Cuándo y por qué revisar las normas y límites que ponemos a los niños

¿Debemos revisar las normas que ponemos a medida que crecen los niños?

Jimena Ocampo Lozano

Las normas y los límites son necesarias para un adecuado desarrollo de los niños. Pero estas normas y límites han de adecuarse a la edad y  el momento del desarrollo del niño. No puede ser lo mismo lo que le pidamos a un niño de tres años que a uno de 13, por lo que estas deben cambiar.

Las normas y límites que ponemos a los niños deben estar presentes desde etapas muy iniciales pero estas han de ir modificándose, permitiendo un mayor nivel de autonomía y responsabilidad a los niños.

Por qué cambiar las normas que ponemos a los niños y cómo

revisar las reglas a medida que los niños crecen

Aunque también hay que tener en cuenta que hay una serie de normas básicas que deben estar presentes siempre, tengan la edad que tengan nuestros hijos, como son las normas básicas de convivencia, (no gritar, pedir las cosas pro favor y dar las gracias etc...)

Hay que recordar que las normas tienen que ser pocas, claras y bien comprendidas por parte del niño que tiene que saber lo que puede o no puede hacer, así como las consecuencias de incumplir lo acordado y las recompensas de cumplirlo.

Agrupando por edades, podemos establecer algunos puntos de corte en los que podríamos ir modificando esas normas y límites, por ejemplo:

1. De 0 a 3 años básicamente nos centramos en:

  • Manejar las rabietas. Importante este punto ya que les enseñamos a manejar la frustración que les genera no conseguir lo que quieren. Esto es fundamental, y que condicionará en gran medida el desarrollo posterior del niño. Si de pequeños siempre cedemos antes estas explosiones infantiles, cuando sean más mayores costará más reconducir estas situaciones.
  • Enseñarles autonomía: desde pequeñitos los niños pueden hacer muchas cosas por sí mismos, lo cual les ayuda a crecer y además les  da responsabilidades. Hábitos como lavarse las manos, vestirse, recoger sus juguetes.
  • Normas básicas de seguridad, como no correr por la calle, cruzar de la mano del adulto, etc...

En esta etapa las consecuencias tienen que ser acordes a su edad y a la norma no cumplida, poniendo especial atención a que es una etapa de aprendizaje, por lo que debemos asegurarnos que les hemos enseñado primero lo que les vamos a pedir y más importante aún, les hemos explicado las consecuencias.

2. Entre los 3 y los 6 años: seguiremos trabajando la autonomía, dándole más responsabilidades (poner la mesa, lavarse solo, hacer la cama...). Las normas y límites deben estar presentes y tendremos que seguir recordándoles las normas y las consecuencias de no cumplirlas, así como reforzar explícitamente las conductas adecuadas. Empezaremos a enseñarles el respeto a compañeros, profesores, adultos... Atender cuando les llaman, dar las gracias, pedir las cosas por favor, entender a los demás, cómo pueden sentirse, etc.

3. Hasta los 6 años es importante entender que a los niños les cuesta planificar conductas, anticipar consecuencias, ejecutar ordenes muy complejas, por lo que las normas y límites deben ser muy concretos y adecuados a sus capacidades. Así mismo tenemos que recordarles continuamente lo que pueden o no pueden hacer y explicarles las consecuencias tantas veces como sea necesario.

4. De los 6 a los 10 años: aunque en etapas anteriores puede haber algún problema de conducta, que se maneja más o menos bien, lo normal es que sea en esta etapa cuando aparecen o se hacen más agudos, y lo que nos valía con 4 años no nos sirve ahora. Son más autónomos pero también tienen una mayor identidad personal, por lo que pueden aparecer más contestaciones a las "órdenes" de los adultos, son más desobedientes o nos retan más. Por lo que se hace imprescindible en esta etapa reajustar normas, tareas, y consecuencias y que estas sean firmes. En esta etapa empiezan a prever las consecuencias de sus acciones, son capaces de pensar en lo que va a pasar si hacen tal o cual cosa, por lo que pueden ser responsables de sus actos , y las consecuencias deben ir encaminadas a eso, a que se hagan responsables y busquen soluciones a los conflictos que puedan generarse. Si por ejemplo, no trae los deberes a casa, una consecuencia acorde a esto puede ser que busque el la solución al problema, llamar a un amigo por ejemplo. Si lo hace, la consecuencia se queda ahí, pero si no lo hace, o no quiere hacerlo, puede perder un "privilegio" como ver la tele después de cenar.

5. A partir de los 11 años. Las normas y límites en estas edades van encaminadas a desarrollar la responsabilidad personal, en una etapa en la que reclaman mucho su autonomía. Para ellos es muy importante la "libertad" y poco a poco se vamos a ir dando, (quedar con amigos, hacer cosas solos, tener móvil...), pero teniendo en cuenta que si se saltan las normas, pueden perder (temporalmente) esos privilegios. En estas edades las normas y consecuencias pueden ser consensuadas.

Básicamente, las normas y límites deben estar presentes en todas las etapas, pero hemos de ir ajustando las consecuencias de su no cumplimiento según la edad de los niños, así como las "recompensas" o los refuerzos.  Es importante que sean coherentes con la edad y las capacidades de los niños a cada edad. El objetivo es ir poco a poco dándoles más autonomía y responsabilidades y, que sepan desenvolverse por sí mismos y ajustándose al entorno.

 

 

 

 

 

 

 

 

- Enseñar al niño a no sentirse obligado a hacer lo que no quiere (no enfocado obviamente a las tareas ordinarias)