14 dañinas actitudes que destruyen la relación entre padres e hijos

Errores de los padres que debilitan el vínculo de apego seguro con los niños

Eva Hernández
Eva Hernández Psicopedagoga y maestra

Todos los padres queremos construir un vínculo sano, basado en el apego seguro, con nuestros hijos e hijas. Este se empieza a gestar desde que nacen, desde que son bebés, crecen e, incluso, cuando llegan a la adolescencia. Y para fortalecer esta relación entre padres e hijos, debemos huir siempre de algunas de las dañinas actitudes que comentamos a continuación, ya que estas podrían deteriorar o destruir ese vínculo fuerte que tanto deseamos.

Cómo conseguir una buena relación entre padres e hijos

Por una buena relación entre padres e hijos

Para los pequeños y pequeñas, desde que nacen, y sobre todo en la primera infancia, los padres somos el centro de su mundo, lo más importante, sus referentes, sus ejemplos, sus superhéroes, no hay nada ni nadie mejor ni más maravilloso que mamá y papá.

Es cierto que a medida que crecen van llenando su corazón y su mente de otras cosas y otras personas, hasta que atraviesan esa 'crisis' que es la adolescencia, en que dejamos de ser tan importantes para ellos y ellas, y los padres perdemos un importante espacio en detrimento de sus amigos, sus gustos y aficiones, que se vuelven el centro de su universo.

Pero si hemos mantenido el vínculo con ellos fuerte hasta ese momento, lo sostenemos y reforzamos, especialmente cuando son adolescentes, nos aseguraremos una unión con nuestros hijos que es y será sana, fuerte y duradera. Si desde que nacen nuestros niños nos preocupamos de crear y alimentar esa relación entre padres e hijos, evitando ciertas actitudes y comportamientos que lo puedan ir deteriorando, no tendremos que lamentarnos después.

Después de todo, y tal y como se recoge en la guía 'Cómo fortalecer los lazos de afecto con su bebé' (del Departamento de Bienestar Infantil del Gobierno de Estados Unidos), el apego es fundamental para el crecimiento tanto físico como mental de tus hijos, sobre todo en el caso de los bebés más pequeños. Cuando un niño tiene ese lazo afectivo, tienen más posibilidades de convertirse en adultos con confianza en ellos mismos y que saben querer a las personas de su entorno.

Actitudes dañinas que destruyen el vínculo con los niños

Las actitudes que destruyen el vínculo o apego seguro

A continuación, os contaré qué 14 conductas pueden ir estropeando nuestra relación con nuestros hijos e hijas y, por tanto, debilitar el vínculo con ellos y ellas.

1. No dedicar a los niños tiempo de calidad
Es cierto que el ritmo de vida de muchos adultos es frenético y apenas pueden sacar momentos en el día para nada más que las obligaciones diarias, pero es imprescindible rescatar momentos para lo más importante que tenemos en esta vida: nuestros hijos e hijas. El tiempo que les dediquemos dejará un recuerdo y un poso en sus corazones muy difícil de borrar.

2. No prestar atención a tus hijos, no preguntarles por sus cosas ni escucharles
En relación al punto anterior, una parte del tiempo de calidad que dediquemos a nuestros pequeños ha de ir dirigido a saber de ellos, dejar que se expresen libremente, interesarnos por sus opiniones, por las cosas que les ocurren y por todo aquello que nos quieran contar o preguntar.

Para nosotros, como adultos, pueden parecer insignificantes, pero para ellos pueden ser un mundo y debemos mostrar respeto e interés. De lo contrario, es posible que los menores cada vez se vayan cerrando más y más a nosotros, pues sientan que sus cosas y, por tanto, ellos, no son importantes para nosotros.

3. No practicar la comunicación fluida en la familia
Además de interesarnos por ellos, nosotros también debemos ser comunicativos con nuestros hijos e hijas. Tenemos que compartir nuestras inquietudes, nuestras vivencias y nuestras opiniones con ellos, es uno de nuestros mayores legados. Así crearemos un clima de armonía y confianza en el que nuestros hijos se sentirán seguros e incentivaremos que se desarrolle el punto anterior.

4. Castigarles con frecuencia
Los padres que usan el castigo con excesiva frecuencia, en lugar del refuerzo positivo, no están enseñando a los pequeños cómo hacer las cosas bien, sino que les están lanzando el mensaje de que todo lo hacen mal, lo cual, a la larga, deteriora el vínculo con ellos.

