El Guay visita a Anabel. Cuento infantil sobre la felicidad

Cuentos de fantasía para leer con los niños

Marisa Alonso Santamaría

Los cuentos son muy útiles en la infancia. Los niños no sólo aprenden más vocabulario, también aprenden sobre el entorno y estimulan su imaginación, además les ayuda a detectar emociones y sentimientos a través de las historias que leen.

En el cuento El Guay visita a Anabel, nos encontramos ante los sentimientos que tiene una niña con la llegada de su nuevo hermanito y como, un pequeño duendecillo le ayuda a sentir la felicidad y emoción. Un cuento infantil sobre la felicidad para leer con los niños.

Cuentos infantiles sobre la felicidad: El Guay visita a Anabel

Cuento infantil sobre la felicidad 

Cuando el guay de nariz colorada despertó supo que en casa de Anabel pasaba algo bueno y, fue a visitarla para que le contara el motivo de tanta alegría.

Anabel es una niña de cinco años y hoy se siente muy feliz. Le ha contado al guay que hoy llegan a casa sus papás con Nicolás, su nuevo hermanito. Está deseando conocerle, su abuela Luisa le ha dicho que se parece mucho a ella cuando era pequeñita, tiene la cara redondita y los ojos achinados.

Los primeros días será un poco latoso tener a Nicolás en casa, le ha dicho su mamá, porque su hermanito se pasará casi todo el tiempo durmiendo, llorando y comiendo pero deberá tener paciencia, ya que en poco tiempo, Nicolás crecerá y podrá jugar con él todo lo que quiera y,  además, si lo desea podrá ayudarla a cuidar del bebé y a vigilar su sueño.

Por eso, entre los dos han decidido adornar la casa para dar la bienvenida a su hermanito. Han inflado muchos globos de colores y los han colgado del techo de la habitación y, Anabel entusiasmada, ha escrito con un rotulador azul en la blanca pared con letras muy grandes:

OLA NICOLAS

Cuando por fin ha llegado Nicolás a casa, al verle, Anabel se ha tapado la cara y ha exclamado: ¡Ooooh, qué pequeñito es!

La mamá de Anabel también se ha tapado la cara y ha exclamado: ¡Ooooh!, al ver la pared pintada de la habitación, pero enseguida ha abrazado a la niña muy fuerte. 

El guay, con la nariz hinchada y colorada, como siempre le ocurre cuando se siente muy feliz, se ha despedido de Anabel prometiéndole volver.

Y al caer la noche y venir la luna, el guay se ha dormido como acostumbra, suspendido boca abajo en el aire y muy feliz.