Enseñar a vivir a tus hijos es el reto más grande que tienes como madre

Pequeñas acciones y gestos que descubrirán a los niños qué es la felicidad

María José Padilla
María José Padilla Coach educativa

Nos consideramos con el derecho de vivir solo por el hecho de estar vivos. Y parte de razón hay en ello, sin embargo, si lo que quieres es vivir (con letras mayúsculas) entonces puede ser que te falten algunas pautas a tener en cuenta. Es nuestra misión como padres enseñar a vivir a nuestros hijos y ser su mejor modelo a seguir. Si estas pautas las sigues de manera natural, ¡felicidades! una cosa menos que tienes que mostrar a tus hijos, pero si por el contrario, alguna te falla, aquí tienes un recordatorio para aprender a vivir.

16 pautas para enseñar a vivir a tus hijos  

el reto de los padres: enseñar a vivir a sus hijos

Hoy en día la neurociencia está invirtiendo mucha tinta en recordarnos cómo funciona nuestro cerebro y cómo podemos hacer cosas para hacer sentir a nuestro cuerpo y mente mucho mejor y sentirnos unidos y no separados el uno del otro. Todo tiene que estar conectado, porque solo así podremos disfrutar de esas pequeñas cosas que conforman un todo que es la felicidad. 

Me he permitido hacerte una selección de pequeñas cosas que puedes incorporar en tu rutina diaria y que te ayudarán a aprender a vivir y, lo que es más importante, enseñarles a vivir a tus hijos. 

1. Ver películas cómicas, videos graciosos o escuchar chistes… ¡La cuestión es reír a carcajadas!

2. Hacer deporte o alguna actividad física que ponga en marcha tu serotonina (hormona de la felicidad).

3. Organizar o planificar salidas, eventos, encuentros, cenas, comidas, reuniones con amigos o familiares.

4. Ilusionarse por un viaje, por un encuentro, por conseguir algo… Encuentra formas de ilusionarte aunque luego no viajes, por ejemplo, el tiempo que has empleado en organizar y creer que lo ibas a realizar porque de esta manera tu cuerpo ha estado bailando en serotonina.

5. Sorprender a los seres queridos, bien sean amigos o familiares… O, por qué no, sorprenderte a ti mismo realizando algo que nunca esperabas realizar. ¿Tirarte en paracaídas quizás? 

6. Planificar las comidas de la semana para que tu alimentación sea sana y nutritiva.

7. Dedicar un tiempo cada día a las sensaciones de tu cuerpo, como puede ser observar tu respiración, meditar, bailar, no hacer nada… ¿Qué está ocurriendo en tu interior cuando sientes lo que sientes? ¡Magia pura! 

8. Escribir. Siéntate frente a un papel en blanco y escribe todos los pensamientos que a veces te parecen locuras y que no compartirías con nadie. Escríbelos y déjalos en el papel, te darás cuenta que pierden credibilidad e intensidad, sobretodo, si son preocupantes.

9. Elabora un diario de agradecimientos. Cada día escribe para dar gracias.

10. Toma conciencia de tus emociones positivas. Dónde las sientes, cómo las sientes, con qué frecuencia…

11. Estimula el juego y la diversión, seguramente, acabarás riéndote otra vez y te sentirás más relajado y más optimista. 

12. Haz todo lo posible para contar tus historias de manera positiva. Focalízate en lo que realmente es importante y cuéntalo de manera positiva para intentar, poco a poco, despojar de tu vocabulario y de tu forma de expresarte palabras con fuerte carga negativa. 

13. Comparte experiencias positivas. Será un ejercicio muy sano para que tu cerebro empiece a pensar de manera positiva y, también, para que vea el efecto tan bueno que tiene en ti y en los que te rodean. 

14. Elimina las personas y cosas que te suponen toxicidad en tu vida: arregla lo que tengas desordenado (quizás ese cuadro mal colgado de la pared del salón o esa cortina que te trae malos recuerdos) y pon limites a esas personas que invaden tu tiempo, espacio y persona.

15. Cuida tu lenguaje. Claro que puedes contar cosas que no han salido como esperabas o que te producen dolor y hablas desde los aspectos negativos, pero intenta acabar la conversación con el aprendizaje que esa experiencia o situación te ha proporcionado. 

16. Sé amable con los demás y, por supuesto, contigo mismo, porque recuerda que aprender a vivir es aprender a quererte. 

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