Cómo adaptarse a vivir la nueva realidad en familia con la COVID 19

Padres, madres e hijos tienen un reto por delante: aprender a vivir con el coronavirus

Begoña Ibarrola

La COVID 19 ha puesto patas arriba nuestra vida familiar, social y laboral, y nuestro mundo emocional. Las familias estamos aprendiendo sobre la marcha a vivir esta nueva realidad y estamos intentando llevar esta situación de la mejor manera posible. Hablar, expresar y reflexionar sobre lo que pensamos y sentimos nos puede ayudar, pero, ¿qué más podemos hacer para adaptarnos a vivir la nueva realidad en familia con la COVID 19?

Consejos para que las familias aprendan a vivir en la nueva realidad surgida por la COVID 19

familias realidad covid 19

Sabemos que la familia es un ecosistema donde los elementos que la componen son interdependientes, es decir, lo que le sucede a uno, le afecta al conjunto, provocando en algunas situaciones, como la actual pandemia, ciertas reacciones emocionales de malestar.

Pero es bueno saber que el bienestar y la salud depende también de factores biológicos, psicológicos y sociales, y por eso es tan importante la gestión emocional. Si queremos potenciar el bienestar de todos, adultos y niños, en esta nueva realidad que nos ha tocado vivir a causa del COVID 19, aquí os dejo algunas pautas y sugerencias.

1. Legitimar las emociones, comprenderlas y expresarlas en familia de forma adecuada, sin dañar a otros. Nunca es adecuado reprimir las emociones porque se pueden dar procesos de somatización y a la vez aumenta el nivel de estrés.

2. Aceptar un cierto nivel de malestar causado por los meses que nos ha tocado vivir y, sobre todo, por el nivel tan alto de incertidumbre en el que nos movemos cada día.

3. Hacer un listado entre todos de las cosas que sí podemos controlar y de las cosas que tenemos que asumir, porque no está en nuestras manos cambiar. Por ejemplo, no podemos evitar que llueva, si podemos ponernos un impermeable o usar un paraguas para no mojarnos.

4. Valorar la calma, como un estado emocional que nos va a proporcionar un mayor bienestar. Esta emoción, junto a la alegría, la confianza, la esperanza, el optimismo, etc.. permiten un aumento del sistema defensivo de nuestro organismo y a la vez sirven para evitar niveles altos de  miedo, ansiedad y estrés.

5. Buscar momentos para compartir en familia cómo nos sentimos. Poner nombre a las emociones ayuda a regularlas y así evitamos que ellas nos controlen a nosotros.

6. Planificar sin seguridad de poder cumplir los planes. Esto es importante porque nos ayuda a ser más flexibles y adaptarnos mejor a los imprevistos, pero a la vez nos impulsa hacia el futuro, y pone en marcha los mecanismos de la motivación. Planificar objetivos y metas realistas potencia la esperanza y una visión más optimista de la realidad.

7. Potenciar las emociones positivas como vacuna emocional contra el miedo que invade demasiado espacio en nuestra mente y en el entorno social. El miedo, como toda emoción, cumple funciones adaptativas, nos ayuda a protegernos, a ser prudentes, favoreciendo un estado de alerta, pero también se  debe regular para dejar espacio a otras emociones más saludables.

8. No podemos blindar a los hijos frente a las dificultades, pero como padres y madres debemos ayudarles a ser resilientes, fuertes, puesto que todos los seres humanos contamos con fortalezas internas. Si crecen en una burbuja, serán frágiles y tendrán más dificultades para afrontar los retos de la vida. Este es buen momento para ponerlas en funcionamiento y desarrollarlas.

9. Hacer que los hijos se sientan seguros y protegidos,  asumiendo que no existe en la vida el nivel de riesgo cero. Debemos diferenciar entre riesgo y peligro; nunca les vamos a exponer a peligros, pero no podemos evitar que asuman ciertos riesgos inherentes a vivir. Ni el hogar es un lugar 100 % seguro, lo dicen las estadísticas de accidentes domésticos, ni el parque, ni el colegio, ni la calle. Comprender esto, nos libra de tensiones innecesarias. Educarles para que aprendan a cuidarse, ahí está la clave.

10. Potenciar esta etapa como un tiempo para hacer cambios. Para descubrirse a uno mismo, para empatizar y cooperar con los demás. Puede ser un tiempo de mas creatividad, de compartir experiencias y conversaciones, de encuentro de corazones. Una etapa bonita e interesante que no teníamos programada y que se ha presentado de repente. Convirtamos el cambio en un reto, en lugar de una amenaza.

Cuentos que hablan a los niños de la nueva normalidad

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Ni en nuestras peores pesadillas pensamos que íbamos a vivir una pandemia como la que estamos sufriendo. Se trata de una situación excepcional e imprevista que aún estamos aprendiendo a gestionar. El estrés y la incertidumbre se han apoderado de nosotros y, en ocasiones, no sabemos cómo asimilarlo y cómo transmitírselo a nuestros hijos.

Para apoyar a nuestros retoños y darles herramientas, los cuentos pueden ser una buena opción. Historias que les permitirán aprender a crear resiliencia y aprender a confiar en sus recursos internos y en las personas que les protegen. Y es que, en este momento más que nunca, es necesario cuidar nuestro mundo emocional. ¿Quieres conocer la historia de dos hermanos que vuelven a las clases después del confinamiento? ¡Atentos a este relato y muchos más que tenemos para ti!

Los gemelos Sara y Victor vuelven al cole. Por un lado, están deseando ver a sus amigos y profesores, pero también tienen miedo y están nerviosos. El encuentro con Elena, su nueva profesora, les ayudará a descubrir cosas interesantes sobre ellos mismos y a ver la realidad con una mirada más amable y positiva.

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