¡Este niño es un peligro!

Un andaluz diría con su gracejo característico: 'Niño, tienes más peligro que McGiver en una ferretería'. Efectivamente, hay un tipo de niños que tienen un carácter asombrosamente aventurero, una desbordante inquietud por la experimentación de nuevas situaciones de peligro, aún a riesgo de lesionarse. ¡Nada les detiene! Ni las continuas recomendaciones de sus padres ni el instinto de conservación.

Los niños temerarios son fácilmente reconocibles: ¿tu pequeño parece que no tiene miedo a nada y se atreve con todo, sin dudarlo?, ¿es capaz de sacar de un juguete, aparentemente inofensivo, un arma peligrosa?, ¿está fichado en las urgencias del hospital como un usuario habitual?, ¿posees una hermosa colección de sus radiografías?, ¿tira piedras hacia arriba y espera que el efecto de la gravedad las haga caer sobre su cabeza?..., si la respuesta es sí, sin duda tu hijo forma parte de este gran grupo de honor.

Travesuras de los niños

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Aunque la mayoría de los bebés cuando tienen ya cierta autonomía cumplen los requisitos para ser denominados 'peligrosos' por la falta de conciencia de las consecuencias que le pueden acarrear sus pequeñas travesuras, en su mayoría acaban mostrando algún atisbo de sensatez y precaución, normalmente a partir de los dos o tres años.

Desde esta edad, existen un tipo de almas curiosas e inquietas que actúan de una manera impulsiva y temeraria, lo cual puede traerles graves consecuencias a ellos y serios disgustos a sus padres. Pienso que no se trata de niños que tengan una mala intención o sean excesivamente traviesos, se trata más bien de una personalidad aventurera a la que todavía no acompaña ni la habilidad corporal que responda a sus ambiciones, ni la madurez mental que las controle.

En tales casos, los padres debemos hacerles ver el peligro y las consecuencias de sus imprudencias, más que a corregir lo que podemos pensar que es una maldad inadmisible. Es probable que con el tiempo se conviertan en jóvenes o adultos tranquilos, o al menos sensatos; aunque a su infancia tendrán que sobrevivir tanto ellos como sus padres cardíacos.

Patro Gabaldón