Traumas más comunes en la infancia - Guía práctica para padres

¿Qué conductas pueden provocar un trauma a un niño? Te contamos cómo identificarlas

Fabiola Hernández Pérez, Periodista y editora
Revisado por Borja Quicios, Psicólogo educativo
En este artículo
  1. Traumas más comunes en la infancia - Heridas emocionales que permanecen 
  2. Experiencias traumáticas en los niños y sus repercusiones en la adultez
  3. ¿Cuáles son los síntomas o señales frecuentes de un trauma en niños?

A lo largo de la infancia el niño va configurando su personalidad a partir de las experiencias que va viviendo. En esa evolución, las emociones positivas y negativas van guiando al niño hacia la adultez y la identidad.En ese camino el niño puede vivir ciertos traumas o acontecimientos que vayan definiendo su personalidad. Te contamos cuáles son los traumas más comunes en la infancia en una guía práctica para padres.

Traumas más comunes en la infancia - Heridas emocionales que permanecen 

Traumas comunes en la infancia

Un trauma infantil es una experiencia dolorosa o estresante que supera la capacidad del niño para afrontarla. Puede dejar una herida emocional y secuelas psicológicas como ansiedad, tristeza persistente, baja autoestima, problemas de conducta o dificultades para regular las emociones, que pueden manifestarse en la infancia o aparecer en la adolescencia o adultez.

En muchos casos, el acompañamiento profesional ayuda a procesar el evento, reducir los síntomas y favorecer la recuperación del pequeño. La infancia es una etapa de la vida intensa y en la que somos más vulnerables: es un periodo en el que los niños están aprendiendo y adquiriendo las capacidades y las herramientas necesarias para una vida futura.

Este aprendizaje se basa en el establecimiento de un vínculo fuerte entre los niños y sus cuidadores que sirven de guías y ejemplo; siendo los pilares fundamentales para que a través de experiencias, los niños se desarrollen con seguridad y autonomía Cuando los padres tratan de facilitar estas herramientas y capacidades a los niños el papel de las emociones es fundamental. 

Cuando las emociones negativas se dan de manera muy intensa, o la mayoría de las que se dan son de carácter negativo es probable que los niños vivan situaciones llamadas de 'estrés precoz' que les harán perder el rumbo en su desarrollo y madurez. Con esta pérdida de rumbo es como aparecen los traumas y en la infancia esas emociones negativas sí afectan el futuro del niño.

Experiencias traumáticas en los niños y sus repercusiones en la adultez

Efectos de los traumas en los niños

Es importante mencionar que no todas las experiencias difíciles en la infancia generan trauma, la diferencia suele estar en la intensidad, la duración, la edad del pequeño, el apoyo disponible y si se siente seguro. Dos niños pueden vivir algo parecido y reaccionar distinto, por ejemplo. Sin embargo, sí podemos mencionar sucesos que pueden generar un trauma específico en los niños:

- Miedo al rechazo
Cuando el niño cumple 2 años de edad se ve como una persona independiente de sus padres. Cuando esto ocurre, el niño comienza a buscar la aceptación de las figuras que son importantes para él. Si la emoción que aparece en esta acción es negativa, es decir, las personas en las que busca seguridad le rechazan se creará una herida emocional que provocará un trauma que generará baja autoestima. En el futuro tendrá un miedo continuo al fracaso y la necesidad de la aprobación de los demás en lo que hace.

- La traición
Es algo que sucede bastante. Muchos padres hacen promesas que luego no se cumplen y esto es algo que lo niños ven como una traición y no perdonan. Esta acción genera en el niño la idea de no poder fiarse de nadie. Cuando ocurre con asiduidad el niño aprende a aislarse y sentirse solo. En el futuro estos niños se comportarán de manera fría y no dejan acercarse a los demás ni comparten su intimidad.

- Miedo al abandono
La ausencia de las figuras de apego en la infancia crea una sensación de abandono en el niño que les hace inseguros y personas dependientes de otras a futuro. Es una de las causas de depresión en adultos.

- La humillación
Está  relacionada con el rechazo. Este trauma aparece cuando el niño siente que le desaprueban y critican. Por ejemplo, al decirles que son torpes, son malos, son pesados o contando sus problemas a todo el mundo. Esto destruye su autoestima y genera que el niño desarrolle una personalidad dependiente en el futuro, o por el contrario, genera un comportamiento agresivo.

Además de estos, existen otros traumas que también afectan a los pequeños:

  • Abuso físico, emocional o sexual
  • Negligencia (falta de cuidado, supervisión, afecto o necesidades básicas)
  • Violencia intrafamiliar o de pareja en casa (aunque el niño 'solo escuche')
  • Acoso escolar (bullying) y humillación sostenida
  • Desastres naturales, incendios, robos, experiencias de inseguridad
  • Migración forzada, desplazamiento, cambios continuos de casa o escuela
  • Consumo de sustancias o enfermedad mental grave en el hogar

¿Cuáles son los síntomas o señales frecuentes de un trauma en niños?

Síntomas de trauma en los niños

Los traumas pueden 'pasar' de una generación a otra no porque sean inevitables, sino porque se transmiten patrones aprendidos como el miedo constante, gritos, silencios, hipercontrol, sobreprotección o normalización de la violencia. También influyen los duelos, la depresión y ansiedad, y las relaciones de pareja conflictivas. Ante ellos, se presentan algunas señales de trauma en niños:

  • Emocionales: ansiedad, tristeza, irritabilidad, miedo, culpa, vergüenza, apagamiento emocional.
  • Conductuales: rabietas explosivas, agresividad, oposición, aislamiento, conductas regresivas, mentiras por miedo.
  • Cognitivos y escolares: dificultad para concentrarse, bajada de rendimiento, olvidos, estar 'en las nubes'.
  • Físicos: dolores de barriga o cabeza sin causa médica, cambios de sueño, pesadillas, cansancio.
  • Relacionales: dificultad para confiar, apego ansioso o evitativo, miedo a separarse.

Para ayudar a los niños a superar traumas, lo primero es garantizar seguridad y calma, es decir, que el niño esté fuera de peligro y reducir la exposición a lo que lo activa (personas, lugares o situaciones). Acompáñalo con validación sin presión y evita interrogatorios: funcionan mejor preguntas cortas. También ayudan las rutinas porque el cerebro se tranquiliza si sabe qué esperar.

Además, cuida el lenguaje que usas y evita frases que minimizan porque invalidan y aumentan la sensación de soledad. Si notas que los síntomas son intensos, se sostienen por semanas o interfieren con su vida diaria, busca apoyo profesional y terapias, como la cognitivo-conductual centrada en el trauma, que ayuda a procesar la experiencia y a recuperar la seguridad emocional.

 

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