Qué es mejor: ¿un niño perfecto o un niño feliz?

Una amiga me contó que en la clase de la hija hay tres alumnos que tienen un alto nivel académico, una de las niñas que sacaba asiduamente buenísimas notas, lloraba amargamente (con tan sólo 10 años) porque los otros dos habían sacado un sobresaliente y ella, en esta ocasión, un notable. Esto que parece un absurdo, es algo que resulta preocupante. ¿Cómo es posible que esta niña no pueda disfrutar de sus logros académicos o que una nota algo más baja suponga para ella un gran disgusto y tristeza?

Cómo educar a niños felices

Cómo educar a niños felices

Me pregunto si es mejor un niño feliz con notas aceptables, que un niño brillante que siempre esté rivalizando y no sea capaz de saborear el éxito ni se esté satisfecho de lo conseguido con su esfuerzo. Tampoco me parece saludable que los compañeros de clase no sean vistos como compañeros de aventura y amigos, sino como rivales o adversarios. Creo que detrás de muchos de estos sentimientos y actitudes, están unos padres extremadamente exigentes con sus hijos, padres que, con quizás buenas intenciones, intentan potenciar habilidades de sus hijos, pero que exigen de ellos una perfección imposible. ¡Nadie es esta vida puede experimentar únicamente éxitos! Tenemos que preparar a nuestros hijos también para el fracaso y para la superación de algún contratiempo con una actitud positivay valiente.

Nuestros hijos deberían conocer el valor del esfuerzo y de la alegría, sin atender únicamente a los resultados obtenidos (no siempre la persona con más capacidades intelectuales es la que mejor se maneja por la vida). El árbol más maravilloso, no siempre produce frutos buenos. La poda de las ramas, el abono, la lluvia son condiciones imprescindibles para recoger un buen fruto, nosotros debemos saber proporcionar a nuestros hijos estos cuidados y saborear juntos los frutos del esfuerzo.

No debemos presionar a los niños exigiéndoles continuos éxitos, tratando con vergüenza los fracasos o haciendo constantes comparativas. Si nos ponemos a buscar, siempre encontraremos a alguien más alto, más guapo y más listo. Mirémonos al espejo y midamos con el mismo rasero que a nosotros a nuestros hijos. Potenciemos la autoestima de nuestros hijos, recompensando su esfuerzo, valorando su trabajo, estimulando sus ganas de aprender, ayudándoles en sus frustraciones y caminando con ellos con comprensión y cariño. Nuestro hijo debe saber que para nosotros él siempre es el mejor.

Patro Gabaldón