4 cuentos cortos sobre el respeto para educar en valores a los niños
Estos bonitos cuentos infantiles en vídeo son para que los niños aprendan a respetar a la naturaleza
- Cuentos cortos para niños acerca del respeto - El elefante Bernardo
- Las conejitas que no sabían respetar - Educar en valores a los niños
- El niño y los clavos - Cuentos cortos infantiles para enseñar valores
- Cuento para que los niños aprendan a respetar - Itzelina y los rayos de sol
- Recursos y consejos para inculcar en los niños el valor del respeto
- Más cuentos infantiles de valores para leer a diario con los niños
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Los cuentos infantiles son un gran recurso para educar en valores a nuestros hijos. A partir de las historias (mucho mejor si están protagonizadas por animales porque resultan de lo más atractivas), los niños aprenden de una forma más práctica y divertida qué está bien y qué está mal. Aquí, te proponemos un vídeo en el que podrás ver 4 cuentos cortos sobre el respeto para educar en valores a los niños, que hablan del buen trato a los demás y a la naturaleza.
Cuentos cortos para niños acerca del respeto - El elefante Bernardo

Había, una vez, un elefante que se llamaba Bernardo. A Bernardo, le costaba mucho pensar en los demás y siempre se reía de todos. Un día, jugando, lanzó una piedra que causó una herida a la oreja del burro Cándido. Este se puso a llorar y, mientras que unos niños le curaban la herida, Bernardo solo se reía de él.
Al día siguiente, Bernardo bajó al río y se encontró con dos pequeños ciervos. Para reírse un rato, les empezó a lanzar agua con su trompa y consiguió que el más pequeñito se cayera al río de repente. Bernardo solo seguía riéndose sin ningún respeto hacia los ciervos. Reía a carcajadas.
Sin embargo, al día siguiente, andando por el bosque, Bernardo tropezó con una planta llena de espinas, las cuales se quedaron clavadas a sus patas. Bernardo, desesperado, no llegaba a quitárselas y entonces no tuvo más remedio que pedir ayuda al burro Cándido y al cervatillo que pasaban por allí.
Estos en un principio se negaron a ayudarle por lo que les había hecho los días anteriores. Bernardo se puso a llorar, desconsolado, hasta que un mono sabio acudió en su ayuda a cambio de que cumpliera dos simples promesas: no se reiría de nadie nunca más y si alguien necesitaba ayuda, él se la daría.
El elefantito aceptó las condiciones y el mono le quitó las espinas. Bernardo estaba muy agradecido y lo primero que hizo fue ofrecer disculpas a los ciervos y al burro Cándido. Ellos aceptaron sus disculpas. Desde ese momento, Bernardo aprendió a no reírse de los demás y a ayudarles siempre que lo necesitasen.
Las conejitas que no sabían respetar - Educar en valores a los niños

En lo alto de una montaña, vivían el conejo Serapio y sus nietas, Serafina y Séfora. Serapio era muy bueno y respetuoso, pero sus nietas eran todo lo contrario: se pasaban el día burlándose de los demás animales y faltándoles el respeto. Un día, Serapio se cansó del constante mal comportamiento de sus nietas.
Entonces es propuso un juego: deberían escribir en una libreta la palabra 'Disculpa' cada vez que faltasen el respeto a alguien. Ellas aceptaron y empezaron a escribir la palabra cada vez que ofendían a otra persona. Pronto se dieron cuenta de que sería más fácil respetar a los demás que ir escribiendo.
Serapio, que oyó la conversación, las felicitó por su decisión y les pidió que borrasen todas las palabras que habían escrito. Una vez que las conejitas habían borrado las páginas, se dieron cuenta de que estas no quedaban igual que al principio y su abuelo les dijo que esto era lo que quería que reflexionaran.
Les explicó que justo eso pasaba cuando se faltaba el respeto a alguien: las palabras quedaban en el corazón de los demás y el daño no podía repararse completamente después. Desde ese momento, las conejitas cambiaron su comportamiento y empezaron a respetar y a ayudar a los demás animales.
El niño y los clavos - Cuentos cortos infantiles para enseñar valores

