Disciplina positiva - Consecuencias educativas para cada edad de los niños
Una guía práctica para ayudar a los padres a poner límites a los hijos sin recurrir a gritos, castigos o amenazas
- ¿Qué son las consecuencias educativas en la disciplina positiva para niños?
- Tabla orientativa para usar las consecuencias educativas según la edad del niño
- Consecuencias educativas por edad del niño - Ejemplos para cada situación
- Cómo deben ser las consecuencias educativas en los niños para que funcionen
Hablar de disciplina positiva y sus consecuencias educativas para cada edad es hacerlo a través de una guía práctica para ayudar a los padres a poner límites sin recurrir a gritos, castigos o amenazas. La clave está en aplicar consecuencias educativas relacionadas con lo ocurrido, comprensibles para el niño y adaptadas a cada etapa, de manera que pueda asumir responsabilidades, reparar sus errores y aprender a tomar las mejores decisiones.
¿Qué son las consecuencias educativas en la disciplina positiva para niños?

Las consecuencias educativas son respuestas relacionadas con una conducta concreta que ayudan al niño a comprender qué ocurrió y a responsabilizarse de sus actos. Todo ello sin recurrir al miedo, la humillación o el castigo, ya que su objetivo es enseñar, no hacer sufrir: si ensucia, ayuda a limpiar. Para que sean educativas deben ser claras, proporcionales y adaptadas a la edad del niño.
Imagina que tu hijo se pasa el día jugando con la pelota en casa. Por más que le regañas y le dices que no lo haga, que va a romper algo él sigue y sigue... hasta que claro, rompe algo. ¿Qué haces en ese momento? A) Destapas la caja de la ira y explotas en gritos B) Te enfadas y le dices que está castigado C) Le explicas que tendrá que pagar con sus ahorros lo que acaba de romper.
Si eres de los que apuestan por las consecuencias educativas, tu opción correcta sería la C. Él lo rompió, él lo repara. Sin embargo, esto no es tan fácil. Todo depende, de la edad del niño y no todas las consecuencias sirven para todos por igual. ¿De qué servirían en este caso si el niño tiene solo 2 años? Por eso es importante saber cómo utilizar las consecuencias educativas según la edad.
Hay que decir que la disciplina positiva NO busca que el niño 'pague' por equivocarse, sino que comprenda qué ocurrió, repare el daño cuando sea posible y aprenda qué puede hacer la próxima vez de forma distinta. Por eso, una consecuencia educativa funciona mejor cuando está relacionada con la conducta, es proporcional y puede entenderse de acuerdo a la edad del pequeño.
Tabla orientativa para usar las consecuencias educativas según la edad del niño

Las consecuencias educativas apuestan porque el niño intente reparar en la medida de lo posible aquello que hizo mal. Pero también depende de la edad del niño. Los niños más pequeños no entenderían ciertas consecuencias educativas. Por eso, se deben adaptar de esta forma:
- A partir de 3 años: Tiempo fuera
El niño es aún muy pequeño para entender que debe reponer un error. Ni tiene dinero ahorrado para pagar algo que rompió. Pero sí puede reflexionar (con ayuda de sus padres) sobre aquello que hizo mal. Si tu hijo pegó a otro niño, debes apartarle del lugar en donde esté, y dejar durante unos minutos que piense sobre lo que hizo. El tiempo de reflexión también va en función de la edad del niño.
Los expertos recomiendan un minuto por año. Si tu hijo tiene 5 años, serán 5 minutos. El tiempo fuera se considera solo una herramienta puntual, no la consecuencia principal para todas las conductas.
- A partir de 4 años: Pérdida de privilegios
A partir de los 4 años tu hijo comienza a ser consciente de aquello que está mal y lo que está bien, pero intenta constantemente 'saltarse' esas normas o buscar el límite. Si no es capaz de cumplir una norma, perderá una serie de privilegios.
Si por ejemplo tu hijo no te hace caso y no se quiere poner el casco cuando sale a la calle con los patines, no podrá usar los patines más, hasta que al fin se ponga el casco. No hay casco = No hay patines. La pérdida de un privilegio resulta más educativa cuando está relacionada con lo ocurrido porque si no tiene relación con la conducta se parece más a un castigo.

- A partir de 6 años: Reparar el error o el daño causado
El niño comienza a tener conciencia de esta ley: toda acción tiene una reacción. Si comete un error e implica un daño, tendrá que repararlo. Si rompe algo, deberá pagar con su dinero lo que rompió, o buscar la forma de repararlo. Si pegó a un niño, deberá disculparse y comprometerse con él a no hacerlo más.
También puede ayudar a arreglar lo roto, ordenar lo que desordenó, limpiar lo que ensució o buscar una forma concreta de reparar el daño causado a la otra persona. Una disculpa es mucho más útil cuando va acompañada de una acción reparadora y no se obliga de forma automática.
- Para todas las edades: Consecuencias naturales
Por ejemplo, si el niño no es capaz de llevar la ropa sucia al cesto para lavar y se lo pediste muchas veces, no podrá ponerse esa camiseta que tanto le gusta porque no pudiste lavarla. Esa es la consecuencia natural de una acción específica: si no estaba la camiseta en el cesto ¿cómo podría estar limpia para la próxima vez
Siempre que sean seguras, las consecuencias naturales permiten al niño aprender sin que el adulto tenga que añadir un castigo como tal, simplemente es hacerle ver lo que ocurre de forma natural. No deben utilizarse cuando puedan poner en riesgo la salud o la seguridad del niño.
Consecuencias educativas por edad del niño - Ejemplos para cada situación

