Síndrome de piernas inquietas en niños - ¿Cómo puede afectar a mi hijo?
El SPI se trata de una necesidad que tiene el pequeño de mover las piernas constantemente
- ¿Por qué hay niños que sienten la necesidad de mover las piernas?
- Causas y síntomas habituales del síndrome de piernas inquietas en niños
- Cómo se hace el diagnóstico en los niños de este trastorno neurológico
- ¿Cuál es el tratamiento más adecuado para el SPI que padece mi hijo?
El síndrome de piernas inquietas en niños (SPI), también llamado enfermedad de Willis-Ekbom, es un trastorno neurológico crónico que se caracteriza por una necesidad de mover las piernas en situaciones de reposo y que desaparece si el cuerpo está en movimiento. Estas molestias empeoran al final del día, sobre todo en la noche y se alivian con el movimiento. El SPI afecta de forma severa entre el 2 y el 3 por ciento de la población infantil a nivel mundial.
¿Por qué hay niños que sienten la necesidad de mover las piernas?

Hay padres que ven que su hijo no puede quedarse quieto en el sofá, mueve las piernas en la cama, tarda en dormirse o se queja de una sensación rara que no sabe explicar. Y entonces no saben si se trata de una manía, un tic nervioso, ansiedad o algo más. Si bien no siempre es síndrome de piernas inquietas, si ocurre con frecuencia y afecta al sueño del pequeño, es mejor observarlo.
La causa del SPI es compleja y no del todo bien establecida, aunque existen varias hipótesis como que puede ser producido por una alteración de los neurotransmisores (el receptor D2 de la Dopamina). Los neurotransmisores son sustancias que permiten las conexiones entre las neuronas, ocasionando variaciones en las sustancias que permiten la comunicación neuronal.
Se ha relacionado con un déficit de hierro (anemia ferropénica), ya que este interviene en el funcionamiento adecuado de los neurotransmisores. A veces el niño no tiene anemia visible, pero sí reservas bajas de hierro. Por eso, si el pediatra sospecha SPI, puede pedir ferritina y análisis para valorar si el hierro está influyendo. No hay que dar suplementos de hierro por cuenta propia.
Existe también un componente genético importante, y es que el 70 por ciento de los niños y adolescentes con SPI tienen algún familiar de primer grado con SPI, que por lo regular es la madre. Además se ha descrito en niños con insuficiencia renal y hepática, neuropatías periféricas, diabetes mellitus, algunos tipos de ataxias hereditarias de inicio precoz y lesiones medulares.
Causas y síntomas habituales del síndrome de piernas inquietas en niños

El SPI puede confundirse con otras situaciones como cansancio, estrés, exceso de pantallas antes de dormir, necesidad de movimiento, tics, hábitos repetitivos, calambres, dolores de crecimiento o la inquietud propia de los niños. La diferencia es que en el SPI hay una molestia interna en las piernas que aparece en reposo, empeora por la tarde o noche y mejora al moverlas.
Debido a lo anterior, el SPI crea en los niños una necesidad urgente de mover las piernas, sobre todo, cuando el pequeño se encuentra en una posición de descanso o inactividad, por ejemplo, cuando están sentados en clase, viendo televisión o en el coche. Puedes sospecharlo si tu hijo dice cosas como: 'me pican las piernas', 'me hormiguean', o 'siento cosquillas por dentro'.
Estas molestias mejoran parcial o totalmente por movimientos como caminar, agacharse, estirarse y empeoran durante la tarde-noche. Muchos niños, al tener este malestar en las piernas, tienen necesidad de querer correr y manifiestan una sensación de hormigueo en las piernas que solo calma con el movimiento. Si el cuadro se prolonga durante horas, puede desencadenar trastornos del sueño.
Lo anterior puede producir alteraciones de conducta, comportamiento agresivo y/o síndrome de hiperactividad, incluso se han descrito síntomas depresivos y cuadros de ansiedad. Lo que más preocupa a los padres es que el niño duerma mal, se despierte cansado o parezca 'hiperactivo'. Por eso, cuando hay mala calidad de sueño o malestar emocional, no se debe dejarlo pasar.
Cómo se hace el diagnóstico en los niños de este trastorno neurológico

