El camino de ilusión emprendido hasta celebrar mi primer Día del Padre

El testimonio de un padre desde el embarazo hasta el día en el que celebra su primer Día del Padre

Borja Quicios
Borja Quicios Psicólogo educativo

Siempre que escribo artículos lo hago desde el punto de vista del psicólogo educativo. Hoy, en cambio, voy a cambiar de prisma. Lo haré desde una perspectiva totalmente nueva para mí: ser padre. Quiero compartir con vosotros el camino de ilusión que he emprendido ya hace unos meses y que me ha llevado ahora hasta celebrar el que será mi primer Día del Padre.

Hace ya un mes desde que nuestra hija está con nosotros y, sí, nuestras vidas han cambiado. Su llegada ha supuesto ajustar nuestras rutinas de siempre (¡Ojo!, no perderlas), además algo ha cambiado también la forma en la que nos vemos a nosotros mismos y de vivir la vida.

Los primeros pasos de mi camino hacia mi nuevo papel

El camino para celebrar mi primer Día del Padre

La llegada de un nuevo miembro a casa ha supuesto incertidumbre, dudas, cambios, imprecisiones, etc. Además, es cierto eso que dicen: los niños no vienen con libro de instrucciones. En mi caso, yo tengo suerte. Gracias a mi profesión y a haber trabajado durante casi 10 años en una escuela infantil no me pillan de nuevas cosas como: los cambios de pañales, los diferentes tonos que utiliza cuando llora, etc.

Se agradece la experiencia adquirida. Pero, aun así esto no me exime de tener inseguridades. Lo único que me queda claro es que voy a optar por dejar de lado las dudas para centrar todo mi esfuerzo en cuidar y educar a mi hija lo mejor que sepa y pueda.

Como futuro padre, aparte de ser soporte emocional durante el embarazo intenté seguir a rajatabla el 'manual para ser buen acompañante de la madre'. Aspiraba a hacer todo lo que nos aconsejan, o que alguna vez he aconsejado yo en alguno de mis post. Entre todas las cosas que pretendía hacer estaban:

1. Acompañar a mi pareja a los controles médicos
Fui a todas y cada una de las ecografías para ver el bebé. He de decir que fue una de las experiencias más bonitas de mi vida y muy positiva.

2. Buscar información
Gracias a todas las búsquedas que he hecho durante el embarazo y ahora, pueden hacerme socio fundador de Google. Ha sido una herramienta básica para la exploración en busca de información sobre lo que va ocurriendo durante el desarrollo de la niña. Como ya os decía, tengo la suerte de saber bastantes cosas gracias a mi profesión, pero las inseguridades siguen ahí y tampoco soy 'todólogo'.

3. Hacer los preparativos
Esta también ha sido divertida. Para empezar comprar la ropa. ¿Habéis visto los modelitos que hay ahora para bebés y niños pequeños? Es una locura. En menos de un mes mi hija ha ido vestida de Supergirl, de Batgirl y Wondergirl en el apartado de superheroínas; con tutú, en modo princesa; peleles, los más cómodos para dormir; y un largo etcétera que, si tienes suerte, le cabe más de 2 semanas.

4. El montaje de la cuna
Otro de los apartados de los preparativos y que se merece un punto y aparte fue el montaje de la cuna. Para poneros en situación he de deciros que en mi casa no se sigue esa regla de que los enchufes los arregla el chico. Ese micro machismo, como se llama, ahora no ha 'cruzado la puerta' de nuestra casa. Cuando vi las instrucciones de montaje me entró hasta fiebre y me planteé muy seriamente que la niña podía dormir toda la vida en nuestra cama antes que meterme en la obra que parecía el montaje de tremendo armatoste.

El día que me dispuse a armar la cuna me levanté más temprano que cuando voy a trabajar, por si la cosa se alargaba y había que pedir refuerzos, y para mi asombro en 1 hora y media lo conseguí. Podéis imaginaros cómo se infló mi ego y subió mi autoestima. Ese día era capaz de dar consejos de bricolaje y hasta se me pasó por la cabeza comprarme una caja de herramientas.