Las consecuencias funcionan mejor cuando cambian a medida que el niño adquiere más capacidad para comprender las normas, controlar sus impulsos y asumir responsabilidades. Aquí, unos ejemplos que te pueden servir:
De 2 a 3 años: consecuencias inmediatas y sencillas
A esta edad necesitan que el adulto intervenga y les muestre qué hacer en lugar de limitarse a decir 'no'. Si no recoge los juguetes, ayúdale a guardar algunos y explícale: 'Primero guardamos y después sacamos otro juego'. Si pega, detén la acción, separa a los niños y di: 'No pegamos. Las manos son para cuidar'. Cuando se calme, enséñale otra forma de expresar su enfado.
De 4 a 5 años: consecuencias relacionadas con lo ocurrido
Ya comprenden mejor la conexión entre sus decisiones y lo que sucede después. Si no recoge un juguete, entonces puede guardarse temporalmente. Ante la desobediencia, evita las amenazas, se debe dar una instrucción clara y explicar la consecuencia relacionada: 'Cuando estén guardados los juguetes, podemos empezar el cuento', pero sin quitar necesidades básicas.

De 6 a 9 años: reparar y asumir responsabilidades
A esta edad ya pueden participar en la solución. Si dejan los juguetes desordenados, deberán recogerlos antes de comenzar otra actividad. Si pegan o insultan, primero se detiene la conducta, luego se habla de qué ocurrió y se busca la reparación concreta: saber cómo está la otra persona, devolver algo que quitaron o buscar la manera respetuosa de solucionar el conflicto.
De 10 a 12 años: acuerdos y consecuencias anticipadas
Pueden participar en la creación de normas familiares. Si incumplen repetidamente con el horario acordado para videojuegos, el tiempo de uso puede reducirse por un tiempo y revisar juntos qué necesita cambiar. Si no cumple con alguna responsabilidad doméstica, debe completarla antes de acceder a ciertas actividades de ocio relacionadas con su acuerdo familiar.
Adolescentes: responsabilidad y negociación
Con los adolescentes es mejor acordar previamente horarios, responsabilidades y consecuencias. Si incumple con la hora de llegada, la conversación debe concentrarse en recuperar la confianza y revisar sus condiciones de salida de manera temporal: las consecuencias demasiado duras, largas o lejanas al problema suelen generar más conflicto que aprendizaje.
Cómo deben ser las consecuencias educativas en los niños para que funcionen

Los gritos, las amenazas, la humillación o los castigos físicos pueden frenar una conducta en el momento, pero no enseñan por qué debe hacer el niño la próxima vez. La disciplina positiva prioriza reglas claras con atención a las conductas adecuadas y oportunidades para reparar los errores:
- Las consecuencias educativas deben estar pactadas
Puedes hablar con tu hijo y dejarle claro que si hace daño a un amigo, deberá disculparse. Si rompe algo, deberá pagarlo y reponerlo... De esta forma se lo podrás recordar y el niño lo aceptará mucho mejor. Los niños pequeños se deben implicar en los acuerdos para que comprendan qué se espera de ellos. - Deben ser coherentes y siempre debemos estar seguros de que lo hizo él
No hay nada peor para un niño que sentir que le acusan de algo que no cometió, y sentir que además ni sus padres le creen. Lo verá como una injusticia y dejará de creer en los demás. Se volverá un niño desconfiado que está siempre a la defensiva, algo que incluso puede arrastrar en su vida adulta. - Nunca deben ser más severas de lo que el niño hizo
De esa forma, el niño lo vería como una 'pena', un castigo. Deben ser breves y estar relacionadas con la conducta. Cuanto más inmediata y lógica sea la conexión, más fácil será que el niño entienda qué puede aprender de lo sucedido. - Deben ir acompañadas de una explicación
Las consecuencias educativas en sí no les enseña nada más a los niños que 'si lo haces, lo pagas'. El objetivo es que además aprendan valores y normas. Para ello, debes acompañarlas con una explicación o actividades que ayuden al niño a desarrollar valores como el del respeto, la empatía... También enseña la conducta alternativa: si pega cuando se enfada, hay que mostrarle cómo pedir espacio. - Nunca deben ser en público
Las consecuencias educativas deben aplicarse en privado. En público, podría suponer una humillación para un niño.
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Bibliografía
- Durrant, J. E. (2016) La disciplina positiva en la crianza cotidiana. Save the Children (ed.) Suecia, pp. 1-354 Disponible en: https://positivedisciplineeveryday.com/wp-content/uploads/2020/10/4rta-edicion-Libro-DPCC_oct2020_Espanol.pdf