El perro del establo
El perro del establo. Cuentos infantiles

Luego, sin mucha prisa, salían calmadas como haciendo favores, y pasito a paso iban a comer. El perro brincaba mostrando el camino, corriendo, ladrando, y diciendo a las vacas por donde llegar al gran pastizal. "Por aquí señoras! Por aquí!". " Vamos, apúrense que ya es hora de llegar", ladraba el perrito, "Señoras en fila para cruzar el riachuelo". Las vacas miraban al perro con ojos de burla "Nosotras somos importantes, somos las vacas, damos leche a nuestro amo así que nosotras marcamos el paso, no este perro tonto que esta hecho de saltos, carreras y no da nada al amo".
Todos los días era lo mismo, las vacas miraban al perro desde lo alto, mientras el perro trataba de ordenarlas a su paso entre carreras, ladridos y animados saltos. Una noche, al llegar al establo, el perro agotado se echó al costado y escucho a las vacas burlarse de su trabajo, "Ese perro inútil cree que nos lleva y no sabe que nosotras lo llevamos hasta nuestro pasto ja, ja, ja ". Se reían haciendo escándalo "Quien necesita a ese perro flaco?" Esa noche, el perro se durmió llorando.
Al amanecer el perro decidió no seguir pastando a aquellas vacas vanidosas y se fue en busca de otros animales más agradecidos que reconocieran su trabajo. Cuando fue la hora de salir al pasto las vacas meneaban sus rabos esperando que llegara el perro flaco brincando y ladrando para salir de nuevo al campo, pero no escucharon ladridos ni vieron saltos. Solo se escuchaba al amo llamando "¡Tarzán!, ¡Tarzán!!! Donde estas?" Pasó la mañana y sus grandes estómagos comenzaron a rugir. Las vacas esperaban ya poder salir, pero vieron luego que el amo molesto sólo les traía heno. "Y que ha pasado de nuestro paseo?", decían las vacas mientras comían rumiando, "Es que el perro inútil se olvidó de nosotras que somos importantes, por seguir durmiendo?" y así las vacas pasaron el día burlándose, riéndose y criticando al perro.

Pasó un día más y las vacas ya cansadas se resignaron a su encierro. Fue al no salir al campo y mugir su aburrimiento, cuando de pronto una de las vacas dijo con gran suspiro: "Extraño al perro", "Sí, yo extraño sus ladridos", " y yo sus saltos de contento", "y yo extraño el que nos pasee dando ordenes como de sargento", "ah! pero era bueno el perro, nos sacaba temprano sin importarle el frío, calor o la lluvia de invierno", " Sí, siempre pensó en nosotras y en nuestro alimento, en conseguirnos pasto y del más tierno". Y en ese tercer día las vacas entristecieron y no dieron leche pues de tristeza casi no comieron.
El jilguero del roble que crecía al costado del establo oyó los lamentos de las vacas tristes y fue a buscar al perro. Voló todo el día buscando y buscando y al final de la tarde encontró al perro, echado al costado de un hormiguero con el hocico picado y con cara triste. "Al fin te encuentro perro. Te he estado buscando por todo el campo" dijo el jilguero. "¿Para que me buscabas?, preguntó el perro". "Para que vuelvas al establo" respondió el jilguero. "¡Allí no me necesitan!", respondió el perro. "Esas vacas vanidosas no me quieren ni respetan, y yo no quiero eso, por eso me fui a buscar otros rebaños. Fui donde las abejas, me picaron, y ni caso me hicieron, siguieron volando a las flores que quisieron; fui donde los patos, traté de dirigirlos en el agua pero nadar es demasiado cansado para un perro; fui luego donde unos gusanos que encontré en un árbol, pero caminaban muy lento, y por más que yo ladrara, al día siguiente eran mariposas, salieron, volaron, y se fueron muy lejos. Ahora estoy aquí tratando de decirles a estas hormigas donde ir, pero pasaron sin mirarme, les ladre, les brinqué y solo esquivaron mi pata y siguieron adelante".
"Por eso debes regresar" dijo el jilguero, "las vacas están tristes, ya ni leche pueden dar desde que te fuiste", "ayer las escuché decir que te extrañaban y que si tu regresabas nunca más de ti se burlarían". "¿Eso dijeron?" se alegró el perro, y partió rumbo al establo, ladró y brincó, sin dejar de mover el rabo.
A la mañana siguiente las vacas escucharon los ladridos sonoros, se arreglaron temprano para salir al pasto, y el perro contento las llevó ladrando diciendo "Señoras, buen día, nos vamos al campo", se hicieron amigos y nunca más pelearon. Y el jilguero tranquilo pudo dormir sin burlas, sin culpas ni quejas en el roble al costado del establo.
Cuento enviado por Patricia Gallegos Tejada (Perú)
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Comentarios
yadira menjivar enero 26, 2012 09:37
esta lindo este cuento por q me ensena a que no sabemos valorar a los demas pero si reflexionamos o valoramos cuando ya no los tenemos y a veces es demciado tarde cuando nos damos cuenta.
Maria Jose noviembre 13, 2011 19:04
Me gustó mucho tu cuento, gracias!!!, me llamo Maria José, tengo 5 años, mi mamá encontró este cuento y me lo leyó. Muchas gracias por escribirlo, habría sido genial si además tuviera ilustraciones.
nerfa octubre 25, 2011 17:54
no me gusto es muy aburrido
evelin paez agosto 30, 2011 08:18
que lindo cuento de el perro del establo
anap agosto 27, 2011 16:31
que lindo
joseraulrodriguez julio 15, 2011 16:54
Quiero felicitarte por el cuento, soy trabajador de la cultura en El Salvador y me ha ayudado mucho en actividades educativas con niños y niñas de 4 a 6 años, trabajando también con los padres y madres de los niños/as
Wosbely agosto 25, 2009 17:23
Lindo cuento, me gustó. Felicitaciones a la escritora.
Cada día le cuento un cuento a mi hijo de 5 años y medio mientras lo llevo al colegio.
Mañana será este.
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