Cómo ayudar a los niños a superar el miedo a competir

Qué causa el miedo a competir en algunos niños

Borja Quicios
Borja Quicios Psicólogo educativo

Vivimos en una sociedad que, generalmente, basa la cultura del éxito en la competitividad dejando de lado la cooperación y la empatía. 

A los niños se les enseña a competir desde muy pequeños. El rendimiento individual es el que se premia o se castiga. Esta y otras circunstancias hacen que en ocasiones surja el miedo de los niños a competir

Por qué se educa para competir y los errores que se cometen

el miedo a competir en la infacia

Aunque hoy en día podemos elegir entre diversas metodologías de educación, aún sigue muy vigente aquella en la que el rendimiento y el progreso individual es el que puntúa y se premia. De este modo, se enseña a los niños desde muy pequeños que lo que más vale es competir. Como ejemplo solo tenemos que mirar la forma de calificar en el colegio, donde aunque el trabajo se “maquille” trabajando en grupo, colaborando o cooperando para multiplicar el talento de los niños al final se acaba evaluando de manera individual como antiguamente.

No tiene por qué ser “malo” que los adultos eduquen en la competición a sus hijos. La competencia bien entendida enseña valores y lecciones valiosas acerca de la deportividad y el trabajo en equipo. El problema es que muchas veces al educar al niño, los adultos se desvían de esa competición sana. Esto se puede dar por diversas razones:

- La comparación con otros. Los padres buscan que sus hijos sean felices y estén preparados para el futuro. Esto hace que sean los propios adultos los que experimenten miedo e inseguridad por lo que les rodea y encuentran respuestas en la comparación con otros. Así, sin querer, se educa a los niños con una baja tolerancia a la frustración y con el miedo de no ser mejores que los demás. Esto hace que de forma implícita una presión hacia el niño para que sea el mejor que le afecta de manera negativa provocándoles inseguridad y baja su autoestima.

- La manera de calificar. La relevancia que se da a las calificaciones y los resultados hace que muchos padres se vuelquen en la educación de sus hijos y lo hacen fijándose más en el fin demandado por la colectividad y el entorno que los rodea (la sociedad) más que en los procesos. Este tipo de educación competitiva, basada en el resultado y no en el aprendizaje, trae consigo el daño de la autoestima del pequeño y la rivalidad con otros niños con lo que se fomenta el miedo a no poder ser el mejor entre otra cosas como el acoso escolar.

- Las metas de los adultos. Muchos padres dejan de lado sin darse cuenta el ritmo natural de desarrollo de los niños y les exigen mucho para llegar a ciertos objetivos. Esas aspiraciones, en realidad, son las metas de los padres las que se reflejan en los logros a alcanzar por los hijos. Algo que a la larga genera insatisfacción, ya que muchos niños no están preparados para cumplir con lo que les piden.

- Cuando las expectativas son altas. Cuando las expectativas de los padres son altas el niño crece sintiéndose “poca cosa” para ellos que esperan que sea “el mejor” en todo lo que haga. Esto le creará al niño una tensión interna, sensación de fracaso y miedo.

Qué hacer para ayudar a los niños con miedo a competir

Los niños necesitan de los adultos para entender lo que significa una competición sana y así no tener miedos. Para ello, los padres deben:

- Ser ejemplo. Los niños aprenden lo que ven y escuchan a partir de la imitación. Así, del mismo modo que encaren las oportunidades de competir los adultos lo hará los hijos.

- No comparar. Hay que tener claro que cada niño madura a su manera y será un error comparar a unos niños con otros.

- Hacerlo lo mejor posible. Los padres deben entender la educación como una búsqueda de procesos de aprendizaje que le den al niño unas herramientas para desenvolverse en el futuro y no se focalicen en el mero resultado.

- No a la sobreprotección. Los padres deben evitar errores como sobreproteger a sus hijos. Así, descubrirán por ellos mismo las herramientas necesarias para encarar las dificultades sin miedos.

- El esfuerzo. Los padres no se deben centrar en el hecho de si el niño gana o pierde. Solo han de fijarse en el esfuerzo que demuestra para conseguir el mejor resultado.