Las cabras testarudas. Cuento infantil popular de Puerto Rico

Un cuento popular de Puerto Rico sobre la perseverancia para los niños

Los cuentos tienen para los niños innumerables beneficios. No solo potencian su capacidad de comprensión, su memoria e imaginación. También son importantes vehículos de transmisión de una cultura. De ahí que se vayan transmitiendo generación tras generación una serie de cuentos y leyendas populares, que comenzaron contándose de forma oral y que ahora tenemos por fin la posibilidad de recuperar su versión escrita.

'Las cabras testarudas' es uno de esos cuentos populares llenos de enseñanzas para los niños. Nos llega desde Puerto Rico, y habla  los niños de confianza en sí mismos y en la importancia de perseverar para conseguir todo lo que se proponga. Si son capaces de afrontar los obstáculos y dificultades con determinación e inteligencia, conseguirán superarlos. 

Las cabras testarudas, un cuento popular de Puerto Rico para los niños

Las cabras testarudas

Cuentan los mayores a los niños de Puerto Rico una bella historia sobre la que podemos reflexionar... y dice así:

Había una vez un muchacho que trabajaba como pastor en Puerto Rico. Todos los días llevaba a sus cabras a pastar en libertad a la montaña. Al atardecer, el muchacho llamaba a sus cabras con un potente silbido, y estas obedecían y llegaban hasta él. Era la hora de regresar a la granja, y todas volvían en orden sin separarse de él.

Pero un día ocurrió lo siguiente: el pastorcillo silbó como de costumbre, pero las cabras no regresaban. Él las gritó y seguían sin hacer caso. Y desesperado, después de gritar y gritar y ver que seguían sin obedecer, se sentó en una piedra a llorar.

Entonces llegó un conejo. Se quedó mirándole y preguntó:

- ¿Por qué lloras, muchacho?

Y él contestó:

- Mis cabras no me hacen caso. Y si no consigo que regresen a la granja, mi padre se va a enfadar mucho y me castigará.

El conejo, pensativo, contestó:

- No te preocupes, yo te ayudaré. Yo las haré regresar.

Y el conejo se acercó a las cabras y comenzó a gruñir para que andaran, pero las cabras seguían pastando sin inmutarse. El conejito, frustrado, se sentó junto al pastor en la piedra y también comenzó a llorar. 

Y en esto que pasó por allí una zorra y preguntó:

- ¿Pero por qué lloras, conejito?

- Ay, zorrita, lloro porque el pastorcillo está llorando porque si no consigue que sus cabras le hagan caso y le sigan hasta la granja, su padre le castigará. 

- Oh, no te preocupes. Seguro que yo lo consigo. Voy a intentarlo.

La zorra llegó hasta las cabras y comenzó a aullar con todas sus fuerzas. La verdad es que daba bastante miedo, y sin embargo, las cabras seguían pastando tan tranquilas. Desesperado, se sentó junto al conejo y el pastor, y empezó a llorar.

Y entonces apareció un lobo, con cara de ser bastante feroz, y preguntó:

- Pero zorrita, ¿por que lloras?

- Ay, lobo, es que el conejo llora porque el pastor se puso a llorar porque las cabras no le hacen caso y si no consigan que le sigan, su padre le castigará.

- Uy, déjame eso a mi, zorrita. Yo conseguiré que las cabras se muevan. 

Y el lobo, con su presencia feroz, se acercó hasta las cabras y aulló con todas sus fuerzas, enseñando bien los colmillos afilados. Pero las cabras parecían no ver nada. Ahí seguían en el campo pastando tan tranquilas. El lobo, sorprendido, se fue con el resto de animales y el pastor y comenzó a llorar.

En esto que se acercó volando una pequeña abeja y al ver aquello, preguntó...

- Pero lobo, ¿por qué lloras?

- Ay, abeja, es que la zorrita llora porque el conejo llora porque el pastor estaba llorando porque sus cabras no le hacen caso y si no consigue que regresen a la granja, su padre les castigará. 

- ¿Es eso? Pues no te preocupes, que yo sé cómo hacerlas volver. 

- ¿Con lo pequeña que eres?- contestó el lobo- ¡No te harán caso!

La pequeña abeja, aunque dolida por esas palabras, decidió intentarlo. Así que se fue hacia el rebaño de cabras y empezó a zumbar cerca de ellas con todas sus fuerzas. La verdad es que era un zumbido muy molesto, así que las cabras dejaron de comer para intentar taparse los oídos. Sin embargo, no se movían de su sitio.

La abejita no se dio por vencida y decidió probar algo diferente... Fue entonces cuando la abeja enseñó su aguijón y se lo clavó a una de las cabras, la más anciana, y que además era la lideresa del rebaño. La cabra, al sentir el picotazo, salió corriendo hacia la granja despavorida. Y las demás cabras, al ver que su lideresa regresaba a la granja, la siguieron. 

El pastor,  el conejo, la zorra y el lobo miraron asombrados la escena. Después miraron a la pequeña abeja, muertos de la vergüenza por no haber creído en ella. El pastor la pidió perdón:

– No sabes cómo lo sentimos, abeja. Nos reíamos de ti y nos has dado a todos una gran lección. Muchas gracias por ayudarme.

- No hay de qué, pastorcillo- Y sonriendo, se alejó por donde había venido.

El pastorcillo agradeció a todos su ayuda y regresó a su casa pensando en la gran lección que acababa de aprender ese día: Lo importante no es ser más fuerte ni más grande. No es ser más agresivo. Lo importante es confiar en uno mismo y perseverar hasta el final.

Preguntas de comprensión lectora para tu hijo

Ayuda a tu hijo a comprender el significado del mensaje que quiere transmitir este fantástico cuento. Te ayudamos con estas tres preguntas:

- ¿Por qué lloraba el pastor?

- ¿Qué animales le intentaron ayudar? ¿Cuál de ellos lo consiguió?

- ¿Por qué logró el animal más pequeño conseguir que las cabras se movieran?