El chupete: ¡Un arma de doble filo!

Sobre el chupete se han escrito ríos de tinta: su efecto tranquilizador, el momento de incorporarlo o de quitarlo y cómo hacerlo, los inconvenientes de su uso, si merece o no la pena ofrecerlo a tu bebé... Pero ¿qué tendrá el chupete que la mayoría de los padres lo empleamos con nuestros bebés o, al menos, se lo hemos ofrecido alguna vez, aunque éste lo haya rechazado? Yo, desde luego, no dudaría en erigirle un monumento a la persona que lo inventó, en el que rezara la siguiente frase: A la memoria de don o doña... en agradecimiento de innumerables padres por las noches dormidas, por los "efectos curativos" para los golpes de sus hijos, por los nervios contenidos y por las rabietas disipadas.

El chupete en el día a día de la familia

Chupete y los bebés

¿Quién siente más atracción por el uso del chupete, los papás o su bebé? Yo diría que a partes iguales, aunque de diferente manera. Para los papás es un arma poderosa, "el tapón de la tranquilidad", y para los niños un juego y un consuelo, "la panacea para casi todos los males". Pero casi todo, en esto de ser padres, tiene su cara y su cruz: a los padres el arma secreta suele convertirse en arma de doble filo y acabar no sabiendo por dónde agarrarla, y a los bebés la relajación y "el carma" logrados puede acabar desembocando en un hábito difícil de superar.

Otra vez nos toca discernir la justa medida de las cosas porque no pocas veces se nos desmandan y nos convertimos en auténticos esclavos de nuestras decisiones pasadas: hay papás que han tenido que recorrer varias farmacias de guardia en busca de un chupete igualito al de su hijo y no otro que pudiera rechazar, y otros padres, quizás más previsores, que han optado por sembrar la casa con decenas de chupetes, para que siempre haya alguno a la disposición de su bebé en caso de desconsuelo.

Ya sabemos la facilidad con que se pierden los chupetes por cualquier recoveco de la habitación. Lo que sí suele ocurrirnos con más frecuencia es que no vemos el momento de quitar el chupete, bien por pereza o bien porque las circunstancias del momento no son las más propicias, así que nuestro hijo puede plantarse en los dos años o más, diciendo sus primeras palabritas o frases, mientras las alterna con unas "caladitas" de su chupete. Deberíamos considerar el chupete como un objeto con caducidad de uso, igual que los ositos a la hora de dormir, los pañales o la trona.

Con éstos, creo yo, que no porque cuando se hacen mayores ya no los usen, evitamos usarlos cuando es el momento. Así que yo, con todo, sigo apoyando la idea del "monumento al inventor". Así que si tu pequeño está en vías de abandonar el chupete, verás que pronto dejará de necesitarlo y logrará ser un poquito más mayor, aunque, si tiene un hermanito más bebé, pueda sucumbir a la tentación de dar, a escondidas, unas "chupaditas" al chupete de su hermanito.

Patro Gabaldon. Redactora de GuiaInfantil.com