Por qué dejar que nuestros hijos se equivoquen

Herramientas que les podemos dar a los niños para que se enfrenten y aprendan de sus errores

Mon Margo
Mon Margo Periodista

Para qué negarlo, como papás queremos que a nuestros retoños todo les salga genial, que les vaya estupendamente, que estén bien. ¡Cuanto más, mejor! Pero que eso suceda a tiempo completo, más allá de una expectativa, es una auténtica ilusión. Y no es nada malo, de hecho, los padres debemos dejar que nuestros hijos se equivoquen porque a través del errores recibirán toda una lección de vida.

Lo que aprenden nuestros hijos cuando se equivocan

dejar que nuestros hijos se equivoquen

En la vida, si lo sabremos ya como adultos, los días no necesariamente salen como queremos o como los planeamos ni siempre estamos en un estado color de rosa.

Por eso, aunque queramos evitarles a nuestros hijos muchos tropiezos y hacerles la vida más sencilla, resulta conveniente que, de acuerdo a su edad y en cuestiones que no pongan en riesgo su seguridad, dejar que se equivoquen y que enfrenten las consecuencias naturales de sus errores.

¿Por qué es buena idea hacerlo? No son pocas las razones y sí varios los beneficios y aprendizajes cognitivos y emocionales. A continuación, una lista de ellos:

- Se despiertan emociones en ellos
Al equivocarse, los niños se ponen en contacto con emociones como la frustración, la tristeza o la ansiedad, que no siempre son fáciles de manejar, pero también son parte de la vida. Al experimentarlas, los niños trabajan su tolerancia hacia la incomodidad.

- Aprenden que equivocarse no los hace víctimas de una injusticia
La vida está llena de sobresaltos y no siempre todo sale bien, y no por eso necesariamente es culpa de alguien más. Si pierden un partido de futbol, por ejemplo, podemos ayudarlos a ver las razones detrás de ello: el equipo contrario estaba más concentrado, estaba mejor entrenado, aprovechó mejor sus oportunidades de gol o tenía una mejor estrategia.

- Comprenden que nadie es perfecto
Si los niños descubren que equivocarse está bien, que a todos nos pasa, pueden aspirar a tener un buen desempeño, a ser una mejor versión de sí mismos, que es muy diferente a querer ser perfectos o creer que pueden ser los mejores en todo.

- Ganan confianza en sí mismos
Al no basar su valía personal en lograr ser perfectos, las situaciones difíciles y los errores permiten que los niños trabajen su propio autocontrol y hasta aprender a ofrecer disculpas.

- Cultivan su propia responsabilidad
¿Cómo van a aprender a hacer las cosas, a hacerse cargo de sus tareas escolares o caseras si corregimos todos sus errores o nos anticipamos a ellos, les revisamos la mochila, les resolvemos todas sus necesidades domésticas y les recordamos todo lo que les corresponde hacer a cada momento? En el corto plazo, puede que a nosotros nos haga la vida más sencilla y lograr salir sin el tiempo encima, pero a la larga, los niños no toman conciencia de las consecuencias de no poner atención, de sus omisiones y de lo que les corresponde.

- Se vuelven más perseverantes
Como cualquiera, cuando una cosa no le sale a la primera, un niño puede querer tirar la toalla, pero volver a intentarlo cuantas veces sea necesario hasta conseguir una meta determinada. Armar un rompecabezas de muchas piezas o aprenderse una coreografía, por ejemplo, es una forma de trabajar la perseverancia. ¿La mejor recompensa? Lograrlo a base de intentarlo por su propia cuenta.

- Desarrollan su propia sabiduría
Dejarlos tomar sus propias decisiones y enfrentar las consecuencias naturales de éstas los ayudará a pensar un poco más sus próximas elecciones, sobre todo si antes las cosas no salieron como pensaron. Que se equivoquen en todo lo que puedan mientras están a nuestro cuidado, finalmente salir con un zapato de uno y otro de otro no será algo que afecte su vida de manera definitiva.

- Reducen su resistencia a seguir nuestras instrucciones
Cuando un niño tiene espacio suficiente para tomar algunas decisiones y asumir lo que sucede, positivo o negativo, pueden oponer menos resistencia a lo que les pedimos que hagan o las instrucciones que les damos y para las que no hay vuelta de hoja.

Nuestras equivocaciones, la mejor lección para los hijos

los padres también nos equivocamos

Como papás, también podemos contribuir a ver lo positivo en los errores si compartimos con ellos situaciones, tanto en casa como en el trabajo o en la familia, en las que nos hemos equivocado.

También es bueno explicarles cómo nos hemos sentido (es una forma de empatizar con ellos y que vean que no son los únicos que se sienten tristes), cómo las hemos resuelto y qué hemos aprendido a partir de ellas.

Equivocarse conlleva un aprendizaje en sí, y es que dicen que la práctica hace al maestro y es cierto… Un niño puede volverse muy bueno en algo que le gusta o que le interesa gracias a los errores que cometa en el camino, como saber qué es lo que NO tiene que hacer para obtener un resultad determinado.

Finalmente, se trata de darles herramientas para que enfrenten el mundo de la mejor manera posible, con sus tristezas y sus alegrías.

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