Los 4 pasos para frenar a tu hijo cuando te diga 'te odio'

Cómo reaccionar y manejar las malas palabras que dicen los niños

Gabriela Matienzo
Gabriela Matienzo Psicóloga infantil

Quizá alguna vez les lanzaste a alguno de tus padres (o a los dos) un: 'Te odio'… ¿Recuerdas qué edad tenías? ¿recuerdas por qué fue y cómo te sentiste después? Si la respuesta es SÍ, tendrás claro que no lo decías en serio, ya sea que fueras pequeño o más joven. Seguramente recordarás que fue tu manera de mostrar tu frustración absoluta ya sea porque no te compraron algo que querías, porque te castigaron con algo que realmente te dolió, te negaron un permiso o algo similar que te llevó a ello. 

Te decimos cuáles son los pasos para frenar a tu hijo cuando te diga 'te odio'. Así es como debes reaccionar.

Los 4 pasos para frenar a tu hijo cuando te diga 'te odio'

4 pasos para frenar a tu hijo cuando te diga te odio

Si después de pensar en el momento en el que (siendo niño), dijiste un 'te odio ' a alguno de tus padres,  si sigues adelante en tus recuerdos, es probable que tengas claro que probablemente, no habías terminado de decirlo, cuando ya la culpa te estaba sofocando, aunque no fueras capaz de reconocerlo entonces.

Tratar de pensaren esos términos, nos ayuda a entender mejor una situación similar si nos toca ahora vivirla “del otro lado de la barrera” y en consecuencia, poder responder de la mejor manera.

Ahora trataremos de analizar la situación por partes:

1. Al inicio. Obviamente esta no es una situación que nos gustaría enfrentar pero que en ocasiones llega intempestivamente (en este caso nos vamos directo a las estrategias para después del bombazo), pero en otras, es el resultado de una serie de eventos que quizá podemos detener.

2. Postergar el detonante. Nadie como nosotros conoce a nuestros hijos y sabe qué detona lo peor en ellos… Si tenemos esto claro y empezamos a darnos cuenta que nos acercamos a un momento de crisis podemos esperar a que nuestro hijo esté más tranquilo para apretarlo.

- Por ejemplo, si está insistiendo con que le compremos algo, podemos decirle que por el momento es imposible pero que podemos diseñar un plan para que pueda tenerlo pronto y que lo hablaremos más tarde, sin darle un NO rotundo que puede frustrarle y llevarle a una expresión verbal negativa.

- Si lo estamos regañando por algo que hizo y queremos anunciarle la consecuencia, que sabemos que causará una reacción desbordada en él, podemos concluir el regaño y decirle que la consecuencia se la haremos saber más tarde, cuando los ánimos estén más tranquilos. Así no solo evitamos llevar la situación al extremo, sino que le modelamos que cuando estamos enojados es mejor esperar para evitar salirnos de control.

- Si se trata de un permiso en que está insistiendo de forma descontrolada, podemos decirle que es complicado, dejándole claras las razones, pero que lo decidiremos después. Así le damos tiempo para masticar la idea de que muy probablemente no pueda tenerlo y le damos la oportunidad de que pueda reaccionar de forma menos impulsiva.

- Y así según el tema que venga al caso. En  ocasiones esta técnica puede funcionar para evitar una crisis que puede terminar mal; sin embargo, muchas veces no es posible anticiparse, porque varias de estas reacciones se dan de forma impulsiva, es decir, el niño o joven no se detienen a pensar en lo que van a decir o a hacer, sino que sueltan lo primero que escoge su mente para causar daño.

3. Durante la crisis. Si desafortunadamente llegamos al momento de la frase tan temida u otras por el estilo, lo mejor que podemos hacer es no sobre-reaccionar y cerrar la discusión. No podemos sobre-reaccionar ante esta frase como si fuera cierta, debemos recordar en todo momento que el adulto somos nosotros y no podemos seguir esta discusión con más agresión o con un drama. Podemos mejor, decirle que sabemos que lo que está diciendo probablemente es producto de su emoción o su enojo; que no continuaremos esa conversación hasta que se tranquilice y no seguir inmersos una discusión que puede ocasionar más daños colaterales.

4. Después de la crisis. Para este momento probablemente tu hijo se siente realmente mal de haber dicho cosas hirientes y estará más receptivo a tener una conversación:

- Trata de ponerte en su lugar no para justificarle sino para entenderle y poder llevar la conversación en los mejores términos.

- Ayúdale a ponerle nombre a sus emociones. Trata de que hable contigo sobre cómo se sintió según su edad, si fue enojo, frustración, vergüenza, miedo, etc. Y platícale como te hizo sentir que te hablara así. Explícale que el hecho de que haya pasado esta vez, es una lección sobre cómo las cosas pueden salirse de control y que las palabras pueden hacer mucho daño si nos dejamos llevar por un impulso. Déjale claro que no le guardas resentimiento, pero que una reacción así no es aceptable.

Claro está, que si una situación así, se repite frecuentemente, es momento de buscar la opinión y el apoyo de un profesional porque puede ser que haya detrás una situación más compleja a la que poner atención.