5. Ser excesivamente autoritarios
Relacionado con el punto anterior, los padres que son excesivamente controladores, exigentes, obsesionados con la obediencia, poco cariñosos y tendentes al castigo, fomentarán en sus hijos e hijas una baja autoestima y sentimientos de rabia y rencor, lo cual debilita fuertemente la relación.

6 No darles a los niños muestras de afecto
Los besos, los abrazos, las caricias, los arrumacos, decirles lo mucho que les queremos o lo importantes que nuestros hijos e hijas son para nosotros, fortalece la relación entre padres e hijos y les proporciona a los niños felicidad y seguridad. La carencia afectiva, además de acarrear problemas para identificar y manejar las propias emociones, estimula el desapego.

7. Ser negligentes
Los padres que no ejercen ningún tipo control o disciplina con sus hijos (los niños necesitan límites para ser felices), que no se implican en sus problemas o su educación, que no les apoyan ni les muestran ningún tipo de afecto, fomentan problemas de autoestima, emocionales y psicológicos en sus hijos. Esto, indudablemente, acarrea un daño irreparable en la relación entre padres e hijos.

Más errores que debilitan el apego seguro de la familia

Errores de los padres que dañan la relación con los niños

8. Ser demasiado permisivos o sobreprotectores
Hoy en día muchos padres se encuadran en este estilo de crianza porque creen que así sus hijos e hijas serán más felices si les dejan hacer lo que quieren. Sin embargo, con el tiempo, cuando los menores van creciendo y se comparan con sus iguales, pueden darse cuenta de que la falta de disciplina y normas que han sufrido, lejos de beneficiarles, les han producido problemas de adaptación social, entre otros. Esto, a su vez, puede generar problemas emocionales más o menos graves y resentimiento hacia las figuras de apego.

9. Etiquetar a los niños y compararles
Poner etiquetas a los niños fomenta la profecía autocumplida, además de generarles mucho dolor. Por no hablar del hecho de sentirse continuamente comparados y en inferioridad con iguales (un compañero, un hermano...) Esto genera en los niños sentimientos de invalidez, incompetencia, etc., además de resquemor hacia los padres.

10. No valorar nunca sus logros
Los menores que nunca se sienten alentados, felicitados o premiados (y no me refiero a premios materiales) por aquellas cosas que consiguen, pensarán que sus éxitos son insignificantes. Asimismo, será más difícil que logren aquello que se proponen, ya que no se sentirán apoyados y dejarán de tener ilusiones. A la larga también estos hechos causarán rencor hacia sus padres.

11. Usar el chantaje emocional
Con la técnica del chantaje emocional, los padres consiguen que sus hijos actúen desde el miedo y la sumisión, no desde el amor y el respeto. A la larga, esta práctica puede causar en los niños inseguridad, sentimientos de culpa, vergüenza y daños en su autoestima. Todo ello repercute negativamente a la relación paternofilial.

12. Gritar a los niños constantemente
Cuando levantamos la voz a nuestros hijos de forma injustificada, les producimos nerviosismo y estrés, además de confusión, porque no sabrán a qué atenerse, ni discriminarán cuándo hacen las cosas bien o mal. Esto, a la larga, les puede acarrear problemas de autoestima, de autoconfianza y podrían acabar reproduciendo conductas agresivas.

Además, los gritos minarán la confianza en sus padres, fracturando el vínculo, ya que nos verán como al enemigo del que hay que resguardarse. Tratar al niño a gritos es una forma de maltrato.

13. Pegar a tus hijos
Si gritar frecuente e injustificadamente a los niños es una forma de maltrato, no hablemos del hecho de levantarles la mano. Pegar a un niño o niña nunca estará justificado, por muy mal que se porte. Siempre existen otras formas mucho más adecuadas y fructuosas de hacerle ver al menor que lo que ha hecho no está bien y de modificar su conducta.

Y por supuesto si pegar se convierte en un hábito, estaremos hablando de maltrato, lo cual acarrea graves consecuencias psicológicas en los menores, además de las posibles consecuencias físicas. Desde luego, este hábito no ayuda a construir una buena relación entre padres e hijos.

14. Faltarles al respeto o insultarles
Todos, especialmente los niños, necesitamos sentirnos queridos y valorados. Los insultos y menosprecios de los padres hacia los menores originan sentimientos de inferioridad y baja autoestima, que influirán negativamente en la relación entre padres e hijos.

Cuando esta práctica se realiza con asiduidad, se convierte en maltrato psicológico, que es tan destructivo o más que el físico, ya que mina completamente la personalidad, la seguridad y la autoconfianza de los niños y niñas.

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