Los peores errores que cometemos con los niños con altas capacidades

Por qué muchos niños superdotados se sienten frustrados y deprimidos

Alba Caraballo Folgado

Todavía hoy en día es difícil detectar a un niño con altas capacidades, pueden pasar por niños con falta de atención, distraídos e incluso malos estudiantes. Es increíble que sigamos fallando y no ofrezcamos soluciones para una minoría que sigue ignorada: son los niños con altas capacidades.

Estos niños, niños superdotados, forman parte de nuestra próxima generación, deberíamos comprenderles y facilitarles la labor para que puedan llegar a ser grandes pensadores, creadores, investigadores... o simplemente, adultos felices. Sin embargo, no facilitamos y sí cometemos errores con los niños con altas capacidades que impiden su felicidad. 

En qué fallamos con los niños con altas capacidades

Errores con los niños con altas capacidades

1- No proporcionar un entorno adecuado: el niño con una alta capacidad necesita satisfacer una necesidad intelectual enorme. Si esta no se ve satisfecha, tenderá a la frustración, el aburrimiento y la depresión. Proporcionarle libros, actividades, instrumentos musicales o cualquier otro elemento que pueda fomentar sus capacidades les alejará del sufrimiento. No debemos poner límite a sus intereses, debemos mantener su mente ocupada, porque eso les motiva y les hace felices. Ellos pueden aprender muchas cosas al mismo tiempo, lo desean y lo necesitan. 

2- No dejarles ser ellos mismos: los niños superdotados no siempre encajan bien en el grupo o incluso en la familia, por lo que muchos padres intentan que sean como los demás, siguiendo un modelo estándar. Para evitar que sean centro de burlas se les pide que modifiquen su conducta y sigan los intereses y modo de hacer las cosas de los demás niños. 

3- Decirles constantemente lo inteligentes que son: alimentar su orgullo, etiquetarles con sus altas capacidades y talentos constantemente, alardear delante de los demás solo hace crecer el ego de los padres, y el de los hijos, llegando incluso a crear un posible trastorno narcisista en los niños y un complejo de superioridad.

4- Asumir que lo saben todo: los niños con altas capacidades aprenden mucho y rápido pero no lo saben todo. Necesitan que alguien escuche sus preguntas y necesitan respuestas sobre el mundo, sobre su entorno o sobre lo que están tratando de aprender.  

5- Ponerles una puntuación frente a los demás: una vez escuché a Eduard Punset decir que el cociente intelectual no mide la inteligencia, sino la capacidad de medir el cociente intelectual, en definitiva, que la inteligencia es demasiado complicada para medirla en un solo test. Si realizamos un test a un niño y da un cociente alto, y ese cociente les acompaña a lo largo de su infancia y adolescencia como un tatuaje, no estamos ayudándoles a sentirse orgullosos de sus logros, de luchar por conseguir objetivos, porque asumiremos que para ellos todo es fácil, nacieron con un cerebro superdotado.  

6- No darles referentes: los niños con altas capacidades aprenden solos, no tienen un referente en el que fijarse, no pueden aprender mirando a otros niños similares por lo que forjan su personalidad ellos mismos. Sin embargo, debemos ayudarles a darles un apropiado que les dé la oportunidad de aprender de sus experiencias, de sus errores y de sus éxitos. 

7- Tratarles como adultos: que tengan un cociente intelectual superior al de un niño de su edad, no significa que tengan una capacidad emocional igual. Quizás pueda pensar mucho, rápido y eficaz, pero son niños que aun están aprendiendo a gestionar sus emociones y su inteligencia emocional está aun en formación. 

8- Pensar que lo tienen más fácil: ser un niño con mucho talento no solo no es fácil, sino que además es muy difícil. "Si yo tuviera esta inteligencia no sabes lo que haría" y frases similares es menospreciar todos los desafíos por los que habrán de pasar los niños superdotados. 

9- No escucharles ni hablar con ellos: los niños con altas capacidades no tienen las respuestas para todo, ni siquiera para su potencial. Hemos de escucharles, hablar con ellos, explicarles que son diferentes, pero no por ello ni más, ni menos que los demás.