Cómo ayudar al niño a superar un trauma

Por qué puede padecer el niño un trauma y cómo ayudarle

Borja Quicios
Borja Quicios Psicólogo educativo

La situaciones negativas que implican un trauma alteran el modo vivir de cualquier persona. Si estas situaciones traumáticas las vivimos al ser niños se puede ver afectado nuestro desarrollo de la personalidad y nuestros procesos cognitivos. Cuando somos pequeños somos más vulnerables porque no disponemos de las estrategias que posee un adulto para enfrentar problemas y no tenemos la capacidad necesaria para manejar y expresar las emociones.

Por tanto, cuando una experiencia traumática ocurra en la infancia afectará a la formación de la personalidad del niño calando muy hondo y acompañándole a lo largo de toda su vida. ¿Podemos hacer algo los padres?, ¿Cómo ayudar al niño a superar un trauma?

Causas de la aparición de algún trauma infantil

Cómo podemos los padres ayudar al niño a superar un trauma

Cuando un acontecimiento altera la rutina del niño puede llegar a convertirse en una experiencia negativa y de gran impacto emocional ya que cuando los hábitos diarios de los más pequeños se alteran para ellos es como si todo los que conocen dejara de tener sentido.

Las situaciones que pueden dar lugar a traumas pueden ser, por ejemplo: la separación o el divorcio de los padres, vivir en un entorno inseguro como dentro de una familia donde se viva el maltrato, enfermedades, etc.

Este tipo de experiencias les crean un estrés elevado e inseguridades. Y puede ser debido a diversas razones como:

- No estar preparado para vivir la situación que se le presenta, ya sea porque no es el momento, o porque está viviendo otro tipo de situaciones que le crean problemas a la vez.

- Tener la sensación de no poder enfrentar la situación y sentirse débil. Siente que todo le supera.

- Ha sufrido una amenaza de alguien y no se siente ni seguro, ni protegido.

Qué síntomas indican que el niño puede padecer un trauma

Es muy probable que a lo largo de su infancia los padres vean que sus hijos se comportan de tal forma que entienden. Si esta manera de actuar de los hijos dura poco tiempo no hay que darle tanta importancia. El problema aparece si se repite y se dan varios de los siguientes síntomas con frecuencia. En este caso habría que buscar la ayuda de un profesional si: 

- Está triste y sin ganas de nada.

- Se muestra ansioso y con nervios.

- Tiene dificultades de concentración.

- Cambios continuos de humor e irritabilidad.

- El niño tiene pesadillas o dificultades en el sueño.

- Vive con miedo continuo

Cómo podemos ayudar al niño a superar un trauma

Puede pasar que a los que los adultos les parece una situación traumática no lo sea y que la reacción del niño ante la situación que vive sea desproporcionada. Hay que tener en cuenta que los niños entienden su entorno de manera diferente a los mayores y que lo más importante es que los adultos que acompañan a los niños en su desarrollo sepan validar las emociones de los niños aunque estas no parezcan lógicas, porque sí son reales.

Es cierto que muchas veces los niños no saben expresar lo que les ocurre, no saben cómo pedir ayuda. Por tanto, es conveniente estar pendiente y facilitar en la medida de lo posible que el entorno sea lo más cómodo para el niño y que pueda expresarse. Cosas que podemos hacer para ayudar al niño a superar un trauma: 

- Servir de ejemplo. Los niños aprenden por observación e imitación a enfrentarse a cosas. Los padres son el principal modelo y pueden crear situaciones en las que el niño observe conductas o estrategias para enfrentarse a un problema.

- Valorar las habilidades positivas y los logros de los más pequeños. El niño irá ganando en seguridad y se podrá ir combatiendo el miedo al rechazo que es uno de los traumas más comunes que se dan desde la infancia.

- Es importante que el niño se sienta querido y escuchado. Es fundamental que el entorno del niño trabaje en un buen vínculo de apego. Gracias a ello se podrá combatir otro trauma muy común que es el miedo al abandono.

- Enseñar al niño a perdonar, a estar seguro de sí mismo. Gracias a ello, el rencor queda apartado de la vida del niño y no habrá razón para que el niño desarrolle mecanismos de defensa que le impidan relacionarse con los demás.