El flautista de Hamelín. Cuentos infantiles

Un cuento con moraleja que habla sobre el egoísmo y la avaricia de un pueblo a los niños

Pedro Oliver

El flautista de Hamelín forma parte de la literatura infantil tradicional de Alemania. Clasificado como cuento de hadas, esta fábula, documentada por los Hermanos Grimm, relata la historia de un pequeño pueblo alemán invadido por un plaga de ratones. El buen hacer de un encantador flautista libera al pueblo de los roedores, pero la codicia y el egoísmo de sus habitantes les terminará condenando para siempre.

En Guiainfantil te traemos una versión más corta de El flautista de Hamelín para que puedas leerla junto a tus hijos y enseñarles que en la vida la codicia no lleva a ningún lado, y que tarde o temprano puede terminar volviéndose en contra.

Fábula alemana para niños - El flautista de Hamelín

El flautista de Hamelin. Cuentos tradicionales.

Hace mucho, muchísimo tiempo, en el próspero pueblo de Hamelín, en Alemania, sucedió algo muy extraño: una mañana, cuando sus gordos y satisfechos habitantes salieron de sus casas, encontraron las calles invadidas por miles de ratones que merodeaban por todas partes, devorando con mucha ansia el grano de sus repletos graneros y la comida de sus bien provistas despensas.

Nadie acertaba a comprender la causa de tal invasión, y lo que era aún peor, nadie sabía qué hacer para acabar con tan inquietante plaga de ratones.

Por más que pretendían exterminarlos o, al menos, ahuyentarlos, tal parecía que cada vez acudían más y más ratones a la ciudad. Tal era la cantidad de ratones que, día tras día, se adueñaban de las calles y de las casas, que hasta los mismos gatos huían asustados.

Ante la gravedad de la situación, los hombres de la ciudad, que veían peligrar sus riquezas por la voracidad de los ratones, convocaron al Consejo y dijeron:

- Daremos cien monedas de oro a quién nos libre de los ratones.

Al poco se presentó ante ellos un flautista, alto y desgarbado, a quien nadie había visto antes, y les dijo:

- La recompensa será mía. Esta noche no quedará ni un sólo ratón en Hamelín.

Dicho esto, comenzó a pasear por las calles y, mientras paseaba, tocaba con su flauta una maravillosa melodía que encantaba a los ratones, quienes saliendo de sus escondrijos seguían embelesados los pasos del flautista que tocaba incansable su flauta.

Y así, caminando y tocando, los llevó a un lugar muy lejano, tanto que desde allí ni siquiera se veían las murallas de la ciudad.

Por aquel lugar pasaba un caudaloso río donde, al intentar cruzarlo para seguir al flautista, todos los ratones perecieron ahogados.

Los hamelineses, al verse al fin libres de las voraces tropas de ratones, respiraron aliviados. Ya tranquilos y satisfechos, volvieron a sus prósperos negocios, y tan contentos estaban que organizaron una gran fiesta para celebrar el feliz desenlace, comiendo excelentes viandas y bailando hasta muy entrada la noche.

A la mañana siguiente, el flautista se presentó ante el Consejo y reclamó a los hombres de la ciudad las cien monedas de oro prometidas como recompensa. Pero éstos, liberados ya de su problema y cegados por su avaricia, le contestaron:

- ¡Vete de nuestra ciudad! ¿o acaso crees que te pagaremos tanto oro por tan poca cosa como tocar la flauta?.

Y dicho esto, los orondos hombres del Consejo de Hamelín le volvieron la espalda profiriendo grandes carcajadas.

Furioso por la avaricia y la ingratitud de los hamelineses, el flautista, al igual que hiciera el día anterior, tocó una dulcísima melodía una y otra vez, insistentemente.

Pero esta vez no eran los ratones quienes le seguían, sino los niños de la ciudad quienes, arrebatados por aquel sonido maravilloso, iban tras los pasos del extraño músico.

Cogidos de la mano y sonrientes, formaban una gran hilera, sorda a los ruegos y gritos de sus padres que en vano, entre sollozos de desesperación, intentaban impedir que siguieran al flautista.

Nada lograron y el flautista se los llevó lejos, muy lejos, tan lejos que nadie supo adónde, y los niños, al igual que los ratones, nunca jamás volvieron.

En la ciudad sólo quedaron sus opulentos habitantes y sus bien repletos graneros y bien provistas despensas, protegidas por sus sólidas murallas y un inmenso manto de silencio y tristeza.

Y esto fue lo que sucedió hace muchos, muchos años, en este desierto y vacío pueblo de Hamelín, donde, por más que busquéis, nunca encontraréis ni un ratón ni un niño.

FIN

Preguntas para la comprensión del texto de ese cuento

Preguntas para niños sobre este cuento

A través de estas preguntas, los niños pueden demostrar que entendieron la historia de este cuento. Es más, pueden ejercitar la memoria y la atención durante la lectura del mismo. Aquí tienes algunas preguntas para saber qué lecciones sacaron tus hijos de este cuento:

1. ¿Qué ocurrió en el pueblo de Hamelín que ha dejado la gente desesperada?

2. ¿Qué decisión tomaron las personas del pueblo para solucionar el problema?

3. ¿Cuántas monedas de oro ofrecieron los granjeros del pueblo para quién solucionase la plaga de ratones?

4. ¿Cómo el flautista consiguió alejar a los ratones del pueblo y exterminarlos?

5. ¿Qué pasó cuando el flautista fue a reclamar su recompensa?

6. ¿Qué hizo el flautista cuando se enfadó?

7. ¿Qué más te ha gustado de este cuento?

8. ¿Qué has aprendido con este cuento?

Más cuentos que hablan del egoísmo, la codicia y avaricia a los niños

Puedes leer más artículos similares a El flautista de Hamelín. Cuentos infantiles, en la categoría de Cuentos infantiles en Guiainfantil.com.