En una pequeña aldea, vivía un niño que tenía muy mal carácter: siempre estaba enfadado con todo el mundo e insultaba por todo y por nada. Para remediar este comportamiento, su padre le dio una bolsa llena de clavos y le pidió que clavase un clavo en la verja de la casa cada vez que se sintiera enfadado.
El niño empezó esta tarea y clavó 37 clavos en un solo día. Al día siguiente, ya solamente clavó 20, bajando significativamente su temperamento; y, al tercer día, clavó únicamente 6. Cada día que pasaba, el pequeño necesitaba clavar menos clavos, lo que quería decir que iba aprendiendo a controlar su mal genio.
Así, llegó el día en el que el niño no tuvo necesidad de clavar ningún clavo y su padre le felicitó por el cambio en su comportamiento. Seguidamente, el papá le pidió que sacase un clavo de la verja cada vez que se sintiera bien. El niño, al sentirse contento, logró quitar todos los clavos de la verja en muy poco tiempo.
Su padre le felicitó, de nuevo, por su progreso. Sin embargo, le hizo prestar atención a los agujeros que habían quedado a lo largo de la verja y le hizo ver que lo mismo pasaba con la gente: una vez que había dicho cosas feas a las personas, aunque pidiera disculpas, siempre quedaban cicatrices en ellas.
El niño entendió las palabras que le decía su padre y, a partir de este instante, el niño se convirtió en una persona muy amable y respetuosa con los demás. Supo, con ese sencillo ejemplo, que no podría reparar por completo sus acciones, ni que eso garantizaría que los demás lo perdonaran, así que debía respetar.
Cuento para que los niños aprendan a respetar - Itzelina y los rayos de sol

Itzelina era una niña muy curiosa a la que le encantaban los rayos de sol. Por ello, se propuso subir a la montaña más alta y cogerlos para quedárselos todos para ella. En el camino, Itzelina se encontró a una ardilla. Le contó sus planes y la ardilla le pidió que dejase unos rayos para que pudiera encontrar alimentos.
Itzelina aceptó y siguió su camino. Luego, Itzelina se encontró con un árbol, al que también le contó lo que iba a hacer. Este le pidió que guardase algunos rayos de sol para que él pudiera seguir creciendo. Itzelina volvió a aceptar y siguió con su camino. Por último, Itzelina se encontró con un gallo.
A él también le contó sus planes. Este le pidió que guardase algunos de los rayos para que él pudiera saber a qué hora debía cantar para despertar a los demás. Itzelina aceptó una vez más y prosiguió con su camino. Al llegar a la montaña, y mientras esperaba a que saliera el sol, Itzelina se puso a pensar.
Entonces se dio cuenta de que no era correcto quedarse con todos los rayos de sol si estos eran tan vitales en la vida de los demás. Así, Itzelina entendió que era una injusticia y dejó de lado su intención: solo se quedó sentada en la montaña disfrutando de los rayos, viendo cómo estos lo llenaban todo de color.
Recursos y consejos para inculcar en los niños el valor del respeto

Enseñar el valor del respeto a los niños es una tarea que comienza en casa y se refuerza en la escuela y en cualquier espacio donde convivan con otras personas. El respeto no se aprende solo con palabras, sino con ejemplos, hábitos y experiencias reales. Cuando un niño crece en un entorno donde se dialoga y se trata bien a los demás, interioriza ese comportamiento como algo natural.
Uno de los recursos más eficaces para enseñar respeto es el ejemplo de los adultos. Los niños observan cómo hablan sus padres, maestros o familiares. Si ven que se pide permiso, se dice 'por favor' y 'gracias', se escucha sin interrumpir y se resuelven los conflictos sin gritos, entenderán que esa es la manera de relacionarse. No sirve exigir respeto si los adultos responden con malas formas.
Otro recurso muy útil son los cuentos cortos infantiles. Existen libros donde los personajes aprenden a respetar sus diferencias, a compartir turnos, a cuidar a los animales o tratar bien a sus amigos. También ayudan mucho las normas claras y coherentes en casa. Por ejemplo: hablar con educación, recoger lo que se usa, no burlarse de nadie, respetar el turno de palabra o cuidar los objetos comunes.
Otro consejo es corregir con firmeza pero sin humillar. Si el niño falta al respeto, hay que señalar la conducta concreta en lugar de etiquetarlo como 'malo' o 'maleducado'. El objetivo es enseñar, no avergonzar. Por último, enseñar respeto implica hablar de diversidad y tolerancia, así como explicar que no todos pensamos igual, lucimos igual o vivimos igual, pero merecemos consideración.
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Bibliografía
- E.E.I. San Fernando (n.d.) Divierte con los cuentos educando en valores. Beas de Segura, Jaén, Junta de Andalucía. Disponible en: https://www.juntadeandalucia.es/averroes/centros-tic/23004604/helvia/sitio/upload/CUENTOS_DE_VALORES.pdf