Raimundo el avariento. Cuento infantil para reflexionar de la codicia

Una fábula corta para que los niños comprendan por qué no hay que ser avaricioso

Marisa Alonso Santamaría

Te proponemos un pequeño juego: pregúntales a tus hijos qué es la avaricia para ellos. Sus respuestas serán seguramente tan sorprendente como espontáneas. Para que entienda qué significa, te hemos traído un cuento infantil que te ayudará a que reflexionen sobre la codicia y sus consecuencias. Este cuento corto para niños se titula 'Raimundo el avariento' y lo hemos acompañado de algunas preguntas de comprensión lectora y otras cuestiones que os harán pensar a toda la familia. ¡Educar en valores es más sencillo si utilizamos los cuentos adecuados!

Cuento infantil para que los niños reflexionen sobre la codicia y avaricia

Un cuento infantil para reflexionar sobre la codicia

Todo el que lo conocía, lo sabía; por eso era conocido como Raimundo el avariento.

Ese día salió como todos los días muy temprano de casa y mirando distraído al suelo encontró un anillo dorado con brillantes. 'Debe valer una fortuna', dijo en alto, frotándose las manos.

—Perdone, buen hombre, ¿no habrá encontrado un anillo por casualidad? —le preguntó un joven cuando apenas había andado diez pasos.

Raimundo escondió rápidamente el anillo en el bolsillo.

—No; no he visto nada. ¿Tenía mucho valor? —preguntó a su vez.

El joven contestó enseguida muy compungido.

—Lo he perdido de camino a casa.

—¿Pero tiene mucho valor? —insistió Raimundo, acariciando el anillo con los dedos dentro de su bolsillo.

—Es de oro y brillantes, es una joya única, pero para mí, más que el valor económico tiene un gran valor sentimental: era la alianza de mi madre —contestó el muchacho.

Raimundo se despidió deseándole suerte y se marchó a su casa corriendo.

Cuando entró a su dormitorio sacó el anillo y lo miró codiciosamente. Intentó ponérselo, pero era demasiado pequeño para sus dedos. Se acostó y poniendo la alianza bajo su almohada se quedó dormido.

A medianoche tuvo un sueño muy extraño, se despertó muy alterado y enseguida miró bajo su almohada; la alianza seguía allí.

Al día siguiente, al salir a la calle pensó llevar el anillo con él pero cambió de opinión por el temor a perderlo. Lo dejó bajo su almohada, y asegurándose de cerrar bien la puerta de casa salió a hacer unas compras.

—¡Disculpe! Ayer perdí una alianza por esta zona, ¿no la habrá visto? —le preguntó el mismo joven del día anterior.

—¡Ya le dije ayer que no! —contestó molesto.

El muchacho le pidió disculpas y siguió buscando.

Raimundo sin poder dejar de pensar en la alianza, y ante la posibilidad de que alguien fuera a robarle regresó nervioso a la casa sin llegar a hacer las compras.

Entró al dormitorio, levantó la almohada y comprobó aliviado que el anillo seguía estando allí.

Pasó todo el día dentro de la casa acariciando el anillo entre sus dedos; no podía dejar de hacerlo.

A la mañana siguiente, se le ocurrió coser un doble bolsillo en la entretela del interior de la chaqueta y lo escondió dentro.

Por el camino volvió a ver al joven buscando el anillo por el suelo; esta vez le reconoció y no le preguntó.

Raimundo siguió su camino y empezó a encontrarse muy cansado; era como si llevara un gran saco de tierra a cuestas, y entonces se dio cuenta: ¡era el anillo lo que pesaba tanto! De vuelta a casa volvió a ver al joven que seguía buscando y preguntando por su alianza por todos lados.

Cuando llegó entró en el dormitorio y volvió a colocar el anillo bajo su almohada. Así pasaron varios días. Durante la noche tenía sueños muy extraños que no lo dejaban descansar; durante el día llevaba el anillo en el bolsillo de la chaqueta y llegaba a casa extenuado por el peso; además todas las mañanas se encontraba con el joven que seguía buscando la alianza de su madre.

Mientras, Raimundo iba adelgazando ostentosamente y ya tenía grandes ojeras. Al séptimo día tuvo un sueño tan extraño y agitado que saltó de la cama y salió del dormitorio sin coger el anillo; al instante empezó a sentirse mejor.

Al entrar de nuevo en la habitación empezó a sentirse nervioso y a darse cuenta de lo que estaba sucediendo. Entró al dormitorio, cogió el anillo, lo puso en el bolsillo de la chaqueta y salió a la calle; ya casi no podía andar de lo que le pesaba.

Cuando llegó al lugar donde lo halló, lo dejó en el suelo y se alejó rápidamente.

—¡Lo encontré, lo encontré! —escuchó las jubilosas voces del joven.

Sin importarle haber perdido una joya tan valiosa, de regreso a casa Raimundo sonrió; la tranquilidad había vuelto a su vida.

Y tras leer este cuento para niños...

Tras leer juntos este cuento, os proponemos que hagáis a los niños una serie de preguntas; algunas de ellas basadas en el cuento para valorar si ha comprendido la historia y otras que os servirán para hablar sobre su opinión y hacerle reflexionar. Estas son algunas de las cuestiones que les puedes plantear.

1. ¿Qué se encontró Raimundo en el suelo?

2. ¿Qué hizo con el anillo?

3. ¿Era valiosa esta joya?

4. ¿Qué le ocurrió poco a poco?

5. ¿Qué es para ti la avaricia?

6. ¿Qué habrías hecho si te hubieras encontrado tú un anillo en el suelo?

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