Cuál es el mejor aprendizaje para un niño

La mejor formación de los niños no está en las escuelas

La mejor formación que puede tener un niño, no se da en la escuela; entonces ¿Dónde se da?, ¿cuál es el mejor aprendizaje para el niño si no es en las aulas con sus profesores? La respuesta está más al alcance de la mano de todos;  es el juego.

¿Os habéis parado a pensar todo lo que le aporta a nuestro hijo el jugar libremente? El juego tiene un sinfín de beneficios para él niño.

¿Cuál es la actividad que realmente necesita y demanda cualquier niño? Hay una actividad innata en ellos que es el “el juego”. Hago referencia al “juego libre”, ese que surge de forma espontanea, no programado ni dirigido por adultos; porque cuanto más estructurado es el juego, menos juego es.

Se trata de una forma natural de aprendizaje, es una actividad placentera, crea satisfacción porque a través de él explora, prueba, estimula su curiosidad, asume el error con normalidad, esto le ayuda a superarse a sí mismo y afrontar retos personales. 

Cuál es el mejor aprendizaje para un niño

Cuál es el mejor juego para un niño

El juego, como fin en sí mismo, es uno de los aportes conceptuales que nos dejo Piaget, un psicólogo, biólogo y epistemólogo suizo, en su teoría constructivista del desarrollo de la inteligencia en la infancia. El juego es una importante vía de aprendizaje. Según él, las necesidades emocionales e intelectuales de un niño no se satisfacen si tienen que adaptarse continuamente a su entorno, mediante el juego libre el entorno se adapta a ellos, sin restricciones ni sanciones.

“El juego es un fin y un medio”, así es como lo definió Fröebel, un pedagogo alemán, creador de la educación preescolar y del concepto de Jardín de infancia. Es un fin porque es la manifestación libre y espontánea del interior, y es un medio en cuanto que el juego representa un trabajo creativo, educación para el trabajo.

Es una vía para dejar volar su imaginación, los utensilios que necesite para su juego, y no los tenga, los inventará, con su imaginación hará que sean reales.

Es una oportunidad para que el niño exprese sus sentimientos negativos y positivos, que le ayudan a su equilibrio emocional, y nos ayudará a nosotros como padres, a detectar algún problema que tenga nuestro hijo que no ha podido exteriorizar.

Un momento ideal para que desarrolle sus funciones físicas, psicomotrices, sociales, que practique y ensaye mediante juegos de imitación, la vida adulta como jugar a oficios, o a ser papas, abuelos etc..

Si a nuestro hijo le dejamos poca libertad de juego y movimiento, le privamos de jugar solos, siempre les guiamos en los juegos; el niño acumulará tensión, y en algún momento esa tensión se manifestará en forma de rabieta. Por supuesto que debemos supervisar el juego, el niño siempre tiene que estar bajo la vigilancia de un adulto “presencia pero no interferencia”, estaremos presentes para cuando nos necesite. 

A mí me apasiona ver a mis mellizos jugar, alucino con su capacidad inventiva, con sus ocurrencias, la imaginación que desprenden.. Aprendo mucho de ellos, me da envidia verles jugar, quiero sentir ese placer de jugar libremente que los adultos perdemos al madurar.

¿Quizás deberíamos ser menos adultos y más niños?... ahí dejo esa reflexión.