Reacción de los padres ante agresiones físicas o verbales de sus hijos

La importancia de poner límites a los niños tengan la edad que tengan

Úrsula Perona
Úrsula Perona Psicóloga infantil y divulgadora

Los límites ayudan a los niños a establecer un orden en la vida cotidiana para que toda la familia funcione mejor, además, de evitar conflictos y saber qué tipo de comportamientos y actitudes no son tolerables. Hablamos de la importancia de poner límites y reglas a los niños desde que son pequeños y de la aptitud que deben tomar los padres ante las agresiones físicas o verbales de sus hijos.

Por qué es importante y necesario poner límites a los niños tengan la edad que tengan

poner los límites a los niños

Un niño de tan solo dos años de edad puede mostrarse agresivo, pegar o decir palabrotas con el fin de manipularnos para lograr lo que quiere, por ejemplo, que le compremos esas chuches que acaba de ver en el supermercado. Es importante corregir ese tipo de comportamientos desde el principio para que el pequeño pueda comprender cuáles son las conductas inadecuadas y, sobre todo, para que no vaya a más y tenga consecuencias en años sucesivos.

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Alrededor de los dos años se produce un cambio muy interesante en la mente del niño, es lo que los psicólogos llamamos el desarrollo de la teoría de la mente. Esto le da al niño la capacidad de comprender que somos personas ajenas a él, individuos externos que pensamos por nosotros mismos y comprender, a su vez, que tenemos una mente fuera de la suya.

Esto también le da nuevas herramientas como puede ser probar nuestros límites. Y es ahí cuando surgen las temidas rabietas o lo que se conoce como la crisis de los dos años, además de otras conductas que el pequeño usa para tratar de manejarnos y de conseguir lo que quiere.

¿Cómo ponemos ese límite a un niño de dos años? A esa edad, su nivel de comprensión y de lenguaje todavía está muy limitado. Entrar en explicaciones largas sobre por qué no es bueno pegar no conduce a nada. Hay que ser muy concretos y apoyarse en el lenguaje corporal.

El niño, si algo tiene a esa edad, es la capacidad de leer nuestras emociones en nuestros gestos y en nuestro lenguaje no verbal. Por lo tanto, nuestro lenguaje ha de ser firme cuando corrijamos y digamos NO con expresiones como 'eso no se puede hacer' o 'no está bien que pegues ni que digas ese tipo de palabras'.

A veces, encontramos padres que lo hacen de una manera muy laxa y hay una contradicción entre el lenguaje verbal y el mensaje que pretendemos mandar. Si le decimos 'no pegues', pero lo hacemos de igual modo que si decimos, 'vamos a dar un paseo', ¡no vamos a lograr el efecto deseado!

Los límites que pongamos a los niños deben ser claros y concisos según su edad. De este modo, lo que estamos haciendo, además de enseñarles buen comportamiento, es guiarles en la construcción del sistema de valores que queremos transmitirles.

Qué hacer y qué no hacer ante las agresiones físicas o verbales de nuestros hijos

agresiones verbales y físicas de los niños

¿Y qué hacen los niños para tratar de manejarnos y lograr su fin? Pues valerse de agresiones físicas o verbales. Una de las cosas que empiezan a hacer a estas edades, sino antes, es pegar para conseguir lo que desean. Por ejemplo, quiere un juguete pero le hemos dicho que no por este o aquel motivo; es entonces que el niño o la niña se frustra y por eso pega.

Algunos papás y mamás se preguntan si es un poco pronto para corregir estas conductas, por ejemplo, a los dos años. Para empezar, es importante tener claro si es una conducta tolerable para nosotros o no lo es, es decir, si cuadra con nuestros sistema de valores. Personalmente opino que las agresiones físicas o verbales deben considerarse como conductas intolerables y, como tal, las corregiremos desde el principio, da igual la edad que tenga el niño.

Eso sí, las corregiremos de acorde a su edad. No vamos a corregir igual este comportamiento si aparece en un niño de 7 años que si aparece en uno de dos pues, como es lógico, su nivel de comprensión no es el mismo, pero sí que hay que corregir y poner límites. Si el niño no tiene interiorizado el sistema de valores, no sabe si esa conducta es apropiada o no y, por lo tanto, se lo tendremos que enseñar.

Hay una serie de cosas que no debemos hacer los padres ante comportamientos poco apropiados de los hijos pues no conducen a nada, es más, pueden agravar la situación: no hay que castigar, no hay que gritar y no hay que pegar. Sí que hay que ser consecuentes y transmitir de manera clara que este tipo de comportamientos no son los correctos, pero en ningún momento haremos cosas como las anteriores.

El niño, gracias a nuestro ejemplo y los límites que le vamos a poner desde la primera vez que aparezcan ciertos comportamiento poco apropiados, ya sea con dos años o con uno, lo que va hacer es reconocer los comportamientos que no debe hacer a la par que comprende que no tiene permiso para llevarlos a cabo. Si el límite está puesto de manera consistente, es decir, lo ponemos según aparece y cada vez que aparece, tendremos muy buenos resultados. El niño, poco a poco, lo va a interiorizar y dejará de hacerlo.

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