Cuando los niños exageran sus emociones

Qué hacer cuando el niño exagera sus emociones para llamar la atención

Ana Sendino
Ana Sendino Psicóloga

¿A quién no le ha ocurrido que su hijo ha querido algo y al no poder/querer dárselo, han tenido una reacción que no se correspondía con la situación?

Existe un momento, en el que los niños se dan cuenta de que su manera de actuar tiene influencia sobre nosotros. Van tomando consciencia de que hay situaciones que nos hacen ceder con más facilidad o en las que les prestamos más atención. De forma muy intuitiva, exageran sus reacciones para alcanzar lo que demandan. Te decimos qué hacer cuando los niños exageran sus emociones.

Cómo actuar cuando los niños exageran sus emociones

Qué hacer cuando los niños exageran sus emociones

Esta situación no siempre es fácil de manejar, más si no estamos en casa y nos encontramos rodeados de familiares/ amigos o en espacios abiertos como supermercados, autobuses, etc., donde sentimos que la gente nos juzga. ¿Qué se puede hacer en momentos así?

1. Respira hondo. Lo más importante es sentir que controlas la situación. Reaccionar de forma rápida no ayuda. O nos ponemos nerviosos y gritamos a nuestros hijos para no sigan así, o cedemos a cualquier cosa para evitar esas reacciones.

Lo cierto es que ninguna de estas respuestas enseñan nada a los niños. Pedimos que no reaccionen mal, pero somos nosotros los primeros en alterarnos, o cedemos para finalizar ese comportamiento lo antes posible, consiguiendo al final que se mantenga esa conducta en el tiempo, porque aprenden a conseguir las cosas de una forma rápida.

2. Párate a pensar. ¿Qué es lo que te produce más tensión? Nuestros hijos no hacen las cosas por fastidiar o manejarnos. Especialmente en la primera infancia, los niños buscan reafirmarse, sentir que son alguien diferente a sus padres. En ese momento, desafían a los mayores (tú haces esto, yo que soy alguien diferente a ti, hago lo otro). Es un proceso. No siempre hay que entrar en una lucha de poder en la que ganemos para demostrar quién manda. Hay que elegir las batallas, ceder en cosas sin importancia, saber qué otras cosas no queremos dejar pasar.

Puede ser que sientas no controlas la situación. Las obligaciones, la casa, la familia…en ocasiones saltamos ante cosas que no son la raíz del problema. Merece la pena pararnos a pensar qué podemos hacer para poner la realidad poco a poco en orden, para saber dirigir nuestra conducta hacia la dirección adecuada. No siempre es fácil. Pero comenzar a ser consciente, es el primer paso.

A veces también ocurre que nos sentimos juzgados como padres. Cuando te sientas así, intenta pensar que desde fuera todo se ve más fácil. Nadie es consciente de tu situación, de las cosas que están en juego o de cómo te encuentras tú emocionalmente en ese momento. Intenta evadirte, reaccionar como sientes que debes hacerlo y olvidarte de los demás. Cada uno lleva su vida como quiere/puede. Tienes derecho a equivocarte y a decidir en cada momento lo que crees mejor para tu familia.

3. No olvides preguntarte qué te está queriendo decir tu hijo/a con su comportamiento. A veces, las reacciones de los niños están más relacionadas con llamar nuestra atención, que con conseguir algo material. Debemos leer entre líneas, ¿quizás me necesita más estos días?, ¿quizás se siente inseguro por algo?, ¿quizás he estado más ausente?

En ocasiones, darnos cuenta de esto, nos permite acercarnos de otra forma, escuchando lo que realmente el niño necesita, poniendo palabras a lo que creemos que les pasa. A veces la respuesta más simple, es la correcta.