placenta humana

Patricia Fernández Pérez
Patricia Fernández Pérez Redactora en Guiainfantil.com

No es una nueva moda, sino que lleva unos cuantos años impuesta, desde que la famosa Kim Kardashian, y algunas otras más, como Alicia Silverstone decidieran añadirla a su menú tras el parto de sus hijos.

Comerse la placenta, da igual si es cocida, en batido o en pastillas, ha generado una polémica entre los que pregonan sus virtudes y los que, además de pensar que es una especie de canibalismo extraño, resulta hasta peligroso para la madre y el bebé.

Entonces, ¿es recomendable comerse la placenta tras el parto?

Los supuestos beneficios de comerse la placenta tras el parto

La controversia sobre si hay que comerse la placenta tras el parto

No se trata de hincarle el diente a este sanguinolento órgano humano al estilo Hannibal Lecter, en el Silencio de los corderos, sino que la receta tiene mucho más glamour, incluso podría incluirse dentro del recetario de la “nouvelle cuisine” del famosillo de turno. Algunos dicen que hay que congelarla para que no pierda sus efectos y comerla en rodajas dentro de los batidos matutinos; otros la hacen al vapor hasta deshidratarla y convertirla en polvo con el que hacen pastillas, y los hay que hasta les añaden especias como limón y ají jalapeño, y jengibre.

Da igual la forma de prepararla, lo que importa son sus supuestos beneficios para las parturientas.

Entre ellos figuran que favorece la subida de la leche, mitiga la depresión postparto y el dolor, reduce la hemorragia tras el nacimiento del bebé, y aumenta la energía y estado de ánimo.

El caso es que siento decir que, en los estudios realizados por científicos, (lejos de las opiniones de las madres placentófagas, en las que el efecto placebo puede haber actuado de manera positiva) no hay conclusiones que evidencien estas virtudes, y sin embargo sí hay casos de infecciones contraídas por zamparse la placenta y que han sido transmitidas de madres a hijos a través de la lactancia materna.

Las placentas sí tienen beneficios probados científicamente, como por ejemplo que sirven para recuperarse rápidamente de un derrame cerebral, que ayuda a regenerar el hígado y combate el cáncer de mama; esto añadido a la industria cosmética que ha encontrado la gallina de los huevos de oro en sus supuestos beneficios contra las arrugas por su alto contenido de ácido hialurónico y colágeno.

Aún así, tal es la afición que han cogido algunos a degustar esta casquería humana que en Francia, donde está prohibido sacar la placenta del hospital, un reciente padre escapó con la de su mujer metida en una caja por toda la ciudad, hasta que la policía le dio caza antes de que pudiera ni echarle sal al producto.

Es cierto que muchos animales mamíferos la ingieren al parir, pero no queda claro si es por instinto al intentar evitar que su olor atraiga a depredadores, o por si conocen los beneficios ocultos de su ingesta. Lo cierto es que en la sociedad actual, en la que no hay más lobos que los que nos acechan tras un mostrador o en los altos cargos de la economía, es mucho más seguro que el médico nos recete la pastilla de turno contra la depresión que hincarle el diente a una víscera mal conservada y que se sabe que filtra todas las toxinas de nuestro cuerpo.