Cuánta libertad debemos dar a los niños

Cómo ir dando libertad y autonomía al niño a medida que crece

Uno de los grandes objetivos de los padres en la educación de sus hijos es que desarrollen su autonomía. Se les enseña a ser responsables y se les fomenta que sean personas independientes.

A medida que los niños crecen y van adquiriendo capacidades, los pequeños buscarán libertades que antes no demandaban. Esto se convertirá en un desafío tanto para las familias como para los educadores. Los conflictos entre padres e hijos aparecen desde la preadolescencia, pero sobre todo se darán en la adolescencia siendo esta la etapa más complicada. Es una pregunta muy habitual entre los padres: ¿cuánta libertad dar a los niños?

Qué y cuánta libertad dar a los niños

cuánta libertad dar a los hijos

El estilo educativo que utilicen los padres es clave para el establecimiento de límites dentro de los cuales los hijos puedan moverse con seguridad. Ser autoritario o permisivo será relevante para la relación entre los progenitores y los pequeños debido al grado de vigilancia que establecen los padres frente a sus hijos para fijar los “márgenes” de sus libertades.

Es importante que desde las primeras etapas se fomente la autonomía, la negociación y las responsabilidades del niño estableciendo normas y límites claros para minimizar los conflictos que se dan en la adolescencia por la búsqueda de libertades. Los límites han de fijarse con instrucciones claras y específicas. Además, hay que dar opciones razonables de elección a los pequeños, ya que cuando existen varias elecciones están más dispuestos a aceptar consejos.

Consejos para dar permisos y libertades a los hijos

A la hora de dar libertades a los niños, los progenitores deben tener en cuenta que para otorgar permisos se debe hacer de manera progresiva. Es decir, dárselos a medida que los niños van demostrando que son capaces de cumplir con las exigencias. Cuando los niños incumplen los acuerdos establecidos y negociados para que se les dé permiso, estos se pueden suspender por parte de los padres. Así los niños aprenderán a gestionar adecuadamente las libertades otorgadas.

Además, los padres deben de ir formando el criterio de sus hijos para que distingan entre diversas situaciones y prevenirles de riesgos. La mayor responsabilidad como padres es la salud y la protección de los hijos. El niño necesita saber que los padres prohíben ciertas actividades y opciones porque amenazan esta seguridad. Por ejemplo, si los padres le niegan alguna petición a su hijo de 7 años que no consideran oportuna para la etapa de la vida en la que se encuentra, esta negativa a de ser clara y no por imposición. El niño se enfadará porque no le autorizan pero cuando sea más mayor lo agradecerá.

Según vaya incrementando el nivel de madurez del niño, desde las primeras etapas los padres pueden ir dándole mayor independencia. Los padres pueden hablar con sus hijos sobre las consecuencias que tienen sus decisiones. Ayudarles a entender que existen buenas y malas decisiones y que saber la diferencia entre una y otra puede marcar para el futuro.

Los padres han de encontrar el equilibrio entre la imposición de las reglas y la excesiva permisividad de sus actos. Lo mejor es guiar a los hijos sin controlarlos, sin sobreprotegerles, dejando que cometan sus propios errores resolviendo sus propios problemas y tomando sus propias decisiones. Gracias a ello desarrollan las habilidades necesarias para encontrar la autonomía que les dará libertades.