8 trucos de madre para educar a los niños sin prohibir nada ni decir no

¿Qué ocurre en el cerebro del niño cuando todo el rato se le dice que No?

Lidia Nieto
Lidia Nieto Editora Jefe

'No saltes en el sofá', 'No pongas los pies en la mesa', 'No te metas tanta comida en la boca'. La palabra NO es el vocablo que más utilizo, a mi pesar, en mi vocabulario, sobre todo, cuando estoy en casa con mis hijas. Y no me gusta, porque tengo la sensación de que, según entro por la puerta, me convierto en una dictadora en lugar de en una madre feliz de poder estar con sus pequeñas. Quizás por eso, estoy haciendo un experimento que consiste en educar a los niños sin prohibir nada ni decir no. Acabo de empezar, pero si quieres acompañarme te cuento mis trucos de madre para conseguirlo.

Cómo educar a los niños sin prohibirles nada

Cómo educar a los niños ni prohibirles nada 

Lo primero, tengo que decir que sí, que se puede educar a los niños sin prohibir nada o sin tener que estar todo el rato con el no en la boca. Aunque eso sí, vaya por delante que cuesta mucho esfuerzo por parte de los padres, porque supone cambiar la forma de dirigirnos, de pensar y de expresarnos con ellos, ¡pero todo es práctica!

Igual que preparamos nuestro cuerpo para conseguir llegar perfectos a la operación bikini cada verano, ¿por qué no entrenar nuestra mente para crear un ambiente educativo más inspirado en la tan aclamada y reconocida disciplina positiva? ¡Empezamos! Para ello te pondré distintas situaciones reales que me han ocurrido y que te pueden servir de inspiración.

1. Evitar peleas entre hermanos
Mis hijas se adoran, pero también se odian por momentos, y esos momentos en los que se pelean son los peores. La mayor chincha a la pequeña, ésta le pega y ya se ha armado el lío. ¿Qué hacer? En lugar de poner el grito en el cielo y decirle eso de '¡No pegues a tu hermana!, explícale que si lo hace al final lo único que conseguirá es que no quiera jugar con ella y se aburra sola.

2. Mejorar el momento de la comida
Pones la sopa en la mesa y, en lugar de coger la cuchara para llevársela a la boca, tus hijas se dedican a jugar con los fideos. ¡Calma, para esto también hay una solución! Con tu mejor sonrisa, te acercas a su lado y les dices que es hora de comer y que si quieren jugar, en cuanto terminen hay un montón de juguetes esperándoles.

3. La relación con los juguetes 
Dicen que los pequeños de casa son más trastos y en mi caso se cumple. Mientras que mi primera hija cuida y mima toda sus pertenencias, la segunda las destroza desde el minuto uno. Más de una ocasión, yo le he espetado eso de '¡No rompas ese juguete!', pero para la próxima vez que me encuentre en esta situación, lo sustituiré por '¡Si quieres volver a jugar con ello, cuídalo!'.

4. Disfrutar del tiempo de ocio 
Cuando a un niño se le cambian los planes, ¡puede ocurrir una tragedia! Y es que si el pequeño cree que va a ir al parque, pero al final el plan es quedarse en casa, las malas caras surgen al momento. En este caso, hay que darle la vuelta a la tortilla. Cambia el '¡No vamos al parque!' por '¿Qué tal si nos quedamos en casa jugando?'. ¡Funciona! 

5. Llevar una alimentación sana 
Ir a los supermercados con los peques es una tentación para ellos. Por todos los sitios hay dulces, gominolas o snacks nada sanos. Además, están estratégicamente colocados para que el niño pueda cogerlos sin problema. Ante eso, nada mejor que ofrecerle una alternativa más saludable y divertida: '¿Quieres que cuando lleguemos a casa preparemos un postre o unas galletas con moldes divertidos?'. ¡Imposible rechazar semejante propuesta!

6. Enseñarles lo importante es su salud 
'¡No andes descalza por la casa, que te enfrías!'. No sé cuántas veces habré pronunciado la dichosa frase, pero parece que les entra por un oído y les sale por el otro. ¿Cómo conseguir que entiendan que lo hago por su bien y porque no quiero pasarme una mañana sí o otra también en la sala de espera de su pediatra?Simplemente, explicándoselo: '¡Sé que te encanta ir descalza, pero te puedes poner mala y tener que quedarte en la cama sin poder bajar al parque!

7. Transmitirles seguridad, no miedo 
Cuando voy a buscar a mis hijas al colegio, me doy cuenta de que yo no soy la única que está enviciada con el no. Algunas madres hasta que me superan y, desde mi punto de vista, pueden llegar a ejercer la sobreprotección sobre sus hijos. Y es que no podemos estar todo el rato diciéndole al niño 'No corras, que te vas a caer' o 'No saltes, que te vas a hacer daño', porque lo que conseguimos así es meterle al pequeño el miedo en el cuerpo. Lo mejor, advertirle de que ponga cuidado para que no se lastime, pero nada más.

8. Motivarles con los estudios
Uno de los primeros libros de educación y crianza que leí fue 'Todos los niños pueden ser Einstein' y me encantó, porque lo que venía a decir es que con la motivación adecuada, cualquier chaval puede llegar a ser un genio. De ahí que cuando tu hijo esté haciendo los deberes o llegue con las notas a casa y estas no sean buenas (o no tan buenas como tú querrías), baja las expectativas, cambia tu discurso del '¡No piensas!' o '¡No estudias!' y anímale a que lo logrará y que cuenta contigo para ello. 

Consecuencias de educar a tu hijo en el No

consecuencias del no en la educación de tus hijos

Después de los ejemplos que te he dado, te habrás dado cuenta de que la educación positiva puede sacar más cosas buenas de tu hijo que la negativa, ¿verdad? Sin embargo, por si queda alguna duda, aquí van algunas de las consecuencias para el pequeño de utilizar constantemente en no en la crianza:

- Se frustará
Estará tan acostumbrado a escuchar el no, que cuando quiera pedir algo, pensará que ya sabe la respuesta.

- Bajará su autoestima
Si empleamos todo el rato el no, el pequeño creerá que todo lo hace mal y eso afectará al desarrollo de su personalidad. 

- Se distanciará de ti
Se hará en su cabeza una imagen distorsionada de su padre y de su madre, una idea que no le gustará y que hará que se aleje de vosotros. 

- Confundirá el significado de la palabra no
Puede ocurrir que, al final, al niño le cueste discernir qué está bien o qué está mal, porque para él todo es no. ¡Mucho cuidado con esto!

- Perderá la motivación
Si todo lo que hace está mal y todo es un no, ¿para qué esforzarse? ¡Cambiemos esto!

- Estará todo el rato enfadado
E irritable, y es que en el ambiente de casa será tan negativo, que se pegará, y todos estaréis en modo enfado. 

- Dependencia
Al final el niño no sabrá qué puedo o no puede hacer y eso hará que no pueda desarrollar su autonomía y tenga una relación de dependencia mala contigo.