Debes consultar al pediatra si el movimiento de piernas ocurre casi todas las noches, si impide a tu hijo dormir, si el niño se queja de dolor u hormigueo constante, si necesita levantarse para aliviar los síntomas, si está muy cansado en el día o si hay antecedentes familiares de SPI. Pon especial atención si notas palidez, cansancio intenso o hay una sospecha de anemia.
Básicamente el diagnóstico es clínico, es decir, por la presencia de los síntomas, y por supuesto el antecedente de familiar con SPI, se deben realizar estudios. Es importante una evaluación por parte del pediatra, ya que en muchos casos el SPI puede ser confundido con dolores de crecimiento, trastorno por déficit de atención e Hiperactividad (TDAH) o calambres musculares.
Además el pediatra es quien determinará realizar estudios de laboratorio (hemograma, glicemia, transaminasas, parámetros de función renal y ferritina, y examen de orina). El diagnóstico se hace porque se repite un patrón, como molestia en las piernas, necesidad de moverlas, aparición en reposo, empeoramiento por la noche y alivio solamente con el movimiento.
Antes de la consulta, ayuda mucho anotar durante un periodo de una o dos semanas a qué hora aparece, qué dice el niño que siente en cada ocasión, si mejora al caminar o estirar, cuánto tarda en dormirse, si se despierta abruptamente, si mueve las piernas dormido y cómo está al día siguiente. Esta información es mucho más útil que decir solamente 'mueve mucho las piernas'.
¿Cuál es el tratamiento más adecuado para el SPI que padece mi hijo?

El tratamiento para el síndrome de piernas inquietas en niños es individualizado y de acuerdo a los síntomas, pero sí es importante que desde casa los padres adopten ciertas medidas para una mejora de este trastorno:
- Fijar un horario regular de sueño
- Evitar comidas copiosas y alimentos estimulantes como el chocolate
- Eliminar el ejercicio intenso en las horas previas a acostarse y reducir actividades estimulantes como ver televisión o jugar videojuegos
- Realizar actividades deportivas como natación, baloncesto, fútbol o yoga
- Llevar a cabo baños de agua caliente antes de ir a dormir o masajes, también resulta útil la fisioterapia
- En casos severos, el pediatra autorizará el uso de medicamentos
- Si hay déficit de hierro, se pueden indicar suplementos
Finalmente, no todos los niños que mueven las piernas tienen síndrome de piernas inquietas, ya que puede tratarse de un hábito, un tic, ansiedad, mucho cansancio, dolor de crecimiento o simple inquietud. Sin embargo, si la necesidad de moverlas aparece durante el reposo, empeora por la noche, mejora al caminar y afecta el sueño o el ánimo, se requiere de valoración pediátrica.
Para una madre preocupada, saber esto trae calma: no se trata de alarmarse ni de pensar de inmediato en un problema grave, sino de observar cuándo ocurre y si ese movimiento está afectando su descanso o su conducta. Acudir al pediatra permite descartar más causas, verificar si hay falta de hierro o si existe algún trastorno del sueño para encontrar la mejor forma de tratarlo.
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Bibliografía
- Shelov, S., Remer Altman. T. (2009) Caring for your baby and young child: Birth to age 5. Bright Futures: Guidelines for Health Supervision of Infants, Children, and Adolescents (ed.). Academia Americana de Pediatría. Estados Unidos: Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, pp. 1-24 Disponible en: https://www.cdc.gov/ncbddd/actearly/pdf/parents_pdfs/ltsae_booklet_milestonemoments_span-readerspreads_web-ready_7.22.11.pdf