Por qué el deporte de nuestros hijos no debe ser el ocio de los padres

No debemos convertir la competición de los niños en nuestro ocio

Andrés París

En la actualidad es muy común ver a niños y niñas practicando todo tipo de deportes de base a nivel de competición: baloncesto, voley, gimnasia rítmica, natación, fútbol, etc... Es muy reconfortante ver cómo la práctica y educación deportiva va ganando espacio frente a otras opciones de ocio más sedentarias. Obviamente hay que agradecer mucho a los padres y madres que invierten mucho tiempo y esfuerzo en facilitar estas experiencias a sus hijos.

Sin embargo, si nuestro ocio se centra en el deporte de competición de nuestro hijo corremos el riesgo de presionar demasiado al niño.

Te explicamos por qué el deporte de nuestros hijos no debe ser el ocio de los padres.

La razón de por qué el deporte de nuestros hijos no debe ser el ocio de nuestros padres

El deporte de los hijos no debe ser el ocio de los padres

En los últimos años, además de esta práctica deportiva regular, han proliferado competiciones que se realizan fuera de su ciudad. Este tipo de convivencias son positivas para los niños y niñas, porque aparte de la experiencia deportiva, implica una convivencia del grupo de personas que forman el equipo.

Este tipo de convivencias son muy favorecedores de la transmisión de valores, y de la mejora de comportamientos.

Últimamente, observo que este tipo de competiciones y torneos se han integrado en la familia, y son claves en el calendario familiar.

Es curioso observar cómo los padres, como parte importante para el desarrollo madurativo integral de nuestro hijo, han integrado estas competiciones como parte de sus vacaciones y espacio de ocio personal

Bajo mi experiencia personal, he podido ver en campeonatos o torneos de fútbol a un grupo de padres con bufandas, tambores e incluso, megáfonos animando a sus hijos. Cuando estas actitudes se repiten en el tiempo durante muchas Navidades, semana santa, festivos o verano, hacen de lo excepcional lo habitual. Los padres llenan su espacio de ocio en función de los espacios deportivos de sus hijos. Con el paso de los años el 90% de los niños acaban dejando el deporte de competición por diferentes razones, y ese día se produce un vacío en el ocio de los padres muy difícil de gestionar si no se ha puesto remedio con anterioridad.

Mi conclusión sobre este hecho es que el deporte de nuestros hijos no debemos convertirlo en nuestro, ya que puede acabar en un vacío ocupacional. Como familia, debemos tener nuestros intereses, motivaciones y objetivos al margen de los intereses, motivaciones y objetivos de nuestros hijos. En función de la edad, también es positivo que acudan a estos torneos solos con el ánimo y objetivo de mejorar la autonomía, aprender a ser mejor persona y compañero, saber comportarte en un entorno diferente, convivir, aceptar normas y reglas, que en presencia de los padres probablemente no integrarán.