Lo que de verdad esconden los juegos de peleas en la infancia

El juego brusco forma parte del aprendizaje de los niños

Alba Caraballo Folgado

Algunas niñas, aunque principalmente los niños varones, juegan a peleas de forma ocasional o habitual. Es un juego que los padres detestamos y tememos a partes iguales.

Estos juegos de simulación de peleas, en ocasiones pasan a mayores y alguno termina llorando. ¿Cuál debe ser nuestro papel?, ¿debemos parar la pelea o jugar a peleas en la infancia puede tener una parte positiva? Descubriremos que los expertos valoran como buenos para los niños estos juegos bruscos.

¿Es bueno jugar a peleas en la infancia?

Jugar a peleas en la infancia

Mis hijos no suelen pelearse mucho, pero últimamente disfrutan jugando a peleas. Son como oseznos revolcándose unos sobre otros (que son tres), haciendo ruidos de súper batalla, lanzando frases amenazadoras y repartiendo golpes imaginarios. Sin embargo, estos juegos de peleas suelen terminar con uno herido así que tiendo a parar la improvisada "guerra" cuando en esa montaña de brazos y piernas pasa de las risas a los llantos en cuestión de segundos.

Es un juego al que juegan los niños varones desde tiempos remotos: juegos de espadas, de indios y vaqueros, de asaltar el fuerte, de caballeros medievales o guerras espaciales. Pero, ¿qué esconden estos juegos bruscos?

Sobre el juego en la infancia hay múltiples estudios y casi todos resumen que es esencial para el desarrollo físico y mental del niño físico y mental, para la adquisición de habilidades o para la relación con sus iguales pero, esto me lleva a preguntarme si vale cualquier juego o mejor aun, si jugar a peleas en la infancia también es positivo pese a que lleva implícita una palabra negativa: pelear.

Ventajas del juego simbólico para los niños

Cuando juegan a peleas los niños practican el juego simbólico, hacen lo que ven en la vida real, ya sea en series de televisión, en videojuegos, el tebeos de superhéroes o en otros niños. Y el juego simbólico tiene muchos beneficios para los niños, en el caso de jugar a pelear aprenden:

- Aprenden dónde están los límites de las acciones.

- Conocen el lenguaje del cuerpo y de las expresiones faciales.

- Adquieren habilidades de negociación.

- Les ayuda a expresar sus miedos.

- Aprenden a controlarse y a saber hasta dónde pueden llegar: si les observas bien, muchas veces sabrán hasta donde llegar y suelen estar regulándose y controlándose para que la situación no desborde.

- Adquieren habilidades del lenguaje para convencer a contrincante que pare.

- Desarrollan la empatía ya que aprenden que lo que les molesta a ellos no deberían hacerlo a los demás.

- Los niños aprenden a socializar mediante este tipo de juegos.

Puedes pensar, igual que yo, que en el inabarcable mundo del juego, hay otros muchos que son más beneficiosos y menos peligrosos que este, ¿verdad? Seguro que sí, sin embargo, la investigación sobre el juego llevada a cabo por el experto y pionero en este tipo de estudios, Stuart Brown, afirma después de estudiar la infancia y perfil psicológico de cientos de criminales, que había una constante en estas personas: la falta de juego libre en la infancia, en concreto de juego brusco.

Otras voces apuntan a lo mismo, Joe Frost, profesor de la Universidad de Texas y experto en entornos de juego, afirma que el juego brusco aporta una base necesaria para desarrollar habilidades sociales en la infancia.

Asimismo, Anthony Pellegrini, de la Universidad de Minnesotta publicó un artículo que afirmaba que, cuanto más alborotaban los niños varones en la escuela elemental, mejor puntuaban en los test de resolución de problemas sociales.

Qué hacer si los juegos de peleas van demasiado lejos

Aunque los niños adquieran ciertas habilidades con estos juegos de peleas, no dejan de ser niños y, en ocasiones, la pelea puede pasar de ser un juego a ser algo más serio. Pueden terminar con arañazos, cortes, moretones o golpes fuertes.

Al fin y al cabo juegan a pelear, lanzan puños, codos, patadas, mordiscos... En ocasiones, cuanto más pequeños son los niños menos se autocontrolan y, cuando más mayores, más fuerte pueden golpear en un descuido. Por lo tanto, ¿cuál debe ser nuestra actitud ante este juego de peleas?

Yo creo que lo primero es valorar hasta que punto es un juego simbólico en el que se están divirtiendo y en qué momento entra en juego la agresión o la agresividad, en cuyo caso, debemos pararlo de inmediato. Si alguno sale magullado, debemos valorar si hubo intención de herir o no existió intención real de dañar.

Después de saber esto, igual que yo, es posible que te plantees que, mientras el juego no pase a mayores, tus hijos están haciendo lo que mejor saben hacer: jugar.