Por qué a los niños les gusta decir palabrotas

Trucos para que los niños dejen de decir palabrotas

Patricia Fernández
Patricia Fernández Redactora en Guiainfantil.com

Llega un momento en la vida de todo niño, acerca de los cuatro o cinco años, cuando el dominio del lenguaje ya se lo permite, en el que aparece entre su escueto vocabulario una palabrota.

Entonces los padres hacemos dos cosas: o nos llevamos las manos a la cabeza y ponemos el grito en el cielo ante tan grande transgresión; o reírnos de la ocurrencia del niño.

Las palabrotas son un imán para los niños, pero ¿por qué? Te contamos por qué a los niños les gusta decir palabrotas.

La razón de que a los niños les guste decir palabrotas

Por qué a los niños les gusta decir palabrotas

No hace falta que sepan qué significan, las palabrotas son algo muy atrayente para los niños, ya que poseen cualidades que otras palabras no tienen.

Son muchos los motivos por las que a los niños les gusta decir palabrotas:

  • Las palabrotas tienen un fuerte sonoridad.
  • Son fáciles de pronunciar.
  • Provocan una reacción en todo aquel que las escucha.
  • Transgreden lo prohibido.
  • Llaman la atención.
  • Es buen método para expresar la ira o enfado que llevamos dentro sin necesidad de usar muchas palabras.
  • Nos imitan, o imitan a los amigos del colegio, y así se sienten parte del grupo.
  • Son divertidas de decir y, a veces, provocan las risas de los demás.
  • Les hace sentir mayores.

¿Qué podemos hacer cuando un niño dice palabrotas?

Si el niño es muy pequeño, y no sabe realmente lo que está diciendo, puede que esté probando cuál será la reacción que tendremos los adultos al escucharla. Así que, si se trata de algo puntual, lo mejor que podemos hacer es no darle importancia y hacer que no hemos oído nada, para que no vea ninguna reacción en nosotros. Si no hay reacción no tiene ninguna gracia decir la palabrota. Lo más importante es que decir palabrotas no se convierta en una costumbre desde el principio. Nunca reírle la gracia ni regañarle, sino ignorarlo.

El problema surge cuando el niño tiene más edad, es consciente de lo que dice, y se empieza a convertir en una costumbre. Entonces debemos seguir una serie de pautas:

1- No regañar demasiado. Si el niño busca nuestra atención de esta manera lo está consiguiendo, y por lo tanto perpetuamos la costumbre. Lo mejor es mostrarle nuestra desaprobación con un simple “eso no se dice”. Debemos explicarle al niño que sus palabras pueden herir y molestar a otras personas y, cada vez que diga alguna debemos recordarlo con un simple “no”.

2- Evidentemente debemos predicar con el ejemplo. Si tú dices palabrotas el niño también las dirá porque entenderá que es algo normal, y nos quedarán pocos recursos para luchar. Si se nos escapan delante de él, debemos pedir perdón e intentar no volver a decirlas.

3- Intenta enseñarle un vocabulario amplio en el que pueda expresar lo que siente sin necesidad de recurrir a las palabrotas.

4- Muéstrale que las palabrotas pueden ser una falta de respeto para otras personas, incluso aunque no se refieran a ellos.

5- Puedes desmontar su creencia de que todo el mundo conoce el significado de las palabrotas, diciéndole que no entiendes a qué se refiere, o qué quiere expresar con ellas; y pidiéndole explicaciones sobre lo que ha querido decir.

6- Proponle palabras alternativas que puedan ser divertidas, o inventadas que pueda usar con la familia o los amigos.

7- Si dice palabrotas habitualmente, intenta averiguar los motivos para poder poner el remedio.

8- Nunca perder los nervios. Reaccionaremos con calma y hablaremos con él cuando estemos más tranquilos.

9- Nunca desfallecer. Aunque diga muchas palabrotas hay que recordarle, a cada palabra, que no debe usarlas. Deberemos tener paciencia y perseverancia ya que a veces, si el niño está muy acostumbrado a decirlas, le costará trabajo y tiempo dejarlas atrás.

10- Si el niño persiste, podemos recortar algún privilegio como medida de control.

11- Podemos enseñarle que antes de decirlas cuente hasta 10 e intente buscar una palabra en sustitución, y convertirlo en un divertido juego de sinónimos.

12- También podemos sugerirle nosotros palabras alternativas a la palabrota. Por ejemplo: “Esta comida es una mierda”, nosotros le diremos: “lo que querías decir es que esta comida no te gusta ¿no?”

Evitar las palabrotas cuando están muy arraigadas en el niño no es fácil, pero con un poco de paciencia y tenacidad entenderá que hay formas más divertidas de usar el lenguaje.