La importancia y los beneficios de educar el paladar de los niños

Los niños entran en contacto con los sabores desde que están en la tripa de mamá

Carlota Reviriego
Carlota Reviriego Nutricionista

Igual que educamos a nuestros hijos en valores como el respeto, la igualdad o la solidaridad, ¿por qué no hacemos lo mismo con la comida? Hoy te queremos hablar de la importancia de educar el paladar de los niños para inculcarles buenos hábitos alimenticios y que coman sano y saludable. 

Los beneficios de educar el paladar de los niños 

beneficios de educar el paladar de los niños

Los niños entran en contacto con los sabores por primera vez en su etapa fetal, durante la gestación. Mientras se encuentran en el útero, ejercitan sus músculos y su capacidad para tragar ingiriendo líquido amniótico, al que llegan los diferentes sabores de las comidas que la mama incluye en su dieta.

De un modo similar, durante la lactancia materna, las partículas que vehiculizan los diferentes sabores llegan a la leche que alimenta al recién nacido (generalmente en la grasa de la misma), permitiéndole estar en contacto con los sabores de las comidas de su núcleo familiar, y permitiéndole también acostumbrarse a ellos.

Lamentablemente, con la introducción de la alimentación complementaria, el bebé comienza a ser responsable de su alimentación realizando sus propias elecciones, algo que puede jugar a nuestro favor o en nuestra contra.

Es vital mantener el interés del pequeño ante nuevos alimentos, aunque, a decir verdad, a los 6 meses, ¡todos los alimentos son nuevos! A esta edad nos encontramos por regla general con que la comida despierta un gran interés en el bebé, y debemos utilizar este hecho en nuestro beneficio, exponiendo al niño al máximo de comidas o alimentos posible, respetando siempre los 3-4 días entre ellos, por supuesto.

Idealmente, nuestro reto es conseguir que nuestro pequeño se adapte y se interese por las comidas que habitualmente se consumen en el núcleo familiar, pero no debemos limitarnos a ofrecerle siempre lo mismo, si queremos que desarrolle un buen paladar. Sin embargo, es fácil que nos acomodemos y la dieta de nuestro pequeño se termine limitando al puré con pollo, ternera o pescado y la tortillita francesa o las croquetas a la hora de la cena.

No podemos exigir que nuestro hijo coma bien, si ofrecemos siempre lo mismo y no le damos la oportunidad de probar algo nuevo. Existen numerosas razones por las que resulta interesante que nuestros hijos acepten con gusto gran variedad de comidas. ¿Quieres conocerlas? 

- Las probabilidades de conseguir aportar todos los nutrientes esenciales cuando la dieta es variada son mucho más elevadas que cuando la dieta se limita a un numero de platos que se repiten semanalmente. Si existen carencias de alguna vitamina o mineral, estas se irán acumulando convirtiéndose en poco tiempo en algo problemático.

- En la variedad está el gusto, y en base a este refrán, cuanta mayor sea la variedad de alimentos que ofrecemos, más posibilidades de encontrar alimentos que le gusten, algo particularmente interesante para niños que son malos comedores. Si nos limitamos a ofrecerle los mismos platos y siempre los rechaza, abriendo horizontes e incorporando nuevos alimentos y nuevos sabores en su dieta puede conseguir que demos con su plato favorito.

- Cuando van a comer a casa de los abuelos o de un amiguito, no se sentirán abrumados frente a un plato de comida que desconocen, ya que en su mentalidad estará el probar platos nuevos.

- En la edad adulta, las probabilidades de que esté abierto a nuevos platos, incluso a nuevas culturas culinarias son grandes, y la cocina internacional tiende a formar, cada vez más, parte de nuestra vida diaria.

Como educar el paladar de los niños 

cómo educar el paladar de los niños

Y ahora llega el gran reto de los padres: educar el paladar de nuestros hijos. ¿Cómo hacerlo? Podemos ayudarnos de diferentes motivaciones a la hora de acrecentar el paladar de nuestros pequeños:

- Paseando con ellos por el pasillo de las frutas y verduras, hablándoles de aquellas nuevas que aún no conocen e incitándoles a probarlas. Por ejemplo, el mango es una fruta muy aceptada por los niños, tanto en platos salados como dulces, pero que en nuestra dieta se utiliza poco, quizás en forma de sorbete sea el primer paso para incorporarlo a la cesta semanal.

- Establecer un “día del plato sorpresa”. En muchas familias existen, de manera rutinaria, días en los que se come algo en concreto, ya sean los domingos de la paella con los abuelos o los martes de la tortilla de patata. ¿Por qué no incluir un día en el que se prueban platos nuevos?

- Investigando las diferentes culturas culinarias, por ejemplo, al hilo del plato sorpresa, podemos escoger una cultura y un país cada mes o cada trimestre, y buscar una receta con la que podamos probar lo que comen en esa cultura.

- Variando los platos habituales para incorporar nuevos sabores, por ejemplo, ¿quién dijo que las albóndigas solo se hacen con carne de ternera? Con carne de pollo, cordero e, incluso, con pescado están igualmente deliciosas, y de esta manera innovamos con un plato tradicional.

¿Nos ponemos manos a la obra?