Cinco errores que cometemos los padres al educar a los hijos

Raquel Oberlander
Raquel Oberlander Periodista y publicitaria

Todos, o casi todos los padres quieren a sus hijos. Algunos de ellos se preocupan por educarlos de la mejor manera posible, y otros simplemente conviven, dejando que las cosas fluyan y más adelante cuando surgen problemas se preguntan, ¿por qué mi hijo se porta mal? ¿por qué tiene bajo rendimiento escolar?  y piensan que con unos gritos o rezongos, casi siempre inútiles y estériles, van a solucionar algo.

La verdad es que criar exige tiempo, paciencia, calma, comprensión, y así y todo, a veces las cosas pueden no salir como esperamos. De todos modos, es probable que existan algunos aspectos en común en todas las familias que atentan contra la crianza.

5 errores de padres al educar a los hijos 

En qué nos equivocamos los padres al educar

1. Falta de conocimiento.

Hasta hace algunos años los padres educaban por instinto o siguiendo las recomendaciones de las generaciones anteriores. Hoy nos cuesta cada vez más conectarnos con el instinto y cada vez escuchamos menos a las generaciones anteriores. Los padres estamos más solos en la crianza, porque ya no vivimos en aldeas ni en familias extendidas donde abuelas, tías y primas mayores colaboraban en la crianza. Sin embargo, hoy hay un montón de conocimiento desarrollado que si estamos dispuestos a incorporar, puede resultarnos muy útil. Hoy sabemos lo importante que es el amor y el afecto para el desarrollo de los chicos, de fortalecer la autoestima, de protegerlos de la violencia verbal, de dejarlos jugar, de respetar sus tiempos y cualidades individuales. Y el conocimiento está a disposición de todos. 

2. Cansancio y falta de tiempo.

En ocasiones tenemos el conocimiento pero estamos cansados como para ponerlo en práctica. Cuando estamos cansados, nos es más fácil comprar lo que piden en el super que sostener un NO. Pero si el cansancio es nuestro estado habitual, nos va a ser muy difícil educar. Busquemos ayuda de amigas, tíos, abuelos, sobrinos. Re-evaluemos nuestro día a día y nuestras prioridades. Sepamos a qué cosas decir sí y a cuáles decir no. Hagamos que la balanza nos deje con saldo a favor como para llegar a casa con fuerzas físicas y emocionales como para criar y educar. Y simplemente dediquémonos a estar con ellos. No hay que ir al cine ni a jugar al parque todos los días. Se puede jugar a juegos de caja o de computadora, cocinar, mirar la tele, simplemente estar, para que ellos nos vean cómo actuar frente a la vida. 

3. Culpa.

La culpa es un sentimiento que surge ante la conciencia de estar cometiendo una falta de cualquier índole. A veces esas faltas tienen que ver con leyes formalmente formuladas y otras con leyes autoimpuestas. Pero la culpa no es buena consejera para educar. Porque si nos sentimos que estamos en falta en lugar de ocupar el rol de autoridad que necesitan los chicos, los gratificamos sin ton ni son, eliminando la posibilidad de que los chicos maduren. Y luego nos volvemos a culpar porque no sabemos cómo hacer para que los chicos cumplan las normas básicas, guardando sus juguetes o comiendo en la mesa a la hora que come toda la familia. Debemos fortalecernos nosotros mismos como adultos responsables para poder ejercer nuestro rol seguros y no llenos de dudas. Y sobre todo, saber que no traumamos a nuestros hijos por decirles NO cuando corresponde.

4. Creencias limitantes e incorporadas.

Los seres humanos decidimos y actuamos  en función de lo que creemos y no de lo que vemos. Todos tenemos creencias incorporadas, algunas que vienen de varias generaciones hacia atrás y otras que fuimos sumando desde los primeros días de vida. Muchas de ellas atentan contra la educación, pero el problema es que no somos conscientes de ellas, por lo tanto no podemos darnos cuenta que son parte de nosotros a menos que alguien nos lo haga notar. Existe un poder avasallador de las convicciones propias, frente a la percepción real de los sentidos. Esto puede hacer que desestimulemos a un hijo a ser chef o a cocinar con nosotros porque creemos que la cocina es una actividad de mujeres. O que le digamos que “los niños no lloran”. Y así con muchos otros comportamientos cotidianos que nacen de nuestras entrañas sin ser conscientes de ellos.  

5. Ceguera emocional.

La realidad es que los humanos somos analfabetos emocionales. No nos enseñan nada sobre las emociones, nadie, los padres no conocen ni las de ellos mismos. El científico Estanislao Bachrach me decía en una entrevista: “tiene que haber una materia (en el colegio) que se llame “emociones”, otra “emociones negativas”, otra “emociones positivas”, otra “regulación de las emociones”, “gimnasia emocional”, “profundidad emocional”... Por eso considero que es relevante hablar abiertamente, ya sea con un terapeuta o con familiares y amigos con los que tengamos verdadera confianza, y no ponernos  a la defensiva cuando nos hacen un comentario o crítica, porque puede ser muy oportuno para la vida cotidiana familiar y/o la educación de los hijos.

No se trata de culparse sino de pensar si alguno de estos puntos nos puede estar afectando y proponernos para los próximos meses tenerlos en cuenta a la hora de criar.