Escudos de Apellidos. Heráldica

Historia de la Heráldica. Origen de los apellidos. Escudos de apellidos

La Heráldica es una de las Ciencias auxiliares de la Historia. La Heráldica viene de Heraldo. Los heraldos, en los tiempos medievales, eran caballeros, siempre de la nobleza más acreditada, jueces encargados de dirigir y dictar las leyes que deberían ser obedecidas durante los torneos. Eran también los responsables por el examen de los méritos de los caballeros que participaban de los "juegos". Examinaban concienzudamente sus títulos de nobleza, investigando sobre sus armas y el derecho que poseían a llevar en sus escudos determinados motivos heráldicos. Eran los que atribuían a cada Apellido su Escudo de Armas correspondiente. Una tradición fútil e vana, destinada a satisfacer el orgullo y la vanidad de la nobleza.

El Blasón

Por lo general, los emblemas propios de una familia noble se elegían de un modo arbitrario, según el gusto del noble que deseaba usarlos. Eran hereditarios, y en razón de eso se vio pronto la necesidad de registrarlos y de establecer unas normas para el uso del blasón. Los escudos de los guerreros, por el contrario de los familiares, siempre se basaban en algún hecho de armas intentando fijar el recuerdo de la hazaña llevada a efecto y que a través de los descendientes, inmortalizara la acción. La Heráldica que estudia las armas, o armerías, no trata de elementos de guerra para atacar o defenderse de un posible enemigo. Se refiere a la insignia o blasón con el que quiere identificarse el caballero, siendo por tanto, un emblema honorífico. La referencia de la Heráldica en los torneos, en los combates y peleas, alcanzó su apogeo en la época de las Cruzadas, cuando la exaltación religiosa unida al sentimiento guerrero, despertó la necesidad del blasón para distinguir unos de otros caballeros y, al mismo tiempo, exponer sus hazañas en el los registros de la historia, tradición y memoria de los hechos heroicos llevados en los campos de batalla. G. Eysembach, en su libro "Historia del Blasón", explica que "el blasón, lenguaje misterioso, lengua ingeniosa y sorprendente de uso universal para la nobleza de la cristiandad, establecía entre todos los gentiles hombres una confraternidad heroica, era la piedra fundamental del edificio feudal, la cementa y la llave de la bóveda -como dice un autor antiguo- de la jerarquía aristocrática".

El blasón, signo de jerarquía, fue sinónimo de valor, de lealtad y de brío. Una mala acción podría apagar su limpia ejecutoria. Era lo peor que podía sucederle a un caballero. Quien no reuniese las condiciones precisas, no podía participar en un torneo. El blasón también era el exponente de un oficio. Los artesanos que no celebraban torneos también tenían sus propios escudos. Eran inherentes a los oficios que practicaban.

La Heráldica, en sus múltiples manifestaciones, está ligada íntimamente con la historia. Unida a la genealogía nobiliaria investigando el escudo de armas de las familias nobles, unos escudos que en este caso se denominan Nobiliarios.

Los primeros escudos surgieron en Alemania. En España datan del siglo XI. En la actualidad, debido a los estudios históricos, la Heráldica renace del ostracismo del siglo XIX.