La valiente historia de una embarazada con VIH que tuvo a su bebé

Almudena nos manda un mensaje de luz y esperanza ante esta enfermedad

Lidia Nieto
Lidia Nieto Editora Jefe

El embarazo es un momento de alegría e ilusión, pero también de miedo y temor. Todas las mujeres  embarazadas pasamos por esta montaña rusa de emociones, pero nuestra protagonista de hoy, Almudena G, tenía un agravante más: embarazada con VIH.

En Guíainfantil.com hemos querido conocer la historia de esta valiente mujer que escuchó su corazón y decidió tener a su bebé, hoy una niña de 15 años feliz por estar en este mundo con una madre valiente y luchadora.

La lucha de una embarazada con VIH por ser madre 

embarazada con VIH

"Aún recuerdo el día que me enteré de que estaba embarazada. Llorando cogí tres autobuses hasta llegar al Hospital Ramón y Cajal de Madrid. Solo quería hablar con mi médico, contarle lo que pasaba.

Yo sentía dentro de mí que quería, debía y tenía que ser madre, y eso que mis circunstancias no acompañaban: mi pareja no quiso hacerse cargo, era el momento de mi vida donde yo estaba más enferma y, en cuestión laboral, las cosas no iban mejor; pero hice caso a lo que mi corazón me gritaba y decidí seguir adelante.

El miedo de que algo pudiera pudiera salir mal estaba ahí presente, aunque procuré ser muy positiva. ¿Embarazada con VIH? Cuando venía ese pensamiento a mi mente, enseguida lo borraba, ya que me dijeron los médicos que si me medicaba, no daba pecho y me hacían cesárea, no habría ningún peligro de que mi hija tuviera en un futuro el virus. Podía nacer con él, pero ella misma antes de los dos años lo echaría de su cuerpo.

Las cosas se fueron colocando y encajando muy despacio. Por el embarazo, yo tenía hepatitis crónica C. El médico me aconsejó ponerme a tratamiento, pero lo fui dejando, ya que la niña era muy pequeña. La vida, de nuevo, me echó un cable. Las transaminasas se fueron regulando hasta que mi hígado se regeneró por sí solo. Yo dentro de mí sabía que todo era gracias a ella. 

Me gustaba tenerla dentro y sentirla, pero mis dudas siempre me asaltaban. ¿Qué sería de ella sin su madre? Yo veía que mi muerte estaba muy cercana, que solo disfrutaría de mi bebé por unos años cortos, y eso me asustaba, pero también comprendí que nadie ni nada era indispensable en este mundo: ella sería educada y querida por algún familiar mío. Pronto comprendí que no tenía por qué ser así.

El VIH es una enfermedad crónica, pero no mortal como hace unos años; eso sí, la medicación es muy fuerte y nos daña órganos importantes. De hecho está comprobado que nos envejece 10 años más que al resto, es decir, yo tengo 50, pero como si tuviera 60.

El parto y el posparto de una madre con VIH

El parto se acercaba. Después de nueve meses de un control especial en el Hospital Ramón y Cajal y en La Paz, me programaron la cesárea para el 12/12/2002. La niña debía nacer el 28, aunque pusieron esa fecha para no arriesgarse. Pero mi pequeña tenía prisa por venir a este mundo y yo por verla, así todo se adelantó  al 04/12/2002.

Como cualquier madre que cría a su hijo/a sola, los primeros años fueron duros, más duros de lo que yo pensaba, porque mi mala salud no me facilitaba las cosas, pero era algo que yo había decidido e iba a salir a adelante.

Durante los tres primeros meses, mi hija se sometió a controles periódicos, que luego fueron cada 6 meses durante los dos años primeros de vida, hasta que su cuerpo dio negativo. ¡No tenía el virus!

Almudena, quería que llevase mi nombre, fue creciendo y yo tenía claro que en algún momento tenía que hablar con ella. ¿Cuándo? No lo sabía, pero lo haría. Pedí una cita con el psicólogo de apoyo para que me asesorara y me dijo que si lo tenía en mente era porque el momento quizás había llegado. Recuerdo que fue en verano, en Torrevieja (Alicante), a orillas del mar. Sin profundizar mucho en el tema (tenía 5 ó 6 años), le comenté que mamá estaba enferma y ella me respondió con un abrazo.

Esta es mi historia, la de una embarazada con VIH que tomó una decisión que cambió su vida. Ha sido el camino más largo y más difícil que he hecho en mi vida, pero seguramente también el más gratificante.

Tener VIH no nos hace diferentes de los demás. Nosotros somos como el resto, lloramos, reímos, nos emocionamos e intentamos llevar una vida normal, aunque con una carga diferente, eso sí. El silencio mata y esta enfermedad es lo que tiene, que aniquila casi más que los medicamentos.

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