5. Acompañar a las clases de preparto
Vale, no todo iba ser perfecto. Aquí me desinflé. Y eso que lo intenté. Pedí la tarde libre y en la primera clase acompañé a mi pareja. La clase estaba abarrotada, tanto que tuve que sentarme en el suelo (después de 2 horas y media tuve que utilizar las instrucciones de la cuna para reconstruirme la espalda).

Llamadme insensible pero durante todo ese tiempo no escuché nada que mi sentido común ya no supiera. Solo saqué en claro que había que hacer un plan de parto, que dar a luz era como un orgasmo y que en el hospital no utilizaran ninguna técnica 'intrusiva'. En la siguiente clase, mi pareja fue sin mí y yo seguí trabajando.

¿Pero esto del parto no decían que era bonito?

El testimonio de un padre acompañando a su mujer en el parto

Y llegó el día. Bueno, casi. Todo empezó un martes a medio día, y yo estaba trabajando. Cuando me llamaron me presenté en el hospital. Después de 2 horas allí nos dijeron que nos fuéramos a casa que aún no había dilatado y volviéramos en un rato.

Volvimos, claro, las contracciones eran tan dolorosas para mi pareja que me dolían hasta a mí. Nueve horas después de que todo empezara ya nos ingresaron. Bendita epidural que calmó todos los dolores de la madre... y por somatización del padre. Todo se estaba alargando tanto que el efecto de la epidural se pasó y en ese momento comenzó el parto.

Recuerdo que me dijeron: "estate a atento a que no utilicen técnicas intrusivas”. Pues las vi de todos los colores: Ya empezó con la maniobra de Hamilton 2 días antes, siguió con la ruptura artificial de la bolsa y acabó con la maniobra de Kristeller. Esta última ya no la vi porque no pude estar dentro.

En resumen, el 'plan de parto' en nuestro caso no fue de mucha utilidad. Ir con una idea preconcebida no es aconsejable. Todo vino de repente y en la situación de tensión viendo como sufre tu pareja al final solo te queda dejar hacer a los profesionales y ponerte en sus manos. Hacer lo contrario desde mi punto de vista solo entorpece. Todo acabó con una niña sana y una madre recuperada. El padre en ese momento es un mero observador que ayuda cuando le dicen en todo lo que puede.

De todo esto solo queda una verdad. Cuando tu hija está en los brazos de su madre y luego en los tuyos, todo lo anterior se olvida por completo. Y por eso, cuando te preguntan cómo es ser padre, respondes: es muy bonito.

¡Ya soy padre! Ahora todo el mundo también lo es

El primer hijo de un padre

Qué ilusión y qué responsabilidad. Lo que tengo claro para llevar a cabo este nuevo rol es que lo voy hacer siguiendo mi razón. Elegir hacer caso de lo que nos dicen o no, pero con la certeza de que los que decidimos somos nosotros.

No os voy a descubrir nada nuevo hablando de la intromisión y de la capacidad de aconsejar y opinar que adquiere todo el entorno. Es como vivir en Twitter pero en la propia realidad, donde todos tienen la verdad absoluta.

Pero entre todos los consejos que me han dado, el ganador es: 'No la cojas en brazos que la mal acostumbras'.  Y yo me pregunto dónde va estar mejor la niña que al calorcito de su madre o su padre.

Entiendo que será mejor cogerla en brazos y achucharla ahora que cuando tenga 17 años, en el auge de la adolescencia. Os recuerdo que mi espalda después de lo de los cursos preparto no ha vuelto a ser la misma, así que imaginaros cuando yo cumpla 52...

Qué ilusión, mi primer Día del Padre

Y si no fuera todo bonito e ilusionante, además voy a celebrar por primera vez el Día del Padre. ¡Eh! No seáis mal pensados que no es por los regalos... Lo que realmente celebraré será el primero de muchos días recordando que una de las cosas más bonitas que te pueden pasar es cuidar de tu hija.

Pero, no dudéis que también me regocija la idea de que una vez celebre el Día del Padre ya seré capaz de cumplir con orgullo esa gran expresión española que dice: “cuando seas padre comerás huevos”.